César Gónzalez (Turboparts), un empresario del turbo

La historia de un currante

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El nuestro es un sector de historias personales. Detrás de cada empresa hay horas de sacrificio, días y días que se dejan de dedicar a familias, esfuerzos que llevan a sus protagonistas al límite. Está repleto de historias que merecen ser contadas. La de Turboparts es la de su gerente, César González (47 años, Barcelona), un enamorado como pocos de una profesión a la que ha dedicado su vida. Un reportaje del último número del periódico de nuestra publicación hermana, La Comunidad del Taller.

César González lleva en el mercado del turbo más tiempo del que puede recordar (“desde que tengo uso de razón”), un auténtico trotamundos que, en 2012, después de muchos giros de guion, decidió emprender el camino por su cuenta montando una empresa a la que decidió poner el mismo nombre que aquella que su padre tuvo que cerrar después de haberle sido diagnosticada una grave enfermedad. Esta es la historia de Turboparts, la historia de César González: un currante, un empresario del turbo.

Cosas raras

José Bonifacio González era el padre de César: “Él, que era un apasionado de las cosas raras, vio en la empresa en la que trabajaba un producto que le llamó poderosamente la atención”. Aquella compañía era un distribuidor Bosch en Barcelona. El producto, los turbos: “Hablamos de los años 60, 70… Vio en un catálogo un producto con muy pocas aplicaciones, muy específicas y se puso en contacto con ISA (Industrias Subsidiarios de Aviación, con sede en Sevilla), que era un distribuidor de material de aviación. Entre su oferta, los turbos, y él vio que ahí había un producto interesante”.

Siguió indagando hasta ponerse en contacto con el distribuidor de una de las principales marcas: “Habló con Turbotécnica para explorar la posibilidad de trabajar con ellos, quería entrar en el ‘mundillo”. Lo hizo como comercial de aquella empresa que, con sede en Sevilla, dejó el mercado catalán muy de su mano. Había conseguido meter la cabeza en un mundo del que ya nunca saldría. El siguiente paso se lo ofrecería una empresa que por entonces él visitaba en su labor comercial: la extinta Tridiésel, de la que nació lo que hoy es Turbo 3, para ser su jefe de Ventas para el mercado del turbo. Y naturalmente dijo que sí.

“Después de unos años trabajando en Turbo 3 decidió que era el momento de montar su empresa. Fue en 1986, yo tenía doce años”. Nacía Turboparts.

El gran giro

A César González ya le picaba por entonces el gusanillo de la mecánica. Que su padre se dedicara a lo turbos no hizo más que ayudar a que él enfocara aún más su camino: “Sin nómina, trasteando, llevo toda la vida entre turbos. Conscientemente, introducido en la empresa de mi padre, desde los 15. Estudiaba FP de Automoción por las mañanas y por las tardes iba a trabajar. Luego estudié FP2 de Electrónica, aunque no lo llegué a aplicar…”.

Su historia podía haber transitado de forma tranquila en la empresa de su padre, primero formándose, luego cogiendo poco a poco más responsabilidad y finalmente al frente del negocio: igual que tantas y tantas empresas familiares. Pero el destino se les torció a ambos.

Y es que el mundo que su padre había construido, diez años después de montar la empresa, se desmoronó: “En 1996 le diagnostican Parkinson y su realidad cambia de forma radical. Fue un momento familiar realmente difícil. Él había sido un hombre que se había hecho a sí mismo, se había buscado siempre la vida, había levantado un proyecto suyo… Fue un golpe enorme”.

“En 1996 le diagnostican Parkinson y su realidad cambia de forma radical. Fue un momento familiar realmente difícil. Él había sido un hombre que se había hecho a sí mismo, se había buscado siempre la vida, había levantado un proyecto suyo… Fue un golpe enorme”.

César tenía apenas 22 años: “Hubo que decidir qué hacer con la empresa y ese trance tampoco fue sencillo. Yo pensaba que estaba preparado para continuar el trabajo empezado por mi padre, él sin embargo creía que aún era joven. En cierto modo creo que quiso protegerme, tampoco quería que yo tuviera esa presión”.

