Nombrar Auteide es referirse a la distribución de recambios en Canarias. Es la figura de José Luis Tranche y su media melena blanca característica paseando por una feria y parándose sólo cuando encuentra algo o alguien interesante. Es la discreción con la que su hijo Bruno sitúa el negocio en el centro de su acción. Es aludir al socio de AD Parts más alejado de la central, geográficamente hablando. Pero sobre todo es una historia de las que gusta conocer, con numerosos matices y algunas singularidades que definen ya no sólo lo que es la empresa hoy (14 puntos de venta repartidos por as siete islas, más de trescientos empleados), sino especialmente a esa familia de origen palentino, los Tranche, que un día decidió echar raíces en Canarias.

Porque José Luis Tranche nació, hace 75 años, en Palencia, sí, y allí se casó. Y llegó incluso a nacer su hijo Bruno. Pero Gran Canaria había sido su destino en el viaje de novios… y cuando por circunstancias personales se pensó que había llegado el momento de emigrar de tierras castellanas, regresaron a donde ya habían sido felices. Primero José Luis, el marido: “Había sido comercial en la península de empresas de recambio, y como siempre ha tenido iniciativa, ha sido muy emprendedor, le planteó a mi madre la posibilidad… y se adelantó para buscar la ubicación, el local…”, cuenta Bruno Tranche, ‘canario’ desde los dos años, que son con los que llegó a las islas.

Con él habíamos cerrado la cita, una vez que su padre, que se uniría más tarde, nos llamara para aceptar nuestra propuesta para la realización de este reportaje: “Como se puede comprobar nunca hemos salido en ningún medio, pero le comenté la propuesta de AUTOPOS a Manolo Jiménez Maña (socio andaluz de AD Parts), que es más mediático, y me dijo ‘¿y por qué no? Mal no te va a hacer”.

Y en Las Palmas habíamos quedado, en una dirección a la que llegaríamos en coche de alquiler. Y esa fue la primera sorpresa, muy significativa, porque el Google Maps nos conducía prácticamente al centro histórico de la ciudad insular, a una estrecha calle en la que debían de estar las instalaciones centrales de un importante distribuidor, cuando era
evidente que allí no cabía un gran almacén de recambios que las albergara.

El Google Maps nos conducía prácticamente al centro histórico de Las Palmas, y el número de la calle se correspondía con el de un edificio señorial de principios del siglo XX, evidentemente rehabilitado, sin más identificación que una pequeña placa dorada junto a la puerta de entrada… Nada que ver con cualquier central de un distribuidor de recambios de las visitadas hasta entonces. Ya había algo diferente que contar.

UNA CENTRAL SINGULAR

Y es que Auteide es sin duda un distribuidor de recambios singular, que empezaba definiéndose con la rareza de no tener sus oficinas centrales ligadas a la tarjeta de presentación que siempre supone una nave, más o menos lustrosa, con el nombre de la empresa en un rótulo luminoso sobresaliendo en la fachada.

En su ausencia, el número de la calle se correspondía con el de un edificio señorial de principios del siglo XX, evidentemente rehabilitado, sin más identificación que una pequeña placa dorada junto a la puerta de entrada… Nada que ver con cualquier central de un distribuidor de recambios de las visitadas hasta entonces. Ya había algo diferente que contar: “Igual hubiera sido más lógico tener la sede en uno de los puntos de venta, pero veíamos grandes empresas con la central al margen de su negocio, los bancos por ejemplo, y pensamos que por qué no podía funcionar tener aparte dirección, contabilidad, compras, informática… con el valor añadido de que estaba muy cerca de casa, dato importante a tener en cuenta”.

Y cuando Bruno Tranche acudió a nuestro encuentro además nos explicó que se trataba de dos edificios contiguos, uno que adquirieron primero, antigua pensión, ya con la idea de ubicar sus oficinas, y rehabilitada completamente, y un segundo, en pleno uso cuando lo compraron, que justo se puso a la venta cuando estaban en obras en el primero y ya eran conscientes de que iba a ser insuficiente.

Finalmente, 320 metros por planta para un total de más de 600 metros de oficinas.
Pero aún no habíamos visto nada, descubriendo con la visita de rigor un espacio realmente singular: a través de una luminosa escalera accedíamos a la planta donde se encuentran, además de distintas dependencias, la zona principal de trabajo, una luminosa y amplia sala ‘decorada’ con decenas de archivadores, o el despacho del propio Bruno Tranche, comunicándose con el edificio originario, donde además del peculiar despacho de José Luis Tranche, presidido por una gran obra de arte contemporáneo, encontrábamos la escalera original de la casa, una joya absolutamente recuperada que más tarde nos serviría de decorado para alguna de las fotos… Y por encima de todo, la azotea de ambas construcciones, dejando un lugar idóneo para la celebración de cualquier tipo de evento casi en cualquier época del año (es lo que tiene Canarias).

