La ministra Teresa Ribera condena el diésel a muerte

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El debate acerca del diésel lleva varios años abierto. Comenzó con el caso ‘Dieselgate’ y desde entonces no ha hecho más que incrementar su trascendencia mediática. La última en pronunciarse ha sido la ministra de Transición Ecológica, Teresa Ribera: “El diésel tiene los días contados”, ha dicho. Y claro, sus palabras han generado el lógico revuelo.

 

Y es que las palabras de la ministra se producían apenas 24 horas después de haberse reunido con José Vicente de los Mozos, presidente de ANFAC, patronal de constructores de vehículos. Por eso tenían aún más contenido.

Es de prever que desde ANFAC trasladaran su malestar por las medidas con las que el Gobierno había anunciado ‘castigar’ al diésel: incremento en el precio del combustible, mayor carga fiscal para los vehículos que se vendieran con dicha motorización… la patronal se había afanado en exponer de hecho su oposición durante las últimas semanas en los medios de comunicación.

Pero Ribera, lejos de hacer un guiño, fue de lo más contundente ante la prensa tras la reunión mantenida con ANFAC. Sentenció a muerte al diésel (“tiene los días contados”, dijo), asegurando que “el Gobierno debe plantearse qué señales fiscales, qué señales regulatorias, cómo acompaña a las grandes ciudades en ese proceso de cambio”.

Sus palabras mostraban una actitud muy clara respecto a esta tecnología: “Durará más, durará menos, pero sabemos que su impacto en partículas, en lo que respiramos, es lo suficientemente importante como para ir pensando en un proceso de salida”.

Ribera ha añadido que no se puede culpabilizar a quien compra un coche diésel y por eso, para ayudar a hacer los usuarios consumidores “más responsables”, el Gobierno implementará diferentes medidas tratando de ayudar a los compradores a “discriminar de una manera intuitiva, natural, sin tener que hacer un análisis profundísimo sobre qué es lo que significa cada una de nuestras opciones de compra”. Así de claro se ha expresado la ministra.

Una de las patronales implicadas de forma directa, Ganvam, que lo es de vendedores de vehículos a motor, ha reaccionado rápidamente a las palabras de la ministra. Su presidente, Lorenzo Vidal de la Peña, ha pedido al Gobierno que “encauce la cruzada contra las motorizaciones diésel y evite lanzar dardos sin fundamento contra esta motorización, cuando es un hecho que los nuevos Euro 6 emiten la misma cantidad de partículas que un gasolina, pero menos CO2 por ser más eficientes y consumir menos carburante”.

“Estas afirmaciones suponen un efecto negativo para un sector económico estratégico como es la automoción porque tiran por tierra todo el esfuerzo y la inversión tecnológica realizada en reducir al mínimo el potencial contaminante de estos vehículos”, ha dicho la patronal.

La patronal de los concesionarios, Faconauto, también se ha pronunciado al respecto. Según han dicho, consideran precipitado que el Gobierno sentencie públicamente una tecnología como el diésel, “que está siendo usada por millones de españoles en la actualidad, que forma parte importante de los vehículos que se producen en las fábricas de nuestro país y que se venden en los concesionarios”.

En este sentido, la patronal considera que el vehículo ha de ser contemplado como un aliado para avanzar hacia la descarbonización del modelo de movilidad, que pasaría primero por sustituir los coches antiguos en circulación.

¿Qué hay de cierto?
Pero lo cierto de todo esto es que la tecnología diésel ha avanzado durante los últimos años a un ritmo vertiginoso para tratar de luchar contra el mayor de sus problemas: las emisiones, que en un inicio eran mucho mayores que las de los motores gasolina. Hoy sin embargo la cosa ha cambiado. Durante los últimos 25 años, el diésel ha ido reduciendo drásticamente sus emisiones. Respecto al CO2 ya ganan la partida a la gasolina. En emisiones de NOx y partículas están prácticamente a la par.

Y todo esto sin hablar de desarrollos como el de Bosch, que a día de hoy hacen posible la emisión de un 10% de las emisiones que serían límite en 2020. El máximo se fija entonces en 120 miligramos de NOx por kilómetro y el fabricante alemán lo ha reducido ya a 13.

Dejando a un lado las emisiones, considerando que en España circulan menos de 10.000 coches eléctricos puros (los híbridos aún tienen un motor de combustión…) y que el ritmo de matriculación es el que es (representan menos del 3% del más de millón de ventas anuales), no resulta fácil pensar en un parque sin diésel en un futuro cercano.

Como decía Rodolfe Randulfe, responsable de Comunicación de ANFAC, en un reportaje publicado en el número 81 de la revista Autopos, “los motores de combustión y la energía eléctrica aplicada a los vehículos convivirán durante mucho tiempo”. La patronal de hecho en su memoria anual 2016 hablaba ya de un futuro mix de tecnologías: “No se puede hablar de tecnologías ganadoras, es necesario contar con un adecuado mix que se adapte al uso que va a realizar cada vehículo”. Y en esa ‘mezcla’ introducían todo vehículo electrificado, los GLP/GNC/GNL, lo diésel y los gasolina.

Vamos, que ni el diésel ni la combustión parecen aún condenados a muerte. Ni mucho menos.

1 Comentario

  1. Se le ve la matrícula: preparando el incremento del precio de este combustible sin que nadie proteste por sentirse culpables.
    Ya le vale!

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