Hacía mucho tiempo desde que la expelirrosa no escribía una nueva entrega. Supongo que se habrán dado cuenta… Así que les seré honesta, porque la honestidad es una cualidad muy importante, y más en estos tiempos que corren tan complicados.

MAP siempre lo dice. Dice que los periodistas, ante todo, deben ser honestos. Y tiene toda la razón porque, si bien la objetividad y la imparcialidad parecen una quimera, la sinceridad y la honestidad no lo son. Son reales. La cuestión es que ser honesta ahora pasa por confesarles que llevaba mucho tiempo bloqueada, sin saber muy bien sobre qué escribir. Se me agotaban las experiencias personales y estaba en una etapa de ‘sequía’. A veces es difícil estar a la altura y más llevando tan poco tiempo en el sector.

Y de repente la crisis del coronavirus. Mucha información para asimilar de golpe, hasta para un profesional de la información. También somos personas y no sólo lo digo haciendo un guiño a nuestra sección. Y, dicho sea de paso, como somos personas, nos relacionamos y no estamos exentos de empatizar. Y es precisamente esa empatía la que me ha devuelto la capacidad de escribir…

Cuando estalló todo esto en AUTOPOS nos organizamos de la mejor forma que supimos para ofrecerles la mejor información, la más completa. Es nuestra labor. Lo primero que yo hice fue trabajar en un artículo sobre cómo iba a gestionar la distribución esta crisis. Y lo más evidente para la periodista era empezar preguntando a Reynasa, porque Madrid es la región de España más afectada. Y como muestra, un botón: en estos momentos hay 14.597 contagiados y 1.825 decesos, sin ir más lejos. Unas cifras escalofriantes.

De modo que inmediatamente llamé a su director general Antonio López, y me lo contó todo. Cómo iba a organizarse y qué estaba haciendo por el momento. También cómo entendía la situación. Fue completamente transparente y no tardó en decirme que podía publicar absolutamente todo lo comentado. Profundamente agradecida por tu honestidad, Antonio.

Ponerme las ‘gafas de pelirrosa’ pasa en esta ocasión por ponerme seria: en esta maldita crisis no hay ganadores ni perdedores. No hay tiburones ni víctimas.

La cuestión es que López estaba preocupado por la salud pública y, sobre todo, por sus empleados. No sabía qué hacer para no perjudicarles. Su voz sonaba sincera. Y es que los empresarios cómo él también son personas, ya lo dije en mi artículo entonces…

Y ahí acaba mi historia. Ahora viene mi conclusión, porque ponerme las ‘gafas de pelirrosa’ pasa en esta ocasión por ponerme seria: en esta maldita crisis no hay ganadores ni perdedores. No hay tiburones ni víctimas, porque nos afecta a todos y eso incluye a los empresarios. Por eso veo necesario que los trabajadores, como yo, nos metamos en sus zapatos. Y también que ellos se metan en los nuestros, porque nosotros también tenemos problemas.

Está situación es descorazonadora. A todos nos toca lidiar con el miedo, con la ansiedad, con el dolor y con el insomnio. Porque 19.211 personas han perdido la vida y 424.657 se han contagiado en el mundo por el momento. Y subiendo. Da miedo. Así que, por favor, alejemos el odio, que no hace bien a nadie en estos momentos, y abracemos la empatía.

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