“Le conocí hace algo más de tres años cuando me acerqué a hacerle una visita comercial… y desde entonces he ido descubriendo a un tipo que realmente merece la pena personal y profesionalmente. Orgulloso de quienes le precedieron en la empresa (de su abuelo, de su padre), preparado como pocos para gestionarla, le ha cambiado la cara a la vieja Electroauto, haciendo de EA Clima un partner para el distribuidor tan experto como cercano. Pero si es así es porque es como es: una persona muy responsable, comprometida, que se implica más allá de lo convenido… siempre agradecido. Una muy buena persona, padre orgulloso, amigo de sus amigos, permanentemente alegre…”.

Eso escribía en autopos.es de Luis Navarro, director general de EA Clima, un año antes de hacer esta entrevista. Y ya saben que no somos una revista al uso, que partiendo de que las empresas las hacen las personas nos gusta acercarnos a ellas y acercarlas así a nuestros lectores, para que conociendo mejor a sus responsables conozcan mejor las empresas con las que en muchos casos trabajan, facilitando que las relaciones fluyan. Pero ahora, con este reportaje, queremos dar un paso más poniendo en valor no solo al profesional que ha conseguido, como es el caso, desarrollar una historia de éxito, sino también las cualidades humanas que le han llevado a escribirla.

Y cogí mi moto y me fui a buscarle para que me contara…      

El deporte como escuela de vida

Nació un 24 de mayo en Madrid (treinta y nueve años antes de que ese mismo día el Madrid le ganara a su Atleti en Lisboa la Copa de Europa –“¡vaya manera de celebrar mi cumpleaños!”). Era el primer hijo del matrimonio de Luis Miguel y María Ángeles, el único varón de los cuatro hijos que tendrían (sus tres hermanas también trabajan en la empresa).

Con una infancia feliz dentro de una familia acomodada, pronto se encontró con la primera experiencia que iba a condicionar su vida: el deporte. Tres años estuvo jugando al baloncesto con el Estudiantes siendo todavía un crío. Y le condicionó la existencia no sólo porque, como él dice, “el deporte es una lección bastante buena de vida”, sino porque entonces… se hizo del Atleti: “Tenía trece años cuando empecé en el Estudiantes, y entré siendo del Madrid. Pero me dijeron que si quería jugar no lo fuera diciendo (conocida es la mucha rivalidad entre el Estudiantes y el Madrid en baloncesto). Y como siempre ‘siento los colores’ que defiendo, empecé a vivir los enfrentamientos contra el Real Madrid como adversario, acabando poco a poco por ser no solo del Estudiantes sino por hacerme también del Atlético de Madrid, pero sin ser antimadridista”.

Tres años estuvo jugando al baloncesto con el Estudiantes siendo todavía un crío. Y le condicionó la existencia no solo porque, como él dice, “el deporte es una lección bastante buena de vida”, sino porque entonces… se hizo del Atleti.

Hasta hoy, que es de los que viven el Atleti intensamente (hasta no poder ni mirar los partidos), que va al campo con sus hijos vestidos de rojiblanco y que dice que mientras su Atleti no gane la Copa de Europa no se podrá morir tranquilo… Una anécdota vivida con su hijo tras la eliminación del Atleti por el Madrid en las semifinales de la Champions define perfectamente los valores que el deporte le ha enseñado. Me lo contaba por wasap: “Hoy pensaba en lo duro que se le iba a hacer ir al cole y recibir las burlas de sus amigos. Así que le he cogido y le he dicho: ‘cabeza alta y deportividad. Felicita a todos y diles que llegará nuestro momento. Y ese día hijo vas a ser el tío más feliz de este planeta’. Me ha esbozado una sonrisa y se ha ido al cole”.

Primero se buscó la vida

Un accidente de moto, que dejó maltrechos rodilla y tobillo, le acabó retirando de las canchas: “Eran varios meses los que iba a estar de baja, empezaba COU y luego la carrera, así que decidí centrarme en los estudios, que tampoco iba a jugar en la NBA”.

Y sucedió el segundo episodio que iba a condicionar su futuro decisivamente. Con su madre como protagonista: “Yo quería estudiar Medicina, mi vocación, pero una semana antes de selectividad mi madre, que es médico, reunió a una serie de colegas amigos suyos en una cena en mi casa… y me tuvieron dos horas hablándome de las desgracias del mundo de la medicina en España. De aquella cena salí bastante tocado, además de que después la media no me daba para estudiar la carrera en Madrid…”.

