“El taller está más que garantizado”

IX Congreso de Dipart

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El IX Congreso de Dipart celebrado el pasado sábado 12 de noviembre en Málaga acogió una mesa redonda que respondió a las cuestiones que más incertidumbre generan entre los talleres. Por un lado, su futuro de cara a los cambios que están surgiendo en el sector y por otro, una de sus mayores problemáticas, que sigue alargándose en el tiempo: la falta de profesionales, razón por la que no encuentran mano de obra nueva a pesar de necesitarla.

Estas y otras cuestiones las trataron expertos del sector como Nuria Álvarez, directora de Relaciones Institucionales de Conepa, Fernando Riesco, director general de Dipart, Baldomero Martínez, gerente de Autocentro Elektra, socio de Dipart en Elche (Alicante), Carlos Martín, secretario general de Ancera, Fernando López, director general de GiPa España, Antonio Matías, propietario de Tecnomotor La Mina, centro de la red Talleres DP en Peñarroya (Jaén) y Héctor López-Brea,director general de ZF Aftermarket Iberia.

La primera pregunta que planteó el moderador, Javier Luxor, fue respecto al futuro del taller en el mercado de automoción. La primera en contestar fue Nuria Álvarez, y lo hizo afirmando que “el taller va a tener futuro” porque las “tecnologías actuales tienen largo recorrido y las nuevas los necesitan”. Sin embargo, apuntaba que los propios negocios serán los que “deberán saberse acomodar a los tiempos y a la evolución tecnológica”, lo que implica que deberán “invertir cuando deban, saber dónde ponen sus recursos en formación y elegir bien quiénes deben ser sus socios”.

En esta línea intervino Fernando Riesco, quien afirmaba que el taller “está más que garantizado” en el futuro y que “todavía le quedan años buenos”, aunque matizaba que “los talleres deben irse adaptando al ritmo del mercado y a los cambios en el sector formándose y especializándose”.

Héctor López-Brea también aportó una visión esperanzadora para el sector de la reparación señalando que “la posventa sin el taller es imposible”, aunque, puntualizó que deberá cambiar: “Vinculándose a red de talleres, por ejemplo, para aprovechar sinergias y formarse en nuevas tecnologías”. Una opinión que compartía Baldomero Martínez: “El sector está asegurado”, decía, aunque aconsejaba a los talleres presentes, especialmente a los pequeños, acudir a los cursos y centros de formación, “aunque se tenga mucho trabajo y poco tiempo”, para no quedarse atrás.

Carlos Martín también se pronunció al respecto. El secretario general de Ancera esperaba, también por el bien de los distribuidores, que el taller tenga futuro, aunque cree que será el taller pequeño el que lo tendrá más fácil para subsistir por tener una estructura más resistente al no contar con tantos costes fijos que uno con una estructura mayor.

No opinaba lo mismo Fernando López. El director general de GiPa afirmaba que “todos los talleres no van a tener futuro”, porque, al contrario de lo que explicaba Carlos Martín, “cada vez hay menos talleres, la mayoría son pequeños y estos son los que tienen más difícil sobrevivir”. No obstante, aportaba cierto optimismo recordando que las tecnologías siempre han estado presentes en el sector, por lo que afirmaba que el taller que siga evolucionando, formándose, invirtiendo y adaptándose a la nueva realidad, continuará. Antonio Matías era el más agorero de todos los participantes. Según él, “el taller genérico tiene los días contados”, y es que estos cambios a los que se está exponiendo y se expondrá “van a suponer un filtro grande para el sector”, determinaba.

“Muy verdes” y “sin habilidades”

En el encuentro también se abordó una de las grandes preocupaciones del sector: la falta de profesionales. Nuria Álvarez puntualizaba que este problema debe observarse desde dos puntos de vista. Por un lado, las personas que se incorporan al mundo laboral después de haber estudiado el grado de formación profesional en automoción, que “aunque son bastantes y encuentran trabajo, les resulta más llamativo trabajar en una fábrica de componentes o en un almacén que en el taller”. Y por otro lado, desde la necesidad de modernizar la formación, para lo que pedía ayuda en fondos para digitalización y para hacer la revolución necesaria en apoyo a la formación.

Asimismo, la directora de Relaciones Institucionales de Conepa, lanzaba un mensaje a los gerentes de los talleres señalando que son importantes para conservar o llamar al talento al sector. Y es que, señalaba, esto pueden hacerlo “facilitando la vida a los profesionales con horarios, turnos y sabiendo qué quieren los trabajadores”, pero evitando hacer atractivo al sector solo por el dinero que puede ganarse en él.

Antonio Matías, que tiene experiencia en su taller con aprendices del oficio, señalaba que el problema está en que los estudiantes “salen muy verdes” de las formaciones, con conocimientos “muy básicos” y “sin habilidad para diagnosticas averías”, por lo que “tardan años en convertirse en profesionales desde que terminan los ciclos formativos”. Y añadía un problema más: “No quieren trabajar”.

Asimismo, para solventar la falta de profesionales, el propietario de Tecnomotor La Mina, cree que se deberían reciclar los formadores y actualizar los contenidos. Fernando Riesco, por su parte, apuntaba el problema añadido que supone que no haya modelos para contratar en prácticas y que los talleres tengan que pagar por una formación a alguien que ha acabado sus estudios recientemente, sin garantía de que vaya a continuar en la empresa.

“El objetivo de 2035 no es realista pero va a ser”

Aunque parte del sector pueda dudar de que se mantenga el 2035 como el año en el que se acabará la venta de vehículos de combustión interna, la realidad es que los fabricantes ya están trabajando en ello, porque hay un calendario establecido: el de las regulaciones.

Tal y como apuntaba Héctor López-Brea, la transformación que vive el sector es “disruptiva” y está llevando a los proveedores a “una situación problemática” porque justo está ocurriendo en un momento en el que los márgenes de las empresas son reducidos por diferentes motivos -como la crisis de materias primas, de transporte, el coronavirus, etc.- y en el que se venden pocos coches. Por estos motivos, si hay algo que López-Brea cree que es necesario respecto a este asunto es que el cambio se haga “levantando un poquito el pie del acelerador, con cautela y cabeza porque hay muchos empleos en juego”.

Y es que, mientras la regulación impone el año 2035 como el final de los coches de combustión interna, lo cierto es que España está a la cola en Europa en la transición al vehículo eléctrico por la falta de fiscalidad y la falta de motivación al cambio, razón por la cual el usuario no compra eléctricos y el parque se envejece cada vez más: “No se compran vehículos porque no sabemos qué comprar”, señalaba López-Brea. Algo que confirmaba Fernando López matizando que “el objetivo de 2035 no es realista, pero va a ser”.



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