A la enfermedad se sumaba que la empresa no pasaba por sus mejores momentos: “Mi padre era un hombre serio, con carácter, de los de antes. De palabra. La empresa en su día se fundó con otros dos socios y llegado el momento decidieron salir de la sociedad. Mi padre quiso devolver a todo el mundo exactamente el dinero que le tocaba y para hacerlo hipotecó incluso su casa. Estábamos en una situación difícil, esa es la verdad. Si a esto le sumamos que el mercado no estaba de por sí bien y que a él le diagnostican su enfermedad, podrá entenderse que en aquel momento en la familia había cierta urgencia por dar soluciones. Mi padre vio la posibilidad de cerrar la empresa y que su hijo al día siguiente estuviera trabajando en otra -como así pasó-, así que no lo dudó. Fue la solución más rápida y mejor para todo el mundo”.

Y como no hay mal que por bien no venga…: “Creo que hubiera sacado adelante la empresa. Hubiera tenido mis baches, mis caídas, pero lo hubiera sacado. Sin embargo, mirando hacia atrás creo que ha sido positivo haber conocido otras realidades, otras formas de trabajar… He crecido mucho como profesional desde que salí de la empresa de mi padre. La vida me llevó por otro camino. Hay que saber sacar lo mejor de lo que te venga…”. Un camino en el que, van a ver, no ha parado…

Volver a empezar

El sitio donde César podría trabajar al día siguiente era RADSA, distribuidor socio de CGA: “Mi padre tenía una gran relación con el señor Mohedano (Manuel Mohedano, fundador de la empresa). RADSA por entonces no tenía el catálogo del turbo bien desarrollado y necesitaban a una persona que lo llevara”. Ese era él.

Pero en el 2002 decidió marchar: “Por diferentes circunstancias no terminé de encajar. Y de allí marché a Turboservice Ibérica”. Donde estuvo durante diez años, hasta el año 2012: “Tenían una delegación en La Garriga (Barcelona), Turboplus, y me propusieron dirigirla siendo socio de esa sede, con el 25% de participación en la sociedad. Era como trabajar para mí, prácticamente, la verdad es que tenía plena autonomía en el día a día. Pero al final tienes un socio al que debes rendir cuentas, tuvimos ciertas desavenencias y decidí salir”. Con 37 años, volvía a empezar…

¿Qué crisis…?

“Ya no era un chaval, me había casado… Visto ahora todo con el tiempo y habiendo funcionado todo bien, se puede entender de una manera… Pero lo cierto es que las angustias se pasan”. Y es que en aquel impasse tuvo incluso cierto conflicto consigo mismo: “Pensé incluso en cambiar de sector”, confiesa.

Ante la incrédula mirada del periodista, sonríe y sigue contando la historia: “Pero me duró poco tiempo. Me apunté al paro, y no tardé ni dos meses en empezar”. Fue a ver a una empresa de Barcelona especialista en turbos: “Quería sondear un poco el mercado, analizar qué posibilidades había de comenzar un proyecto con otra empresa. Pero luego lo pensé mejor, no quería volver a cometer errores del pasado. Sabía que no iba a encajar en ningún sitio, y no porque yo sea conflictivo ni mucho menos, que creo que realmente soy muy fácil de llevar si las cosas tienen sentido, pero sabía que me iban a dar directrices que no terminaría de entender. Prefería empezar yo sólo una aventura por mi cuenta”.

Era el año 2012. En plena crisis: “Sí, lo sé. Pero al final en casa tenía el mayor apoyo del mundo, mi mujer, que siempre ha confiado en mí. Ella además es empresaria, tiene una correduría de seguros, así que entendía muy bien el camino que iba a empezar. Veníamos de momentos complicados, pero ella siempre confió en mí y me ayudó a echar hacia adelante”.

Con 37 años, volvía a empezar… “Ya no era un chaval, me había casado… Visto ahora todo con el tiempo y habiendo funcionado todo bien, se puede entender de una manera… Pero lo cierto es que las angustias se pasan”. En 2012 nacía Turboparts.

El nombre estaba claro: “Turboparts, como la empresa de mi padre. Sé que si me estuviera viendo estaría muy orgulloso de lo que hemos logrado hacer. De cero, empezando de nuevo”.

