Con nueve años mis padres ya me mandaban solo durante un mes a un campamento de deportes en Austria, con niños de numerosos países, estudiaba en el colegio alemán de Zaragoza…”. Cuántas veces conociendo la historia de una persona se puede llegar a explicar su trayectoria profesional posterior. Como la de este directivo maño, director en España de una multinacional alemana con apenas 32 años (hoy tiene 46) y preparando su segundo ‘Ironman’, prueba deportiva exigente donde las haya. Y todo está ahí, en un par de líneas de su biografía…

Y es que Juan Lanaja, director general de Bilstein Group desde que la compañía se instalara en España hace catorce años, es un profesional singular, por la precocidad con la que asumió la responsabilidad, que le ha hecho crecer personalmente ejerciendo la misma función (ahora es un director general muy distinto del que fue), y también por los retos deportivos a los que se enfrenta, que marcan igualmente una manera de ser ante la vida. Ya saben que no somos una revista al uso, que partiendo de que las empresas las hacen las personas nos gusta acercarnos a ellas y acercarlas así a nuestros lectores, para que conociendo mejor a sus responsables conozcan mejor las empresas con las que en muchos casos trabajan, facilitando que las relaciones fluyan. Pero en esta ocasión damos un paso más, poniendo en valor no sólo al profesional que ha conseguido, como es el caso, desarrollar una historia de éxito, sino también las cualidades humanas que le han llevado a escribirla. Y a su casa en Zaragoza nos fuimos para que nos contara…

LA MARCA DE LOS PADRES

Nacido el 1 de junio de 1973 en Zaragoza (cuatro años antes de que naciera su única hermana, Iciar), sus padres, especialmente su madre, que fuera gerente en Aragón de la multinacional de seguros AGF, marcaron sin duda su vida, tanto su personalidad como incluso su trayectoria. Padres preparados, de mentalidad abierta, que no sólo le proporcionaron una feliz infancia sino también una educación y unos estudios (que son cosas diferentes) que iban a resultar determinantes en su futuro. Porque esas experiencias en Austria de niño supusieron, además de forjar un carácter internacional y un espíritu deportivo, acelerar su proceso de maduración: “Viajar solo a esa edad a un país extranjero y estar durante un mes fuera de casa sin duda hace que aprendas desde muy pronto a valerte por ti mismo. Y recuerdo que en uno de esos primeros vuelos yo iba con una bolsita colgada del pecho donde llevaba el pasaporte, Y cuando salí del avión y me recogió la azafata se había quedado en el asiento. No se me olvida cuando en la aduana me lo pidieron y me toqué el pecho… se me caía el mundo, y allí no estaban mis padres para solucionármelo. Ese tipo de experiencias me hicieron madurar antes de tiempo”. Y dónde quisieron sus padres que estudiara también ha sido decisivo en su experiencia posterior: de niño en el colegio alemán, “que indudablemente ha tenido mucho que ver con que haya acabado trabajando en Bilstein Group”, y luego en los Estados Unidos, donde cursó el último año de bachiller y COU, “y además de aprender muy bien inglés me sirvió para adaptarme a una sociedad muy competitiva y conocer también el deporte de competición”.

Sus padres marcaron sin duda su vida, tanto su personalidad como incluso su trayectoria. Padres preparados, de mentalidad abierta, que no sólo le proporcionaron una feliz infancia
sino también una educación y unos estudios que iban a resultar determinantes en su futuro.

Es plenamente consciente de lo que le ha aportado: “Yo comencé a vivir muy pronto, por esa educación liberal que me dieron mis padres, por dejarme volar tan pronto enviándome a aquellos campamentos fuera de España, por darme la oportunidad de irme a EE.UU a estudiar durante dos años… está claro que todas esas vivencias me han marcado y han hecho que creciera más aceleradamente”.

No es de extrañar que, como él mismo afirma, “tuviera una evolución profesional muy rápida”, por ejemplo asumiendo ya la dirección comercial de una fundición de acero con 26 años, recién terminado el máster tras haber acabado su carrera… Pero no adelantemos acontecimientos.

En cualquier caso, la marca de sus padres no se quedaba ahí. También en cómo los genes y su ejemplo han calado en su personalidad: “De mi madre creo que tengo mucho, especialmente la fortaleza para salir de situaciones incómodas, la entereza para afrontar los problemas y esa capacidad suya para quererlos resolver en lugar de esquivarlos. Siempre he apreciado tener calidad de vida, y eso implica tener el menor número de problemas posibles, por lo que lo que hay que hacer es afrontarlos y resolverlos. Y de mi padre (al que perdió el pasado año) dicen que soy su vivo reflejo, y no sólo físicamente, también en los gestos, en la manera de hablar… Y es curioso, pero me voy pareciendo más a como él era -más calmado, más reflexivo, más sensible- con el paso de los años”.

