Antonio Camarasaltas (Turbomaster): “Algunos talleres piensan que somos idiotas”

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Antonio Camarasaltas, director general de Turbomaster -distribuidor de Garrett en España-, denuncia que la normativa de las garantías les está obligando a afrontar numerosas devoluciones aunque el producto original no presente ningún defecto de fabricación: “¿Creen que somos idiotas?”, protesta. Turbomaster publicó una circular el pasado mes de mayo en la que se explicaban los motivos de las averías más frecuentes dentro del plazo de garantía con las que se estaban encontrando. Entre álabes deteriorados y ejes azulados o arañados, el 90% de las reclamaciones se explicaban por negligencias en el montaje, uso de aceites inadecuados o incorrecta refrigeración.

La relación entre los talleres y sus proveedores es, casi por definición, desigual y complicada. La lucha por conseguir el mejor producto y servicio a menudo se da de bruces con la necesidad de aquilatar unos precios para conseguir unos márgenes razonables que den sentido y rentabilidad a sus respectivos negocios. Como norma general, podría decirse que los gerentes, especialmente los más previsores, están aplicando fórmulas lógicas para mantener la solvencia de sus empresas, como la optimización de recursos, recorte de gastos innecesarios o, los más emprendedores, inversiones estratégicas.

Pero también están los que tienen otras actitudes menos, llamémoslas caballerescas. Y, como suele ocurrir, consiguen que hechos puntuales se perciban como una generalidad dentro de un sector que siempre ha tenido que competir contra la sensación de que el taller independiente es menos profesional que el que depende de una marca.

Desde Turbomaster, distribuidor de Garrett (Honeywell) en España, denuncian que la normativa de las garantías les está obligando a afrontar numerosas devoluciones aunque el producto original no presente ningún defecto de fabricación. Algunas de las anécdotas son tan inverosímiles que rozan el surrealismo, como los casos -varios- en los que se les ha devuelto un turbo al día siguiente de haberlo enviado. La caja era la misma pero la pieza, en cambio, sufría el desgaste propio de una vida de muchos miles de kilómetros recorridos. “¿Creen que somos idiotas?”, protesta Camarasaltas con un indisimulado gesto de indignación, consciente de que es difícil atajar un problema que, en casos menos severos, les obliga a discutir por culpa de devoluciones a lo “El Corte Inglés”.

El responsable de la empresa importadora de los turbos Garrett y Holset, además, tiene claro que la problemática va más allá de unos cuantos intentos de estafa. De hecho, advierte: “Cuando un taller envía a un fabricante un componente usado pensando que limpiándolo lo hará pasar por nuevo, demuestra un gran desconocimiento del producto con el que está trabajando”. Turbomaster publicó una circular el pasado mes de mayo en la que se explicaban los motivos de las averías más frecuentes dentro del plazo de garantía con las que se estaban encontrando. Entre álabes deteriorados y ejes azulados o arañados, el 90% de las reclamaciones se explicaban por negligencias en el montaje, uso de aceites inadecuados o incorrecta refrigeración.

A vueltas con la cadena de distribución
El problema, en cualquier caso, no es exclusivo del reparador, que normalmente sí demuestra capacidad para sustituir con garantías una pieza de alta precisión como es el turbo. Las variantes actuales de este componente, que con la llegada de los motores diésel de inyección directa ha visto incrementada su presencia de forma exponencial en la última década, han sido concebidas para funcionar con aceites de baja viscosidad, de grado SAE 5W o inferior. Estos lubricantes, ideales para reducir los consumos, exigen sin embargo un mecanizado muy preciso de los componentes del motor: “Lógicamente también del turbo, que cuenta con orificios de lubricación mucho más pequeños que antiguamente”.

Esto hace incompatible el uso de aceites grado SAE 10W, más densos e incapaces de llegar a las partes móviles más críticas de un propulsor moderno, y es un detalle que, según Camarasaltas, “en determinados centros de reparación no se tiene en cuenta”. El directivo tiene en mente sobre todo los centros de mecánica rápida, a los que distingue por hacer del precio su rasgo diferencial y que pueden vender al usuario un cambio de aceite más barato pero que no respeta las especificaciones del fabricante y, por consiguiente, puede ser causante de graves averías.

En cualquier caso, si difícil es cambiar las actitudes de algunos talleres, a los que Turbomaster ofrece regularmente cursos de formación, más complicado aún es llegar al usuario final. Por eso pide que el reparador haga hincapié en una serie de recomendaciones a la hora de devolver el vehículo ya que, cuando el turbo vuelve a fallar, “la protesta no suele ir contra la empresa que ha cambiado el aceite, sino contra el que ha montado el componente”. Por ese motivo, y para salvaguardar los derechos del profesional, en la misma circular publicada hace unos meses Turbomaster incluyó una hoja personalizable, que el taller debería hacer firmar al cliente, y que sirve de explicación escrita de la reparación realizada y de las consecuencias de un mal mantenimiento y uso del vehículo.

Elring

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