Mención aparte, aunque tendrá su espacio propio en este reportaje, merece la Fundación de Arte Contemporáneo que ocupa las plantas que dan a la calle de ambas dependencias, el legado que los Tranche han querido dejar a la ciudad que tan bien les acogió…
Pero tener las oficinas centrales que tienen llevó su tiempo: “Llevamos aquí dos años”, contaba Bruno Tranche, “mi padre compró el primer edificio hace 18 años con la intención de un día rehabilitarlo para traernos las oficinas, y también ya con el sueño de crear algo relacionado con su pasión, que es el arte contemporáneo. Pero siempre había otras prioridades, invertir en una nueva nave, ampliar instalaciones… y se fue retrasando, porque tampoco nos gusta realizar inversiones por encima de nuestras posibilidades: somos de ir poco a poco, con paso firme”.

EL ‘TEIDE’ DE GRAN CANARIA

Había que retomar la historia de la empresa, apenas esbozada, y quién mejor que el propio José Luis Tranche, su fundador, para aportar detalles. Un relato que habíamos dejado recién llegado a Gran Canaria para buscar local donde empezar a vender repuestos para los coches de entonces. Estábamos en 1977: “Efectivamente llegué solo y encontré un bajo que tendría 40 metros. Y le pedí a la señora de enfrente que me echara una mano con la limpieza. Al poco tiempo me dijo que el primero que había ocupado ese local se había arruinado, y que al segundo le fue todavía peor. Pero no le hice mucho caso, y cogí a una persona, luego otra, un bajo aquí, otro allí…”.

Lo del nombre tuvo guasa, “a veces la ignorancia es atrevida”, dice el propio patriarca de los Tranche: “En el local ponía ‘Bazar América’, lo quité y le puse ‘Teide”. Para un castellano viejo, qué mejor que ponerle el nombre del símbolo que mejor identifica a las Islas Canarias… el problema es que se encuentra en Tenerife, y ya se sabe larivalidad entre islas: “Me gustaba el nombre, era de aquí, una cosa muy alta y sonaba bien en cualquier idioma… pero es verdad que al principio fue un poco lío, los de Gran Canaria me decían ‘chicharrero’ (que es como se les llama a los tinerfeños)… hasta que cuando fuimos a registrar la empresa el nombre que nos admitieron fue Auteide”. Aunque se sigue prestando a comentarios, como reconoce Bruno Tranche: “Hay gente que todavía pregunta, ‘¿pero la empresa es de Tenerife?”.

“Llegué a Gran Canaria desde Palencia y encontré un bajo que tendría 40 metros. En el local ponía ‘Bazar América’, lo quité y le puse ‘Teide”. Para un castellano viejo, qué mejor que ponerle el nombre del símbolo que mejor identifica a las Islas Canarias… el problema es que se encuentra en Tenerife, y ya se sabe la rivalidad entre islas: “Los de Gran Canaria me decían ‘chicharrero’ (que es como se les llama a los tinerfeños)…”.

DESDE ITALIA CON AMOR

Quizá por esa razón eligió Tenerife para abrir la primera delegación fuera de Gran Canaria,  que el nombre ya ponía de su parte. Pero antes tuvo que arrancar poco a poco: “Mi idea era traer artículos con los que pudiera ser competitivo para vender tanto a las pocas tiendas que había como a los talleres. Compraba en Italia, que la dominaba bien y me daban crédito, que por entonces el dinero en los bancos era carísimo, que estaba al 19%, y si no me fiaban no podía. Y traía brazos oscilantes del 127; los trapecios del 124; direcciones de cremallera, discos y pastillas de freno, bombas de agua…”.

Tenía clara cuál era la fórmula: “Para que las cosas te salgan bien lo primero es creer en ello. Y luego ser un profesional y saber hacerlo. Y en este caso además, al ser una isla en medio de la nada, puerto libre de importación, tenías que controlar cuando querías una cosa en qué parte del mundo estaba más barata, porque si no, venía otro y la traía. Por eso empezamos pronto a trabajar con América y después con medio mundo”.

“Mi idea era traer artículos con los que pudiera ser competitivo para vender tanto a las pocas tiendas que había como a los talleres. Compraba en Italia. Y traía brazos oscilantes del 127; los trapecios del 124; direcciones de cremallera, discos y pastillas de freno, bombas de agua…”.