“¿Si tenía miedo y dudas? Claro, esa incertidumbre siempre se tiene”. Pero siguió el camino que le dictaba su instinto: “Mi primo me comentó que había un local de 150 metros en un barrio de aquí, en Badalona, un lugar humilde. Lo fui a ver y dio la casualidad de que me encontré con un amigo mío de la infancia, Andrés”.

Casualidades de la vida: “Me preguntó qué iba a hacer y le dije lo que tenía en mente. Él trabajaba en el aeropuerto, de chófer de buses, y tampoco estaba pasando una época fácil. Andrés es alguien que conocía de siempre, una de esas personas que sabes que es responsable y apañado: que te arregla un helicóptero con un cepillo de dientes y un cortaúñas. Me dijo que me echaría una mano en lo que pudiera”. Los dos mano a mano. Amigos de la infancia, cosas de la vida: “La empresa empezó a funcionar bien. Andrés venía cuando le necesitaba. Él seguía trabajando en el aeropuerto. Pero según fueron pasando los meses lo que era un ‘pásate a ayudarme’ se convirtió en ‘necesito que estés conmigo”.

La visión de sí mismo

Y el negocio empezó a tirar: “Vendía sobre todo a la gente que me conocía, clientes de toda la vida algunos de ellos. Hice ese trabajo comercial de llamar y explicar el proyecto. Y te llevas sorpresas: clientes de esos que te esperas que estén, no responden; y otro que sin embargo jamás hubieras pensado, están a muerte contigo. Fueron momentos muy emocionantes”.

Tan bien le empezó a ir que con él mismo ya no bastaba: “Lo hacía todo: comprar, vender, facturas… El día a día era increíble, realmente para darte algo. Cuando uno comienza con un negocio es normal que todo pase por ti, pero la actividad llegó a sobrepasarme. Durante los últimos años he tratado de incorporar a la empresa personas que me ayuden a gestionar todos los procesos, que no todo pase por mí -han llegado a ser 9, hoy son 6-. Y me cuesta delegar, no es fácil, pero he entendido que no hay otra forma de hacer las cosas”.

Ese punto de inflexión, de pararse a analizar la empresa, comenzó en el año 2015 con la incorporación de una persona en su equipo que le ayudó a cambiar el prisma. Esa persona era David Anguera, se incorporó como responsable comercial: un profesional con experiencia en la automoción que le ha acompañado siendo su mano derecha hasta el pasado mes de julio de 2021: “Yo veía la empresa como un autoempleo que yo mismo me había creado, me costaba verme como un empresario. En aquel año comenzamos a analizar todas las áreas, empezamos a dotarla de imagen, a creernos lo que éramos, que realmente somos una empresa con un producto de mucha calidad y con un gran servicio, una empresa de prestigio, muy saneada. Invertimos en maquinaria y en 2016 cambiamos de instalaciones, nos mudamos a la actual sede, también en Badalona, mucho más acorde a lo que somos como compañía”. Un camino andado en el que reconoce agradecido la labor realizada junto a él por el propio Anguera.

Melett

El nombre de la empresa estaba claro: “Turboparts, como la empresa de mi padre. Sé que si me estuviera viendo estaría muy orgulloso de lo que hemos logrado hacer. De cero, empezando de nuevo”.

El otro gran salto para Turboparts fue el inicio del camino que desde el año 2018 recorren junto a Melett, uno de los grandes fabricantes especialistas en turbocompresores: “Conozco la marca desde siempre, en la empresa de mi padre ya trabajábamos con Melett. Es un referente en el sector. De hecho, cuando yo monté la empresa en 2012 les llamé porque quería que me suministraran material. Pero en aquel momento me dijeron que no”.

No puede evitar sonreír mientras sigue con la historia: “Tuvimos algunos años incluso de desencuentro, porque cada uno teníamos nuestra forma de ver el negocio. Cuando Melett decide abrir su distribución más allá de las empresas con las que trabajaba en aquel momento, distribuidores históricos de la marca, confiaron en nosotros y en lo que hacíamos”. Hace ahora tres años que forman parte de la red de Centros de Servicio Autorizados Melett, un proyecto que el fabricante británico comenzó en 2017 y en el que ahora se integran doce empresas en toda España, todas ellas referentes en la reparación de turbocompresores y a día de hoy los únicos en nuestro mercado que distribuyen los productos de la marca.