EL CAMINO HASTA FEBI ESPAÑA

Y con esos mimbres regresó a España para estudiar la carrera, Dirección y Administración de Empresas en ICADE, en Zaragoza, para complementarla después con un Máster de Comercio Exterior, también en ICADE pero esta vez en Madrid. E inmediatamente empezó a trabajar. Ya lo había hecho antes, en bares de amigos poniendo copas: “Soy una persona muy extrovertida, que me encanta hablar con la gente, muy relaciones públicas… Y en ese tiempo era un lujo trabajar ahí, porque además de ganar dinero conocías a mucha gente. Y aprendí mucho, fue un máster acelerado en gestión de personas, porque por la noche y con copas no hay barreras emocionales, la gente está desinhibida, se transforma, y aparecen las personas como realmente son… Y aprender a gestionarlo fue algo que hoy me sigue resultando útil incluso a la hora de negociar”.

Su primer contrato fue en una empresa de transportes, que le hacía la logística a Opel España (otra experiencia que le iba a resultar muy útil, “por aprender de logística y por la presión que suponía hacerlo para una compañía como Opel en el que el nivel de exigencia era altísimo, con fuertes penalizaciones si no cumplías con las entregas”. Después Aceros del Ebro, como director comercial, donde pudo poner en práctica lo aprendido en el máster de Comercio Exterior, una labor que le abriría las puertas de su siguiente destino, con el que entraba en el sector…

“En 2001 llegué a Airtex (fabricante de bombas de agua), a su departamento de Exportación, donde estuve casi cinco años. Y siempre estaré muy agradecido a la oportunidad que me dio de entrar en este sector. Además suponía la primera multinacional extranjera en la que trabajaba. Y tuve la suerte de que José Miguel Guinda, que dirigía la empresa, me diera mucha libertad. Nunca me dijo lo que tenía que hacer. Y fui capaz de abrir mercados, de gestionarme mi trabajo y de hacerlo satisfactoriamente. Ya entonces dependía de mis resultados… Además aprendí mucho del sector a nivel internacional y por supuesto de los grupos internacionales. Fue en una empresa donde me encontraba estupendamente, y estoy seguro de que hubiera podido ir evolucionando… pero surgió la oportunidad de mi vida. Pero si la conseguí fue gracias a lo que me había dado Airtex, así que le estaré siempre agradecido”.

La llamada es de un ‘head hunter’ de Madrid, que le cuenta que hay una multinacional alemana del sector del recambio del automóvil que va a instalarse en España, que se han fijado en su trayectoria y proyección profesional y quieren conocerle: “Que te surja una ocasión así a los 32 años no te lo esperas. Crees que no serás el elegido. Pero si había sido capaz de gestionar 23 países, en Europa y Sudamérica, ¿por qué no iba a tener éxito en mi propio país, en mi idioma, mi cultura y pudiendo atender de cerca el mercado? Y a pesar de mi inexperiencia no dudaba de que podía liderar el proyecto, aunque fuera en un país tan competitivo como España y sabiendo que ya íbamos tarde…”.

LA EVOLUCIÓN PERSONAL

“Para llegar alto en el mundo de la empresa, cuando no cuentas con amigos, con contactos que te abran las puertas, has de demostrar a quien te tiene que contratar, a quien tiene que confiar en ti desde la distancia, que tienes el carácter, el liderazgo para gestionar el proyecto. Y con ese espíritu fui a la entrevista”. Le eligieron.

Pero esa forma de entender el liderazgo condicionó su manera de ejercer la dirección: “Es que tenía también que demostrar que a pesar de mis 32 años contaba con lo que había que tener para que un alemán de apellido Bilstein creyera e invirtiera en mí, cuando en ese proceso de selección estaban profesionales más preparados y con más experiencia que yo. Y asumir esa responsabilidad significó centrarme mucho en mí, en mostrar mi personalidad, en hacerme valer, en echarme a la espalda la compañía, las decisiones…”.