El caso es que supo hacerlo: “Creaba la necesidad antes de la venta. Les convencía de que con aquél producto que yo les vendía yo ganaba dinero pero ellos también. Todo lo que he ido buscando he intentado que tuviera una salida fácil, que se pudiera vender fácilmente, ayudando al que me comprara a ser competitivo en su entorno. Que incluso cuando algo no tenía salida yo se lo retiraba”.

Y después de Tenerife llegarían nuevas delegaciones en cada una de las Islas Canarias y más puntos de venta hasta sumar los catorce actuales. En un mercado, el canario, con sus particularidades, aunque cada vez menos: “La logística es más complicada, el parque es diferente, las distancias que recorren los coches son más cortas, las importaciones directas son más habituales… sigue siendo un mercado diferente, aunque es verdad que por lo que hablamos entre los socios del grupo se ha ido emparejando con el de la península, pero donde no hay ninguna diferencia es en lo que tiene que ver con la competencia”.

EL PUNTO DE INFLEXIÓN

Pero en toda trayectoria siempre hay un punto de inflexión, que en los 42 años de trayectoria de Auteide son dos, según el propio José Luis Tranche: “Cuando entramos en AD Parts, que nos vino muy bien, un grupo muy bien estructurado que nos ha dado la guía de qué cosas debes hacer y cuáles no… y cuando mi hijo Bruno adquiere responsabilidades en la empresa, por lo que supuso de savia nueva en la gestión y de abrirnos a otros proyectos y desarrollos. Por ejemplo, nosotros al estar en una isla contamos con más proveedores y tenemos producto que en la península hay quien lo distribuye para toda España y que nosotros traemos directamente de Asia, y ese es un mercado que ha sido Bruno quien lo ha abierto. Yo a Asia no había llegado…”.

La pertenencia a AD también era destacada por Bruno Tranche: “El que en el grupo exista ese respeto territorial es de las cosas que más me gusta porque la información entre socios corre con fluidez. No hay ningún problema cuando les llamas para saber cualquier cosa, o te invitan a que vayas y veas cómo lo hacen ellos… Además AD nos ha dado unas herramientas y el enfoque para abordar el mercado, aunque luego cada uno tiene que saber hacer en su casa. Y siempre es muy importante contar con una visión nacional e internacional de cómo están las cosas”.

Respecto a su aportación a la empresa, coincidía con la opinión de su padre: “Creo que le he dado modernidad, sobre todo dotarle de una estructura que quizá antes no tenía contribuir a su profesionalización dentro de mis conocimientos. Antes éramos un comercio familiar, y faltaba definir puestos de trabajo, departamentos, responsabilidades…”.

Una gestión que ahora de alguna manera comparten: “Me gusta más hacer algo que no hacer nada”, comenzaba contando el padre, “por eso sigo trabajando, me gusta lo que hago, me lo paso bien; El trato con la gente, comprar, vender… siempre he sido un vendedor. Por eso no me he jubilado”. Y el hijo entra en detalle: “En muchas cosas sigue siendo él quien tiene la última palabra, mientras que en otras muchas ya ha delegado en mí y soy yo quien las toma, aunque normalmente le consulto, porque su experiencia es un valor, e intentamos consensuar  las decisiones importantes. El día a día, desde hace
ya unos años, sí soy yo el que lo gestiona”.

Y es que son complementarios hasta en la manera de ser y las características de cada uno: “De mi padre”, contaba Bruno Tranche, “destacaría su constancia, su capacidad emprendedora y su visión de los negocios, y coincidimos en que nos gustan las cosas bien hechas, con profesionalidad y buscando la perfección. Pero nuestro carácter es muy distinto: él es más impetuoso, más espontáneo, mientras yo soy mucho más reflexivo. Y por ejemplo se nota a la hora de negociar… es de la antigua escuela, con un espíritu comercial muy de antes, y yo en eso soy diferente, aunque también intento aprender y absorber todo lo que de bueno tiene esa antigua escuela”.

BRUNO TRANCHE, EL HIJO

Para José Luis Tranche, “Bruno es diferente a mí, ni mejor ni peor. Aporta los nuevos conocimientos que en la actualidad son necesarios en el sector, a diferencia de mi época donde la mayoría éramos chatarreros, sin gran formación. Era una época en la que abundaba la picaresca. En este sentido el sector ha sufrido una gran metamorfosis. Ahora la gente está formada son más importantes las estadísticas sobre el consumo, el estudio de los precios, que buscar el producto o convencer a la gente para que lo adquiera”.

Nacido en Palencia el 20 de noviembre de 1974, llegó a Canarias con apenas dos años: “Me siento canario, de las Islas Canarias, no solo de Gran Canaria”, señala. Casado y con dos hijos de 10 y 8 años, su vinculación al negocio se remonta a los días festivos y vacaciones en lo que siendo aún un chaval llegaba desde el colegio para hacer lo que surgiera: “Preparar kits de distribución, descargar tubos de escape… y cuando tuve carnet o podía llevar una moto, repartir, o en el mostrador”.

