La división de Aftermarket del fabricante de juntas con 138 años de historia, presencia en 19 países y 49 fábricas de producción repartidas en todo el mundo, Elring, mostraba músculo frente a un nutrido grupo de clientes españoles: tiendas de recambios y rectificadores, encabezados por Grovisa, invitados a conocer las instalaciones centrales que el fabricante tiene en Stuttgart, así como la cultura e historia del país germano coincidiendo con una de sus fiestas más populares: Oktoberfest. Pura esencia alemana para fortalecer la relación con sus clientes en España…

Somnolienta, pero ilusionada por estrenarme en un viaje con clientes, llegaba a El Prat. Me costó reconocerle porque había visto una foto de él de hacía más de una década. Pero allí estaba: Joan Cortés, director comercial de Elring, me esperaba en la cola de embarque. También lo hacía Pablo Vía, director comercial de Grovisa, y catorce de sus clientes, de Valencia, Cataluña, Baleares, Madrid, Zaragoza, Canarias, Sevilla y Andorra, los verdaderos protagonistas de este viaje del que Barcelona sería punto de partida.

 Joan Cortés volvía a Elring en marzo (2017) como parte de la nueva estrategia de la compañía que pasa por establecer un responsable comercial en cada país donde tiene presencia para potenciar su cuota de mercado.

Inevitablemente, antes de montar en el avión tenía que preguntar a Joan por su regreso a Elring, ya saben, la curiosidad innata del periodista. Me explica que su ‘second life’ (segunda vida) en el fabricante llega motivada por un nueva estrategia establecida tras el cambio de la cúpula directiva que ahora quiere contar con un responsable comercial en cada país donde tiene presencia para potenciar su cuota de mercado. Elring, que había decidido poner fin a la distribución directa en España en 2010 disolviendo su estructura comercial, optando por que sus productos fueran comercializados por Mahle y MSI, sin que la ecuación terminara de cuajar, o apostando, tímidamente, por Comercial del Motor, hasta que en 2015 tomase las riendas Grovisa, ahora quiere incrementar significativamente su presencia en el mercado, como están haciendo en Italia y Francia, con nuevos y potentes clientes, como ya es Grovisa, que le proporcionen una cobertura nacional. Aclarados un par de puntos esenciales, que me ampliarían ya en Sttutgart, y saciada mi curiosidad, procedimos a embarcar.

Empezamos dando gas

“Sé que Elring me va a dar siempre un buen resultado, porque hablamos de calidad de origen, y además tiene muy buen diseño”, cliente Grovisa.

Con unos cuantos grados menos de temperatura que se notan, vaya si se notan, Adrian Blessing, director de ventas de IAM para España, Portugal, Italia y Francia de Elring, que ejercería de anfitrión, nos recibía amable y efusivamente. Realizamos las pertinentes presentaciones mientras almorzamos un par de sándwiches antes de montar en el autobús que nos llevaría al hotel que nos serviría de ‘base de operaciones’. No se conocían entre ellos, pero enseguida se creó una atmósfera de complicidad entre los clientes de Grovisa. Era inevitable, comparten la pasión a la que dedican su vida. Y entre conversación y conversación se nota la buena sintonía con Pablo Vía: preguntados los protagonistas sólo tenían buenas palabras para su distribuidor, y para la calidad y fiabilidad del producto que nos había llevado a tierras germanas: “Es muy buen producto, tiene calidad y tiene precio: puedo venderlo con todas las garantías”. “Sé que Elring me va a dar siempre un buen resultado, porque hablamos de calidad de origen, y además tiene muy buen diseño, la junta multilamina, por ejemplo, tiene un acabado perfecto”.