Pero el Juan Lanaja de 46 años no es el de 32. “Gracias a Dios”, apostilla. De hecho, cuando cuenta cómo ha sido esa evolución se emociona… algo impensable en otro tiempo: “La mitad de mi trayectoria como director de Bilstein Group yo he sido más como Maita Sancerni, mi madre, con su entereza, con esa personalidad dura. Pero ahora soy más como Javier Lanaja, mi padre, más de sentirme en paz conmigo mismo, más sensible. Hoy lloro delante de mi equipo de dirección, que me ha pasado. Y si hace ocho años era un síntoma de debilidad, hoy lo es de fortaleza. Es curioso cómo se puede evolucionar tanto de sentir ganas de llorar y no dejarme ir por no parecer un blando a ahora asumirlo con total naturalidad: ‘si me emociono, por qué me voy a contener’. Y me da igual cómo reaccionen los demás. Sinceramente es una pena que no todo el mundo pueda tener esta evolución, que te permite descansar mejor por las noches, compartir más con tu familia, con tus amigos, estar más pendiente de las necesidades de los demás… Y que conste que no he dejado de ser como mi madre en mi fortaleza para ponerme objetivos y sacarlos adelante, pero siendo mucho más calmado, más generoso, más sensible con las cosas. Y me gusta ese nuevo Juan Lanaja, no me da ningún miedo, al contrario”.

Una evolución con resultados concretos en el ámbito profesional: “Antes sentía que me correspondía a mí acabar tomando todas las decisiones, mientras que ahora confío ciegamente en mi equipo. Esa es la gran transformación dentro de la empresa. Porque el mercado también lo percibe y confía en la persona del equipo encargada de transmitir nuestro mensaje, que lo hace con la misma energía que si lo hiciera yo mismo. Y es inteligente no tener que estar en todo, dar un paso al lado y ocuparte de lo que realmente te debes ocupar dejando que otras personas, incluso mejor cualificadas para ese cometido, hagan lo que tengan que hacer en cada momento para ser el complemento perfecto en la organización. Sinceramente, creo que ahora soy mejor líder de la empresa y mejor compañero de lo que lo era hace ocho o diez años”.

Y remata con una reflexión final: “Mi orden de prioridades ha cambiado. Tener calidad de vida lo entiendo de otra manera; no es tener el mejor coche o disfrutar de vacaciones en los mejores hoteles; sino contar con una estabilidad emocional, estar con la gente con la que te sientes a gusto, hacer lo que te motiva, cuidarte, cuidar tu salud, pensar más en los demás, en sus necesidades… Por ejemplo, si tuviera que elegir entre mi trabajo y mi familia no me temblarían las piernas: mi familia, cuando probablemente en otra época no hubiera sido así”.

IRONMAN

En todo ese proceso evolutivo ha tenido mucho que ver el deporte, los retos extremos que decidió incorporar a su vida…: “Yo funciono marcándome objetivos, retos que me ayuden a superarme, tanto profesional como personalmente. Y en esa evolución personal, considero que en un momento determinado que he ido muy rápido en mi vida y que tengo que serenarme para que las personas que me acompañan podamos ir todos a la misma velocidad. Y en casa somos una familia de esquiadores, aunque nunca he sido tan bueno como mi hija, entre las treinta mejores de España en su categoría, pero ya competía siendo un niño. Y esos valores del deporte, del esfuerzo, de la competición, siempre han estado ahí. Y descubrí el triatlón. Y con el ánimo de sentirme bien personalmente me marqué como objetivo disputar un Ironman, casi cuatro kilómetros nadando, ciento ochenta kilómetros en bicicleta y cuarenta y dos kilómetros corriendo. Una auténtica salvajada que supone un sacrificio importante, porque la prioridad sigue siendo mi trabajo, pero que me llena”.

Y explicaba las razones: “Porque pone a prueba mi nivel de exigencia, y eso me motiva, y me ha ayudado a encontrarme a mí mismo: los entrenamientos, la competición, el sufrimiento durante el maratón final, que es lo más duro, la gente que conoces -que si lo está haciendo es por algo-, hasta las crisis que pasas, que las pasas… todo es como una escuela de vida. Porque tienes tus retiros espirituales, tu vida interior, mientras entrenas o compites; porque aprendes de las experiencias vitales de otros, que te hacen valorar más las tuyas; porque lo que te acaba llevando a la meta, por mucho entrenamiento, es tu cabeza, tu capacidad para saber gestionar esas enormes crisis durante la competición… pero nada de eso impide que lo disfrute plenamente”.