Estudió ingeniería industrial, “tampoco sabía si me dedicaría al negocio o mi padre me reclamaría, y en cualquier caso era una carrera que te abría la mente y te ayudaba a pensar y a encontrar soluciones”, antes de su primer contrato en la empresa. De eso hace ya casi veinte años. Por una parte le gustaba el mundo del motor, los coches, y por otro le gustaba también el comercio, el trato con el cliente, así que desde el principio supo que allí estaba su destino: “Cuando ya me incorporé empecé con el tema de pedidos, aprendiendo de una de las personas que más años llevaba en la empresa y que estaba próximo a jubilarse. A partir de ahí fui asumiendo responsabilidad”. Y buscarse la vida: “Me lo tuve que ir trabajando yo, buscándome la vida, porque la verdad es que mi padre no es de enseñar mucho. Y a base de mostrar curiosidad, de preguntar, de ver cómo lo hacían otros socios del grupo, he ido creciendo. He tenido que ser un poco autodidacta”.

Pero no es de los que se asustan: “Me gustan los retos, intentar siempre mejorar, modernizar la empresa, mirando en qué podemos ir haciéndolo mejor cada día”.

EL FUTURO

Ya sólo quedaba hablar del futuro, de sus prioridades… “Cada vez es más complicado crecer en un mercado que está ya muy estable y es muy maduro, en el que ni crece el parque ni la población, pero no renunciamos a seguir invirtiendo y seguramente en menos de un año abriremos un nuevo punto de venta”. No obstante, y como reconocía el propio Bruno Tranche, “iremos también diversificando hacia otros sectores”. De hecho, cuando se le pregunta sobre dónde se ve en quince o veinte años, la segunda generación del negocio sigue apostando por la continuidad: “Pues me veo en una empresa que espero siga siendo familiar, manteniendo la ilusión y siempre con nuevos proyectos. Mi idea es seguir construyendo una empresa mejor, que vaya evolucionando, una empresa en expansión”.

De la posibilidad de integrarla en un proyecto como AD Parts Intergroup (dispuesta a acoger a los socios de AD de mayor volumen a los que le pueda interesar) nada hay, por tanto: “Lo ha hecho AD Bosch y creo que es interesante para todos, porque intercambiar información con AD Francia (accionista también de la sociedad) nos permite estar ahí, al día de las últimas tendencias sobre hacia dónde va el mercado, y eso siempre viene bien. Pero por lo demás nada ha cambiado. Y no hay que decir nunca que no a nada, pero a día de hoy no contemplamos otra opción que no sea mantener la empresa en nuestras manos, aunque está bien tener esa opción porque nunca se sabe de qué manera pueden evolucionar las cosas más adelante”.

LA FUNDACIÓN DE ARTE CONTEMPORÁNEO

Dirigida por Yaiza Tranche, hija de José Luis y por tanto hermana de Bruno, ligada también a Auteide desde sus inicios profesionales, la ‘Fundación Canaria para el Desarrollo de la Pintura’ es el sueño cumplido de José Luis Tranche, “algo de lo que me siento especialmente orgulloso”.

No sabe de dónde le viene la afición: “Yo pintaba con carboncillo en la Escuela de Artes y Oficios, me gustaba el dibujo, la poesía… pero nada que hiciera presagiar lo que vino después”. La primera obra que tuvo fue una lámina regalo de bodas. “Y poco a poco, según mi posición me lo permitió, fui comprando”.

Hasta contar con cerca de 700 obras, que le han sido solicitadas por museos como el Reina Sofía en Madrid o el Macba de Barcelona. Y desde la convicción de que “el arte no es algo que puedas poseer”, quiso dejar este legado a la ciudad “que tanto nos ha dado” como agradecimiento.

Para Yaiza Tranche “es el sueño personal de mi padre que ha hecho realidad. Y mucha gente no se cree que puedas hacer esto de forma altruista, sólo se entiendecuando una persona tiene el amor que tiene mi padre por el arte”.

Y no sólo son sus obras las que se exponen, que la Fundación también ayuda a artistas jóvenes.“Cuando compramos la primera casa, de las dos que ocupan ahora nuestras oficinas centrales, a los seis meses me daban el doble de lo que había pagado por ella. Y le dije al señor que lo que yo quería era abrir una fundación de arte en ella y eso me gustaba más que lo que podía ganar vendiéndola. No lo entendió, pero claro, no a todo el mundo le gusta el arte”. José Luis Tranche, genio y figura.

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