Hizo Económicas: “Como mi padre tenía una empresa, y ya que tenía que renunciar a mi vocación, elegí una carrera que pudiera estar ligada con mi futuro profesional”.

Años de universidad que también marcaron su vida: “Entonces conocí a mi mujer, que estaba en mi misma clase. Y además tuve la oportunidad de irme a Italia, a Milán, un año con la beca Erasmus. Y aunque acababa de empezar a salir con Lucía (que así se llama ella) y ya creía que iba a ser la mujer de mi vida, por lo que la separación física me resultaba dura, fue una experiencia muy buena, teniendo la oportunidad de conocer Italia, que no la conocía, de aprender italiano y de conocer gente de otros países que incluso a día de hoy siguen siendo mis amigos”.

“Quería estudiar Medicina, mi vocación, pero una semana antes de selectividad mi madre, que es médico, reunió a una serie de colegas amigos suyos en una cena en mi casa… y me tuvieron dos horas hablándome de las desgracias del mundo de la medicina en España”. Estudió Económicas.

Y acabó la carrera: “Mi padre entonces, emocionado con la finalización de mis estudios, me propuso incorporarme de forma inmediata a la empresa para ayudarle…”. Pero no estaba por la labor: “Yo veía que viajaba mucho, que trabajaba los fines de semana, las angustias que pasaba con la empresa y el desgaste importante que le suponía… y pensé si era esa la vida que quería para mí (tenía 23 años, vivía en casa y mis responsabilidades eran limitadas), así que rehusé incorporarme a la empresa familiar y me puse a buscar trabajo”.

Lo encontró en una multinacional holandesa, como jefe de producto en una empresa de robótica, informática y electrónica: “Me vino muy bien conocer esa parte de la vida profesional: tener un jefe, recibir instrucciones de otro, formar parte de un equipo… Además el director general de la compañía inmediatamente me ‘apadrinó’, y era una eminencia, así que aprendí muchísimo”. Casi cinco años estuvo en aquella empresa.

La llamada de la empresa familiar

Estaban muy contentos con él, de hecho le propusieron un ascenso que suponía llevar cuentas claves, gestionando un equipo de comerciales, además de seguir llevando la relación con proveedores como LG, Fujitsu o Sony, “un serio reconocimiento al trabajo que estaba haciendo”, y se lo proponían la misma semana que LG le hacía una oferta para incorporarle a la compañía… pero su padre, que había enfermado, le da un ultimátum después de que en el hospital le dijeran que su estado físico era precario, que tenía que trabajar menos y dejar responsabilidades y que debería someterse a un trasplante de hígado: “Fue una conversación de padre a hijo bastante dura, porque significaba renunciar a seguir desarrollando mi camino profesional, pero cuando un padre te pide ayuda y más por el motivo que era es muy difícil negarte. Además me estimulaba llevar la empresa a una tercera generación y poder tomar mis propias decisiones, era un reto que también me enorgullecía”.

Su padre, que había enfermado, le da un ultimátum: “Significaba renunciar a seguir desarrollando mi camino profesional, pero cuando un padre te pide ayuda y más por el motivo que era es muy difícil negarte. Además me estimulaba llevar la empresa a una tercera generación…”.

Una decisión que no ha lamentado: “Nunca me he arrepentido, es más, quizá debería haberla tomado antes para haber tenido más tiempo para aprender de mi padre”.

Era 2005 y no fue la única decisión importante para su vida que tomó ese año: también se casó con Lucía, ‘la mujer de su vida’, siete años después de haberla conocido. De familia empresaria (su abuela fundó una muy conocida tienda de ropa en Madrid, que luego gestionaron su madre y sus tías y hoy lleva la propia Lucía), nadie como ella para apoyar a su marido en la decisión de asumir las riendas de la empresa familiar: “Casarme con ella ha sido la mejor decisión que he tomado”.

Junto a su padre sólo pudo estar tres años: “El plan era que él se fuera ocupando más de la parte técnica y yo de la parte comercial y del desarrollo del negocio, pero todo se frustró con su fallecimiento a finales de 2008”.