El primero lo hizo en 2017, en Zúrich: “Fueron 24 semanas de entrenamiento, seis meses en los que nadé 82 kilómetros, anduve en bicicleta más de 6.000 y corrí más de 600. Y tenía ya un rodaje previo, que llevaba dos años haciendo medias maratones, compitiendo en media distancia de triatlón…”. En julio de 2020, en Vitoria, vivirá el segundo: “Además de un medio Ironman y dos ‘quebrantahuesos’ (carrera que Bilstein Group ha patrocinado), una prueba de 200 kilómetros en bicicleta con un desnivel de 3.500 metros que también te pone en tu sitio, que he hecho durante estos dos años, me quedan de nuevo otros seis meses de preparación. Y sólo espero mejorar mis tiempos, bajar de las doce horas y trece minutos que hice en Zúrich. De los 2.000 participantes, igual llego el 500, pero es que, aunque el triatlón se haya convertido en una forma de vida, tampoco quiero yo renunciar a perderme cosas con mi familia; dejar de disfrutar de comidas o cenas con mis amigos, con lo que me gusta a mí comer; y poderme tomar un buen vino y de vez en cuando mi ron con Coca Cola… No estoy tan ‘chalao”.

“Con el ánimo de sentirme bien personalmente me marqué como objetivo disputar un Ironman, casi cuatro kilómetros nadando, ciento ochenta kilómetros en bicicleta y cuarenta y dos kilómetros corriendo. Una auténtica salvajada que supone un sacrificio importante, porque la prioridad sigue siendo mi trabajo, pero que me llena”. El primero lo hizo en Zúrich en 2017. El segundo será en Vitoria en julio de 2020.

BILSTEIN GROUP, POR DELANTE

¿Y la empresa, qué? Pues como él mismo señalaba,“es la prioridad, porque el tiempo que dedico al triatlón se lo quito a mi ocio, a mi descanso, nunca a mi responsabilidad profesional; de hecho me sirve de estímulo, porque a mí me va la caña. Y la prueba es que tanto en el ámbito profesional como personal podía tener una vida más acomodada y lo que he ido haciendo en ambas vertientes es complicármela. De hecho Bilstein Group me lo ha dado todo y de alguna manera es mi manera de agradecer a la empresa la vida que tengo hoy. Porque me podía haber quedado en el polígono de Malpica haciendo una parte de la logística y desde Alemania el resto, o podría estar trabajando en otro lado, pero les quiero seguir demostrando a quienes confiaron en mí, a mis compañeros alemanes también a mi equipo en España que existe un vínculo que me ata a este proyecto, un proyecto a largo plazo con el que estoy comprometido. Por eso no paramos de crecer, de evolucionar y de apostar, empujando a mis accionistas para que decidieran invertir al nivel que lo han hecho en España. Y no sé lo que seremos capaces de hacer, pero no le veo techo a este proyecto”.

“El tiempo que dedico al triatlón se lo quito a mi ocio, a mi descanso, nunca a mi responsabilidad profesional; pero me sirve de estímulo, porque a mí me va la caña. Y la prueba es que tanto en el ámbito profesional como personal podía tener una vida más acomodada y lo que he ido haciendo en ambas vertientes es complicármela”.

No deja de sorprender cómo su manera de afrontar la vida influye también en su forma de abordar el negocio. ‘Sin miedo a nada ni a nadie’: “Nos queda mucho recorrido, empezando por ayudar a nuestra distribución en esta situación de mercado que yo defino como ‘interesante’, porque inmediatamente nos alarmamos, se frenan las inversiones, y nosotros sin embargo lo que hacemos es invertir en más stock, más personal, yendo en fin contracorriente, porque curiosamente es cuando mejor nos movemos; cuando más revuelto está el mercado, más necesitan nuestros clientes de soluciones”.

Un negocio que ha vivido una evolución similar a la de su director general: “Empezamos diciendo que en Febi Bilstein vendíamos logística, porque éramos una empresa atípica. El distribuidor compraba el disco de freno a Brembo o a TRW, las pastillas a RH o ICER, y llegamos nosotros como un proveedor diferente, con un abanico de productos enorme para suministrar. Luego dijimos que vendíamos soluciones, ya no sólo logística sino que ayudábamos a vender en el taller, dábamos con nuestro ‘business inteligent’ información de lo que se debía tener en stock; hablábamos de rentabilidad de producto… Y hoy Bilstein Group lo que vende es confianza. ¿Y cuántos pueden decir que venden confianza? ¿O que el cliente le compra confianza?