Tras un breve descanso en el hotel, vuelta al autobús para dirigirnos a nuestro primer destino, un pequeño pueblo alemán donde pasaríamos la tarde ‘dando gas’ en los karts. Excelente ocasión para hacer piña y para que los presentes disfrutáramos como niños compitiendo, sanamente, entre nosotros destacando la habilidad de los clientes de Grovisa al volante. Sorprendidos unos, y contentos otros porque en Sttutgart no estuviera prohibido fumar en locales cerrados, entre vuelta y vuelta no faltaron las risas y las primeras anécdotas del viaje hasta que el cielo oscurecido nos invitó a reponer fuerzas.

A sólo diez minutos andando, o quizá fueron menos porque el frío apretaba, nos esperaba todo un festín de comida típica de la región en un restaurante con encanto ya engalanado con los adornos de Halloween típicos del mes de octubre. En un salón reservado para la familia Elring-Grovisa disfrutamos de una distendida cena dejándonos aconsejar culinariamente por Pablo Vía, conocedor de la gastronomía de la zona. Se estaba muy a gusto y la velada se alargó más de lo previsto. El propio Adrian Blessing se sorprendía de que el restaurante estuviese prácticamente vacío y nosotros aun siguiéramos con el postre. Ya se sabe, la sobremesa es algo muy español, y cuando hay buen ‘feeling’ entre los presentes, con más razón. Tras disfrutar de música en directo en un local cerca del hotel, tocaba descansar, el día siguiente prometía, y mucho.

‘Das Original’

La modernidad de la central mundial de Elring Aftermarket contrasta con los pintorescos pueblos, paisajes, y también animales, que dejábamos atrás antes de llegar al ‘cuartel general’ de Elring donde un total de 1.900 empleados producen anualmente 44 millones de juntas con una facturación de 1.557 millones de euros en 2016. 103.418 metros cuadrados, 75.000 útiles, ocupan las instalaciones más modernas, construidas hace ocho años dado el aumento de la capacidad productiva de la planta de 72.000 metros cuadrados, 31.709 útiles, que se sitúa a escasos cinco minutos en coche y que data de los años sesenta.

Visitaríamos ambas, pero Andreas Gärtner, director de ventas para el negocio de Aftermarket en el Oeste de Europa y Alemania, nos recibía en la planta que aún no ha cumplido su primera década, más tarde compartiríamos mesa y opiniones sobre la actualidad de mercado, pero primero tocaba profundizar en la historia y procesos de Elring. En unos módulos preparados para la ocasión, Blessing y Cortés realizaron una breve y amena presentación de datos de la compañía, de sus 138 años de trayectoria, y de los productos que allí fabrican: juntas, materiales de juntas, pastas sellantes, tecnología de pantallas, módulos de plástico, sistemas de conexión de células para baterías de ion-litio, pilas de combustible completas y todas sus piezas…

Con la teoría asimilada, llegaba el momento de conocer cómo se lleva a la práctica, y ataviados con las pertinentes medidas de seguridad, ojo cómo pesan y más si tienes que recorrer dos plantas en una mañana, nos dispusimos a entrar en materia. Blessing, que hacía de guía, comenzó por enseñarnos las bobinas de acero, la materia prima con la que se desarrollan las juntas, y que se trata hasta que el material, con un espesor de entre 0.15 mm y más de 1 mm, está completamente liso para después ser prensado y acuñado, y luego perforado en los utillajes que también proporcionan el corrugado alrededor de los bordes de las láminas que asegura un cerrado hermético. Antes de ser ensambladas, las láminas pasan por un horno para adherir el revestimiento que dependiendo de su función será de acero inoxidable o elastómero.

La línea de producción serpenteaba y sorprendía a los presentes que no dudaron en preguntar si el proceso es el mismo para primer equipo y recambio. “Sí, lo es al 100%”, respondía contundente Blessing, aprovechando para sacar pecho y resaltar que el 75% del parque europeo lleva Elring en origen y que son el mayor productor de juntas de Europa.