Hubo de tomar las riendas

“Perdía a la vez a mi padre y al director general de una empresa muy paternalista, donde su figura era muy importante, así que como hermano mayor tuve que encargarme de recomponer la situación familiar y como hijo de mi padre hacerme cargo de la empresa”. Y se puso manos a la obra: “Recuerdo que hicimos una ronda por los bancos para comunicarles la situación y hubo quien nos avisó del momento tan delicado que para una empresa familiar era la sucesión cuando no se hace bien o hay problemas entre los herederos, pero en nuestro caso casi sin hablar asumí el mando en la empresa y nos repartimos las tareas. Mi hermana Olga ya estaba en el negocio llevando la parte legal; la mayor, Silvia, que había trabajado varios años en la consultora KPMG, y siendo también abogada tenía una formación financiera bastante importante, se ocupó de esa parcela; mientras Tamara, la pequeña, que hoy es la directora de compras, entonces todavía estaba estudiando. En ese sentido, cuando las cosas están claras, hay un vínculo tan fuerte como el de ser hermanos y tan buena predisposición entre nosotros, la fuerza que eso imprime a una empresa familiar es muy potente”.

“Perdía a la vez a mi padre y al director general de una empresa muy paternalista, donde su figura era muy importante, así que como hermano mayor tuve que encargarme de recomponer la situación familiar y como hijo de

mi padre hacerme cargo de la empresa”.

Mucho más complicado le resultó hacerse valer ante los empleados: “El equipo estaba hecho y acostumbrado a una dinámica, y se dudaba de la capacidad mía y de mis hermanas para llevar el negocio adelante. Tuvimos algunos problemas internos, saliendo gente para montar una empresa paralela, que aproveché para crear un equipo con cualidades más acordes a mi idea de empresa. Fue un proceso doloroso, porque había personas muy cercanas a mi padre, con muchos años en la empresa, que se cerraron en banda, sin querer aceptar que entrábamos en una etapa distinta que necesitaba otras cosas de ellos”.

Fue el principio de la nueva realidad: “Llegaba con ideas nuevas que funcionaban en un sector como el tecnológico, más evolucionado e innovador, y que entendía que podían ser aplicables a la empresa. Y aunque siempre explico las cosas para que se entiendan y no actuar de manera autoritaria, y a pesar de que les traté de hacer ver que era algo que había vivido, que había funcionado y que deberíamos probar, no conseguí su colaboración. Y el negocio principal había caído y estábamos en plena crisis económica, así que no me quedó otra que actuar. Fue muy duro, pero también una lección muy buena de la que aprender. Por ejemplo a creer en mí. Ahora miro esa etapa por el retrovisor y creo que con aquella catarsis interna iniciamos la etapa actual que tan bonita está siendo”.

EA Clima      

“Cuando tienes una idea en la cabeza y crees que puede funcionar, si le pones corazón y consigues formar un buen equipo que confíe en ti, en la idea que propones, todo es posible”. Y formó ese equipo: “Yo seré la cabeza visible, pero si de algo estoy orgulloso es de la gente que trabaja conmigo, que es la que ha conseguido que la empresa haya crecido exponencialmente en los últimos años, por su ilusión, implicación y trabajo”. Mención especial merece David Pau, su director comercial, y no sólo: “Su aportación ha sido fundamental, es en quien más me he apoyado para desarrollar todo el trabajo que teníamos por delante y buena parte de lo conseguido lleva su nombre”.

Y es que se trataba nada menos que de cuestionar el modelo de negocio: “Lo que pretendía era cambiar completamente el canal de distribución y el modo en que estábamos vendiendo”. Hasta entonces los clientes de ElectroAuto eran especialistas, de ámbito muy local, a través de los cuales el crecimiento era complicado: “Lo que hice fue ponerme a conocer cómo funcionaba el mundo de la distribución en España, porque hasta entonces nadie me lo había enseñado, y empezar a contactar con grandes distribuidores y grupos de compra con los que no habíamos tenido relación…”. Aunque no creía que fuera a resultarle sencillo: “Tenía pocas esperanzas de que después de haber dejado pasar tanto tiempo y siendo un sector tan maduro tuviéramos, primero, la oportunidad de ser escuchados y, segundo, de que se nos otorgase la confianza como para desarrollar un negocio conjuntamente…”.

“Lo que pretendía era cambiar completamente el canal de distribución… y empecé a contactar con grandes distribuidores y grupos de compra con los que no habíamos tenido relación…”.

Pero les escucharon: “La climatización es un producto que sigue siendo muy desconocido para muchos de los distribuidores y requiere de una carga de conocimientos técnicos importante, de un servicio…  y creo que nuestra oferta les resultaba ilusionante en cuanto llegábamos de nuevas y les ofrecíamos soluciones, porque más que una empresa que se dedica a la venta pura y dura lo que proponemos es crear una relación con la que el distribuidor se sienta cómodo vendiendo nuestro producto, dándole el respaldo necesario y abriéndole una oportunidad de hacer crecer su negocio con una línea de producto en la que existe mucho margen de desarrollo”.