¿Por qué para Turboparts es tan importante formar parte del proyecto? “Los turbos son como las pizzas: te puedes comer una pizza en un restaurante italiano espectacular, que hace volar la masa y que sólo utiliza los mejores ingredientes; o puedes también comprarla en el supermercado congelada. Vas a comer pizza igual, seguramente en un primer momento hasta te puede servir, pero ni la experiencia ni el resultado con el tiempo va a ser el mismo. Melett es sinónimo de calidad y nosotros queríamos salir de la comparación por precio. Queríamos distanciarnos, posicionarnos con los mejores”.

Un nuevo revés

El otro gran salto para Turboparts fue el inicio del camino que desde el año 2018 recorren junto a Melett, uno de los grandes fabricantes especialistas en turbocompresores.

Una vez dados estos pasos, había conseguido asentar la empresa, hacerla crecer y posicionarla en el lugar que pretendía. Las nuevas instalaciones respondían a lo que son como compañía y todo parecía marchar como la seda. Pero en 2019 la vida le tenía preparado otro susto: “Tanto trabajo, tanto estrés, tanta presión, al final pasa factura… Hace dos años tuve una parálisis facial. Por el estrés, de golpe y porrazo, el lado izquierdo de la cara me dejó de funcionar”, explica señalándose mientras sonríe con una mueca que reflejaba lo duro del momento: “Yo soy de los que le quitan siempre hierro a las cosas, pero aquello fue serio…”.

Llevaba un tiempo dándole vueltas al ritmo de vida que tenía: “El caso es que había tenido indicios de que algo no iba bien. Había días que en casa, de repente, veía luces de colores. Lo achaqué al estrés, tenía claro que no podía seguir así, así que de Barcelona me fui a vivir a una localidad con mar… Digamos que traté de relajarme. Y cuando empecé a aflojar, a bajar el ritmo, fue cuando me pegó. Me levanté un día y me di cuenta de que algo no iba bien. Fui al médico porque notaba la lengua dormida, me lloraba el ojo… El doctor me dijo que se trataba de una parálisis, que al día siguiente no podría mover nada. Y así fue… A día de hoy he recuperado el 60% del nervio, pero son cosas que te hacen plantearte todo de otra manera”.

Bajó el ritmo durante un tiempo, los viernes por la tarde dejó de ir a la oficina -no de trabajar-, pero lo que se lleva tan dentro es complicado echarlo a un lado: “Intento tomarme las cosas de otra manera, delegar más, que no todo pase por mí. Pero me resulta difícil. Bajé el ritmo, pero no sé muy bien si he conseguido mantener esa rutina”, concluye mientras encoge los hombros y sonríe, consciente de lo extraño que suena lo que cuenta para quien no vive como él, con esa pasión, lo que hace cada día al frente de su empresa.

La prioridad ahora, asegura, es “estabilizar la incertidumbre vivida durante el pasado 2020”: “Prudencia, recuperar estabilidad financiera. Tenemos muchos proyectos, ganas hay, antes de comenzar la pandemia estábamos de hecho preparando algunas cosas, pero todo quedó en el aire. De momento lo que quiero es buscar la tranquilidad”. Y en ello está trabajando…

Sólo a recambistas

No es demasiado común que una empresa dedicada a la refabricación de turbocompresores (en su oferta cuentan con turbos nuevos, de intercambio y despiece), enfoque su estrategia únicamente en la venta a recambistas. Así lo hace Turboparts: “Nos llaman particulares y talleres, claro, pero, a excepción de algunos clientes históricos, derivamos todo el trabajo a nuestros clientes distribuidores. Creemos que es una forma de diferenciarnos y un modo de darles también a ellos mayor confianza”. Su especialidad, lo menos común: “Nosotros entramos por las urgencias, por aquellas referencias que no encuentran en otras empresas. Creemos en la especialización, ese es nuestro fuerte. Por eso el ABC de ventas en el sector es lo que menos peso tiene en nuestra empresa”. ¿Su diferencia? “El foco, somos especialistas en turbos, con un producto de calidad y un servicio de atención a nuestros clientes difícil de superar”.

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