El coche eléctrico…

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Debo reconocer que cuando recojo la prensa y leo artículos sobre la llegada del coche eléctrico me sorprendo del desmesurado optimismo que rezuman algunos textos. Me refiero, sobre todo, a los calendarios, plazos y volúmenes de los que se habla con una alegría que en mi opinión debería ser más contenida.

… aún tiene mucho camino por recorrer

Es cierto que hay una parte de la argumentación con la que estoy de acuerdo, y es la que se refiere a las bondades de este tipo de vehículo: es más eficiente que el que equipa un motor de combustión, el coste por kilómetro en términos de consumo (si no contamos la adquisición) es escandalosamente inferior, y cuando circula no tiene emisiones contaminantes.

Creo que son suficientes razones para apostar él.

Sin embargo, no debemos despegar los pies del suelo. Los obstáculos para su implantación son, aunque salvables, todavía muchos, de los cuales yo destacaría sobre todo tres. En primer lugar, la autonomía de estos vehículos es todavía demasiado corta. Habitualmente estos coches pueden recorrer con una carga unos 150 km (los hay de más, y de menos también), lo que imposibilita su uso para viajes largos. Existen soluciones en estudio, como las “electrolineras” que cambian la batería en pocos minutos para continuar el viaje, pero aún no son una realidad comercial.

Además, estos vehículos requieren una amplia infraestructura de puntos de recarga en la calle, ya que no todos los automovilistas disponen de garaje y tendrían que recargar sus vehículos en la vía pública. Estas instalaciones requieren fuertes inversiones por parte de administraciones públicas y sector privado y, aunque existen programas públicos para fomentar su implantación, lo cierto es que su evolución es lenta.

Por último, está el coste de adquisición. Se trata de vehículos que, comparativamente con los de combustión interna y con características similares, resultan más costosos a pesar de las ayudas de hasta 6.000 euros con que pretende sufragarse la compra. Además, dados los dos inconvenientes antes mencionados y a que la mayoría de modelos que irán llegando al mercado son de pequeño tamaño (con algunas excepciones) se concebiría más como un segundo vehículo que como el principal, al menos en un primer momento.

Por tanto, concluyo, el vehículo eléctrico es en mi opinión una tecnología muy buena y una gran solución para el problema del transporte, pero a la que le quedan aún unos cuántos años para que llegue al mercado y se popularice realmente; y deberán ser las grandes empresas y las propias Administraciones Públicas las primeras en dar ejemplo y sumarse a esta “moda eléctrica”.

Pero como tampoco quiero ser agorero, también dejo un apunte optimista: a ver cómo se portan en el mercado durante los próximos años los nuevos híbridos enchufables o los eléctricos de autonomía extendida (un eléctrico con un generador de combustión interna). Esto nos dará buenas pistas de por dónde va la tendencia.

Por último, y después de estas reflexiones, creo que también hay que hacer una alusión a la reparación de estos vehículos, ya que para ello será necesaria la reconversión de los talleres a las tecnologías que exigen estas nuevas motorizaciones. Seguro que por parte de nuestros talleres no habrá ningún problema, ya que sabrán solucionar este escollo con prontitud y total solvencia.

Juan Antonio Sánchez Torres es presidente de Ganvam.

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