Una vez ensamblada la junta, se somete a estrictos controles de calidad, de hecho ocasionalmente se envían piezas defectuosas para comprobar si son detectadas en este proceso, y sólo entonces pueden pasar a ser embaladas. Y he aquí “la única diferencia” en el proceso de producción de una junta Elring para equipo original o aftermarket: las juntas destinadas al recambio son enviadas a una planta logística: Elringklinger Logistic, situada a unos 30 km de la fábrica de producción, “por razones logísticas”, donde son embaladas y después reenviadas al almacén de la planta donde han sido producidas.

“La única diferencia con primer equipo es que las juntas para aftermarket son empaquetadas en otra planta logística antes de volver al almacén”.

Y precisamente el almacén logístico para aftermarket sería la siguiente parada de nuestro tour particular. Un almacén completamente automatizado, “con un sistema de organización inteligente”, apuntaba Cortés, que ordena las referencias en horario nocturno siguiendo una clasificación caótica, con 9 puertos y 7.000 piezas para tabular.

La cantina situada en las instalaciones más modernas nos esperaba, como también lo hacía Andreas Gärtner, para disfrutar del almuerzo antes de continuar con la segunda visita: más corta pero igual de intensa, volvimos a ser testigos del proceso productivo de las juntas, tocamos y comprábamos la resistencia de las tapas de válvulas y los carters de camión, y mientras atravesábamos el almacén dirigiéndonos a la salida, Blessing, destacaba el servicio que también ofrecen en el departamento de prototipos de Elring para fabricar juntas para vehículos especiales: Fórmula 1, y coches clásicos que ya no encuentran estas piezas en el mercado: “Sólo necesitamos una parte de la junta, y con la tecnología de que disponemos somos capaces de diseñar el resto de la misma y fabricar una nueva”, apuntaba nuestro anfitrión mientras llegábamos al final de nuestra visita.

Cargados de motivos para seguir confiando en Elring, y de argumentos que transmitir a sus clientes, nos dispusimos a disfrutar de la oferta cultural de Sttutgart, la jornada no había hecho nada más que comenzar…

Oktoberfest

Ya conocíamos su pasión por el motor, su gastronomía, y acabábamos de empaparnos de ‘razones Elring’, pero aún nos faltaba disfrutar de su folclore y de uno de los emblemas de la ciudad: Oktoberfest, el festival de la cerveza que pondría la guinda a una experiencia digna de recordar.

Me recordó a una feria de pueblo, de esas tan nuestras con las que despedimos cada septiembre el verano, pero a lo grande, muy a lo grande, como lo hacen todo los alemanes, y acompañada por impresionantes carpas que se sucedían a lo largo de un recinto ferial del que el mal tiempo no conseguía disuadir a la gente: pero son locales, están más que acostumbrados. Blessing, Cortés y Vía, sabían a dónde iban y estaban impacientes por compartir con el resto una de las tradiciones alemanas que aseguraba pasar un excelente rato. Y así fue: lleno hasta la bandera, conforme íbamos entrando en la carpa nos sorprendíamos, era mucho más grande de lo que esperábamos. Con buena comida, excelente cerveza, y mejor compañía, al son de una banda de música la fiesta se alargó hasta bien entrada la noche, en un ambiente festivo la relación entre los presentes se hizo aún más evidente: Oktoberfest y sus anfitriones no defraudaron.

“En un ambiente festivo la relación entre los presentes se hizo aún más evidente: la fiesta de la cerveza y sus anfitriones no defraudaron”.

Adiós con el corazón

El corazón decorativo que nos esperaba a cada uno de los integrantes del viaje en nuestras respectivas habitaciones al llegar al hotel indicaba el momento de la despedida… último desayuno alemán, paseo matutino por el oulet, maleta y billete en mano, y pusimos rumbo al aeropuerto dando por finalizada nuestra experiencia ‘Elringfest’ de la que durante los días posteriores, los protagonistas del viaje seguían dando buena cuenta en el grupo de WhatsApp creado para la ocasión intercambiando comentarios y mensajes de agradecimiento entre ellos y con los anfitriones de una experiencia para el recuerdo.

Elring

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