Sólo se consigue con perseverancia, con constancia, esfuerzo y haber mantenido una misma línea desde el principio, evolucionando, creciendo”. Y terminaba cerrando el círculo: “Hoy tenemos una relación con nuestra distribución mucho más profunda, más de verdad. Una relación profesional, claro: hacemos negocio, pero también nos ayudamos mutuamente desde la confianza plena. Nosotros confiamos en el distribuidor para distribuir nuestras marcas, y ellos confían también en nosotros, ya no por los precios o la rentabilidad, sino porque saben que no les vamos a dejar nunca en la estacada. Desde hace dos años estamos trayendo clientes a nuestras flamantes instalaciones para que la gente conozca este proyecto, no sólo las grandes inversiones que reflejan la dimensión de los metros cuadrados construidos y los que tenemos por construir, sino para que conozcan los valores de Bilstein Group y de las personas que trabajamos con ellos. Y en muchos casos nos acabamos conociendo de verdad… porque compartimos con ellos entrenamientos, bicicleta o esquís… Es nuestra otra dimensión, que traspasa la barrera de lo profesional. Y aunque otras compañías multinacionales ponen trabas (el maldito ‘compliance’) para relacionarse de esta manera con los clientes, a mí por suerte me lo dejan hacer y son varias las pruebas que patrocinamos y compartimos con ellos”.

El apoyo de la familia

Durante toda la entrevista, sentados en la terraza de su casa en Cuarte de Huerva, localidad muy próxima a Zaragoza, Juan Lanaja tiene muy presente a su familia, a la que forma junto a su mujer Susana y su hija Ainara (16 años), pilar básico de su vida: “Sin la estabilidad emocional que me da mi familia no estaría donde estoy profesionalmente ni podría hacer lo que hago en mi vida personal”, repetía con casi las mismas palabras en más de una ocasión. “Desde los 18 años, 28 ya, llevo con la misma persona, y yo que necesito de esa estabilidad puedo decir que he tenido mucha suerte”. Pero lo llamativo de esta historia es que su familia es, efectivamente, su principal soporte también a la hora de enfrentarse a los grandes retos deportivos, como el Ironman, que va a disputar por segunda vez, que le exigen grandes sacrificios: “Mi familia me tiene que acompañar, y la decisión de cuándo los abordo lo consensúo con mi mujer. Es un volumen de entrenamiento y unas pruebas tan duras que si no tienes ese apoyo de la familia, porque sabes que vas a estar 24 semanas, seis meses con tu vida absolutamente condicionada por ello, no podrías hacerlo. Y tengo la gran suerte de que Susana, mi mujer, me acompaña literalmente, ayudándome en mis entrenamientos. Porque llega el fin de semana, y después de hacer cuatro horas de bici, 120 kilómetros, me pongo a correr otros 20, y ella se monta en su bicicleta de montaña y va a mi lado esas dos horas para aportarme los geles y que me vaya nutriendo y alimentando”.

Pero Juan Lanaja va todavía más allá: “Es que yo hago el Ironman con muchísima más motivación porque sé que tengo un apoyo incondicional a mi lado. Y cuando llega el día si no tuviera allí a mi mujer y a mi hija no sería capaz de hacerlo. Hay un vídeo de mi llegada a meta cuando hice el primero en 2017 que cada vez que lo veo me emociono… esa sensación de reencontrarme con mi familia, después de estar doce horas conmigo mismo, ir de más a menos, empezar disfrutando en el agua, más todavía en la bici porque es lo que más me gusta, aunque ya tienes las primeras crisis, para terminar con una maratón, 42 kilómetros en los que el sufrimiento es por momentos insoportable, sentir el aliento de tu familia para mí es imprescindible. Y me juré que volvería a hacer un Ironman (será el 12 de julio de 2020) sólo por recuperar aquellas emociones que viví en Zúrich, para volver a reencontrarme con ellas en la meta, aunque espero que en menos tiempo que entonces (12 horas y 13 minutos). De verdad que estoy deseando que llegue ese instante, ese momento de felicidad plena”.

2 Comentarios

  1. Creo que deberíamos hacer presidente del gobierno a personas así. Un ejemplo de cómo se puede evolucionar desde el pardillo que se deja el pasaporte en el asiento del avión -a pesar de tener que llevarlo colgado del cuello como le han dicho sus papás- a todo un JASP hiperpreparado para cualquier evento. Son superhombres o supermujeres listos para enfrentarse a lo que les venga por delante.

Dejar respuesta

Introduce tu comentario!
Introduce tu nombre
Información sobre protección de datos
Responsable: Market Version Press.
Fin del tratamiento: Controlar el spam, gestión de comentarios.
Legitimación: Tu consentimiento.
Comunicación de los datos: No se comunicarán los datos a terceros salvo por obligación legal.
Derechos: Acceso, rectificación, portabilidad, olvido.
Destinatarios: Tus datos se alojarán en los servidores de CDMON 10DENCEHISPAHARD, S.L. (UE).
Contacto: prensa@autopos.es
Información adicional: Más información en nuestra política de privacidad.