Y empezaron a cerrar acuerdos con importantes distribuidores: “El primero que nos escuchó fue Jesús Lucas, de Cecauto, luego también GAU, gracias a algunos socios con los que habíamos comenzado a trabajar que confiaban en nuestro producto y la calidad de servicio que ofrecíamos. Y Antonio López (Reynasa) ha sido para nosotros un padrino profesional, porque no solo nos ayudó a que se nos homologara en Serca, sino que nos presentó a varios de los socios más importantes y tuvo la amabilidad de explicarle al resto la oportunidad que les podíamos suponer. Y también trabajamos con ASER, ADR, Dipart, algunos importantes socios de AD, CGA… Sin dejar de ser selectivos para poder seguir ofreciendo el mejor servicio. La verdad es que es para estar contentos”.

Pero para llegar a esa realidad hubo que pasar por una reconversión de la empresa, que ha supuesto abandonar la antigua ElectroAuto para dar la bienvenida a EA Clima: “Empezamos por poner orden en cuanto a las distintas actividades de una empresa que además se llamaba Talleres ElectroAuto y que nos resultaba difícil de explicar. Y decidimos cambiarle el nombre y crear una nueva compañía con un modelo de negocio basado en distribuir el producto y dar servicio a los distribuidores de recambios, centrando nuestro mensaje por tanto en la nueva tipología de clientes”.

“Empezamos por poner orden en cuanto a las distintas actividades de una empresa que además se llamaba Talleres ElectroAuto y que nos resultaba difícil de explicar. Y decidimos cambiarle el nombre y crear una nueva compañía con un modelo de negocio basado en la nueva tipología de clientes”.

Un cambio de nombre, ofreciendo una imagen mucho más moderna además, que les ha salido bien: “La verdad es que después de 65 años llamándonos ElectroAuto los clientes ya nos reconocen como EA Clima, y reconocen no solo el nuevo nombre o nuestro logotipo, reconocen también nuestra nueva manera de actuar. Y es reconfortante, porque era una apuesta valiente que afortunadamente nos ha salido bien”.

El resultado es que han ido creciendo dos dígitos desde 2012, pasando de una facturación de 4.500.000 de euros a facturar prácticamente 8.700.000 en 2016: “Personalmente creo que lo que he hecho bien es rodearme de gente capaz, con ganas de trabajar y entusiasmo por contribuir al desarrollo de la empresa, y, profesionalmente, transmitir esa ilusión y esas ganas al mercado, siendo honestos y aportando algo diferente a la oferta que existía, además de algo que nunca habíamos hecho, que era comunicarlo apoyándonos en los medios”.

Pero no son solo los resultados económicos los que importan: “Es hacerte cargo de la empresa familiar y ver como al cabo de unos años, cumplidos los 67, está más viva que nunca; que ese proyecto en el que creías, y contigo algunos más en la empresa, hemos sido capaces de sacarlo adelante. Eso es lo que me llena”.

Detrás de un gran hombre…

Primero una gran mujer: “Gracias a Dios mi vida se cruzó con Lucía hace 19 años, y mucho de lo que soy y he conseguido personal y profesionalmente se lo debo a ella”. Toda una declaración que Luis Navarro no hace por hacer: “He aprendido de ella en cuanto a ser mejor persona, a pensar más en los demás, a ponerme en el lugar del otro, a afrontar con serenidad las cosas, sacando lo mejor de mí, dándome además mucho equilibrio… enseñándome que desde la bondad se pueden conseguir cosas importantes”.

Y después, unos hijos que son el motor: “Después de la decisión de casarme con Lucía la mejor ha sido tener hijos. Si hay algo de lo que me siento orgulloso es de tener los hijos que tengo (dos mellizos de siete años y un tercero de cuatro). A mí, por encima de cualquier tema profesional, lo que más me importa es ser un buen padre y que mis hijos vean en mí un ejemplo del que poder coger algunas cosas para ser buenas personas y buenos profesionales el día de mañana”. De momento los dos mayores son destacados deportistas, uno futbolista, al que pretende el Atlético de Madrid (llevan dos años llamándole, pero el padre prefiere que siga disfrutando del juego) y otro doble campeón de España de rugby, jugando de talonador con el Liceo Francés. Incluso el tercero, a sus cuatro años, se estrenaba este año también en el campeonato de España de rugby, “el deporte de equipo que más valores enseña”.

 

 

 

 

 

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