Los detalles del congreso

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O como despreciarlos (los detalles). Me lo decía un miembro del comité de Ancera al final de la jornada: “No te quedes con los detalles”. Era porque a él, como a mí, le había resultado grotesco el ‘detalle’ de la irrupción (en el cóctel según se salía de la sala del congreso y al final de la cena) de unas bailarinas mulatas que se movían al son de estruendosos tambores. Cuestión de detalles, sí, pero es que los detalles hay que cuidarlos, porque son los que marcan la diferencia. Y en Ancera, ya se ve, se los desprecia.

map mapPorque si hubiera sido solo eso…

La sala no reunía las condiciones para la celebración de un congreso del nivel que merece la distribución. Dos detalles: las pantallas no se veían completas desde la mitad de la sala para atrás, y estaba todo tan apretado que la cámara que llevaba a las pantallas el escenario no tenía espacio para abarcarlo en su totalidad, de modo que, por ejemplo, había que casi intuir al secretario general de los desguaces cuando intervino.

Sin que se respetasen los tiempos (el congreso se inició con cuarenta minutos de retraso; un detalle más), las ponencias se fueron sucediendo… sin que los ponentes tuvieran ni siquiera un sitio reservado para seguir el congreso antes o después de su participación (ver a Benito Tesier, presidente de la Comisión de Recambios de Sernauto, buscándose un sitio tras abrir el congreso resultó lamentable. Otro detallito).

Y entre las ponencias, vídeos con los que Ancera pretendía celebrar sus cuarenta años de historia… unos recordando a personas y otros recordando las cosas de las que se han hablado en sus treinta años de congresos.

Una oportunidad para haber hecho un trabajo bonito, que sin embargo solo sirvió para salir del paso: porque en los primeros se repetían caras de personajes que con salir una vez hubiera sido ya un honor, mientras se echaba de menos a otros que, con mucho más motivo, hubieran merecido un recuerdo (pero qué se puede esperar cuando a quien se le encarga el trabajo acaba, como aquél que dice, de llegar al sector, dejándole solo ante el peligro; un detalle más). Y en los segundos, más de lo mismo, preguntándose uno, viendo cómo eran introducidos por el propio presidente de Ancera, si los había visto antes (detalle sin importancia).

Por no hablar del embutido. El que nos tuvimos que comer, con tanta ponencia metida en las tripas de una sola tarde que no daba tiempo a digerirlo, cuando las había que directamente resultaban indigestas. Como el detalle (aunque esto no sea responsabilidad de Ancera, o sí, que es la que debe controlarlo), de que la ponencia más tecnológica fuera presentada con un ‘powerpoint’ del siglo pasado. Menos mal que hubo otras, la última por ejemplo, que se dejó saborear.

En fin, que Ancera celebró su trigésimo congreso, “Ancera es digital/Posventa 4.0”, que conmemoraba sus cuarenta años de historia, con un cartel antediluviano, medios audiovisuales de los setenta, powerpoints de los noventa y un infumable espectáculo machista igualmente propio de épocas que creíamos superadas.

¿De verdad este sector se merece esta asociación?

4 Comentarios

  1. No entiendo como nadie hace nada para que tengamos una asociación profesionalizada y deje de ser un chiringuito

  2. Pues a mí estos congresos me hacen sentirme más joven porque es como si no hubiera pasado el tiempo y eso es algo que nos sienta bien a todos……… Gracias Sr. Cuerno

  3. Resulta sorprendente que no se colocaran dos pantallas a mitad de la sala para los asistentes de atrás, como se comenta. Resulta sorprendente que lo más interesante que se dijo en el congreso fue… lo que venía enlatado en vídeos de principios de siglo.

    Resulta alucinante que a estas alturas de la película todavía no se preocupen por buscar una sala adecuada, cuando era una cosa que habían resuelto hace 15 años.

    Lo que se ve es una clara involución y dejadez.

    Resulta sorprendente que una persona que viene a hacer una presentación sobre tecnología y futuro venga con un PPT con una letra ridículamente pequeña.

    Resulta anonadante que las ponencias sean una procesión de gente que viene a vender su pescadilla, no a contar nada interesante o nuevo a la audiencia.

    No nos metemos en detalles de calidades gráfícas, músicas usadas a la mekagüen sin permiso ni criterio alguno, vídeos montados con power point… en fin, parafraseando a Spanish Movie, “qué tecnológico es todo”. Me voy a casa superconvencido con lo del 4.0, que no se qué coño es todavía, pero suena guay.

    Hale, a trabajar con mi guindous 95.

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