La ecuación no sale

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Aunque por todos es sabido la precaria situación que atraviesan los talleres españoles, recientemente hemos conocido un dato que pone los pelos de punta: el volumen y la tipología de las reparaciones realizadas durante el pasado año tan sólo fueron suficientes para cubrir la actividad de unos 25.000 talleres.

Para hacernos una idea de lo que esto representa, basta con comprobar que las redes de posventa en España engloban actualmente a unas 45.000 empresas. Salta a la vista que la ecuación no cuadra, lo que implica que si no somos capaces de despejar las distintas incógnitas que hoy por hoy se ciernen sobre nuestro sector, éste acabará por redimensionarse, con la consiguiente pérdida de puestos de trabajo -a sólo tres técnicos por taller ya implicaría la destrucción de 60.000 puestos de trabajo-. Y esto sí que es matemática pura.

Son muchos los indicadores que explican cómo hemos llegado a este punto. El primero, y más obvio, es la caída de la propia actividad de los talleres tras el estallido de la crisis, que ya acumula un descenso de en torno al 15%; sólo en el último año las reparaciones descendieron un 5% y las previsiones para este ejercicio apuntan a una bajada en torno al 3%.

Además, según señala el último informe de Snap-On para Ganvam (relativo al tercer trimestre del pasado año), la contribución del área de posventa supuso tan sólo un 26% de la facturación total de los concesionarios, mientras que su peso en el resultado final disminuyó seis puntos porcentuales, hasta situarse por debajo de las dos terceras partes.

Por otro lado, el envejecimiento a pasos agigantados del parque automovilístico español -en el que un 43,7% de los turismos supera ya los diez años- hace que los vehículos a reparar sean cada vez más antiguos, lo que supone unos menores márgenes de beneficio para el taller.

A modo de ejemplo, el importe medio de la reparación de un vehículo con diez años de edad es un 12% inferior a la de un coche cinco años más joven, tal y como refleja un reciente informe de Audatex.

Y es que no podemos olvidar que los coches más jóvenes no sólo se reparan más -ya que están cubiertos por la garantía del fabricante-, sino que además disponen de componentes tecnológicos más avanzados que exigen cierto grado de especialización y, por consiguiente, generan facturas más elevadas.

A la vista de todos estos factores queda clara cuál es la fórmula para resolver el problema: renovar el parque automovilístico, algo que pasa necesariamente por la introducción de un “plan de subvenciones a la compra con retorno” –permítanme que lo llame así- ya que, como se vio en el caso del Prever y el 2000E, no supone un gasto para el Estado, sino una inversión que se recupera con creces a través de los impuestos correspondientes.

Y en este caso está comprobado que la ecuación sí cuadra.

 

Juan Antonio Sánchez Torres es presidente de Ganvam.

Elring

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