Michael Robinson, el querido ex futbolista y comunicador, ha muerto en Madrid después de una larga lucha contra el cáncer que se ha visto complicada en estos días. A modo de homenaje rescatamos la entrevista que le hicimos para los números 42 y 43 de La Comunidad del Taller, nuestro medio hermano.

Llegó a España para jugar en el Osasuna de Pamplona hace casi treinta años. Y se quedó. Su característico acento forma parte del acervo del fútbol televisado patrio como comentarista de los partidos en Canal + (hoy Movistar +) desde los inicios de la cadena. Pero no es su única aportación ni la más importante al panorama deportivo español. Ligado profesionalmente al Grupo Prisa, en la SER han sido múltiples sus colaboraciones, realizando el programa ‘Acento Robinson’, y en el canal de pago fue responsable del maravilloso ‘El día después’, que dirigió, y lo es hoy de ‘Informe Robinson’, otro fantástico programa que se acerca al deporte desde su lado más humano. Nacido el 12 de julio de 1958 en Leicester (aunque muy pronto se trasladaron a Blackburn), se casó con su novia del colegio y tuvo dos hijos, un chico y una chica.

¿Inglés o español?

“Nadie me preguntó dónde quise nacer, pero sí he decidido dónde quiero vivir; y es en España”.

¿Cuánto me siento de español? Mucho. Es más, en mi familia me consideran anti-inglés, también porque mi madre es irlandesa, e irlandeses y escoceses me caen mejor que los ingleses. Admiro el Reino Unido, pero no sé hasta qué punto lo quiero, y sin embargo sí quiero a España: llevo la mitad de mi vida, 28 años de los 57 que tengo, y nadie me preguntó dónde quise nacer, pero sí he decidido dónde quiero vivir; y es en España.

Yo diría que Reino Unido es un gran país con miles de virtudes y cinco defectos; defectos que me irritan sensiblemente; mientras España puede tener miles de defectos y cinco virtudes, pero esas virtudes me resultan tan sumamente entrañables que puedo aguantar sus muchos defectos; justo lo opuesto a lo que me ocurre con el Reino Unido.

En España se vive la vida, se le da importancia a las cosas que yo le doy importancia, es el modus vivendi, la eterna tertulia, la gastronomía, la importancia de la familia… De momento España no ha sido podrida por el desbocado capitalismo, aunque está en ello, cada vez lo noto más y se va estropeando en ese sentido; pero todavía nada que ver con el Reino Unido.

“Reino Unido es un gran país con miles de virtudes y cinco defectos; defectos que me irritan sensiblemente; mientras España puede tener miles de defectos y cinco virtudes, pero esas virtudes me resultan tan sumamente entrañables que puedo aguantar sus muchos defectos”.

España tiene muchas Españas y es algo alucinante. En todo Reino Unido se come lo mismo, se va a la cama a la misma ahora, hace más o menos el mismo clima, visten igual… En España, no: a veces pienso que cuando sir Winston Churchill hablaba de los Estados Unidos de Europa se imaginaba un lugar como España. Un País Vasco, una Galicia, una Asturias, una Cataluña, un Levante… ¿Y cuántas Andalucías hay? Porque por ejemplo Cádiz es un lugar único. Nuestra mayor virtud es nuestra diversidad, y resulta que esa que es nuestra mayor virtud se ha convertido ahora en nuestro principal problema… Y no lo entiendo, no lo entiendo. Pienso que nos venden un kit de lo que es ser español y si no te cabe el traje es que eres mal español.

Cuando me preguntan los ingleses por los españoles me cuesta casi media hora explicárselo, explicarles cómo son los vascos, los catalanes, las distintas Andalucías, cómo es Extremadura, o Castilla, que lo que comen en el País Vasco no lo comen en Valencia, que visten de manera distinta, que van a la cama a horas distintas, que incluso tienen idiomas propios, su historia, sus raíces culturales…

Es tan sumamente hermosa esa diversidad, tan envidiable para muchos otros países… y nosotros lo convertimos en fuente de conflicto; me resulta irritante.

Campeón de Europa

Fui campeón de Europa, sí, una vez. El Liverpool había ganado mucho. Cuando yo
fiché era ya el mejor equipo del mundo, y si no se ganaba aquello era un velatorio, así que lo que sentí cuando salimos campeones fue alivio. Y eso que ese año ganamos el triplete (Liga, Copa y Copa de Europa) y además la Copa de Europa se la ganamos a la Roma en Roma, cosa que jamás ha ocurrido que un equipo le gane la final a otro en su estadio.

“Lo que a mí me hizo feliz fue que un día el equipo de mi vida pensara que yo tenía las suficientes cualidades para ficharme”.

Pero es que yo nunca he sentido placer ganando en el fútbol, nunca, nunca… Lo que a mí me hizo feliz fue que un día el equipo de mi vida pensara que yo tenía las suficientes cualidades para ficharme.

El primer partido que yo vi fue en Anfield en 1964 (6 años). Y me cuenta mi padre que ya antes de ver salir a los jugadores le dije que quería ser futbolista. Y nunca había visto un partido.

Pero aquella atmósfera, con el estadio lleno, el público de Anfield, sus himnos, sus cánticos… era Disneylandia; y pensaba que los que iban a salir eran héroes. A partir de entonces cada quince días íbamos al campo, siempre temprano para coger sitio porque toda la grada era de pie, a cantarle a esos gladiadores vestidos de rojo que nunca caminarán solos. Jamás podía pensar que un día yo sería uno de ellos…

Cuando ya como futbolista jugué en Anfield de visitante, salías del vestuario a la izquierda y antes de saltar al campo lo último que veías era un gran escudo del Liverpool, que ya te hacía salir algo intimidado. Saltábamos los primeros y allí nunca te silban, te aplauden… cuando se empezaban a oír los primeros acordes del ‘You’ll never walk alone’ (‘Nunca caminarás solo’) y justo en el estribillo saltaban ellos al campo. Como jugador visitante te sentías como oveja camino del matadero, que tu rol era aparecer, perder y volver a casa. Te sentías como un sobrero. Cuando años más tarde salía desde el vestuario de la derecha, vestido de rojo, y saltaba a Anfield escuchando al público cantar el ‘You’ll never walk alone’, y lo cantaban también para mí, ese himno que yo había cantado toda mi vida, que esa veneración por los que salían era también por mí… en ese momento me hubiese cambiado por ser de nuevo un sobrero y jugar sin ninguna obligación con el equipo visitante y no tener que complacer a nadie.

“El primer partido que yo vi fue en Anfield en 1964 (6 años). Y me cuenta mi padre que ya antes de ver salir a los jugadores le dije que quería ser futbolista. Y nunca había
visto un partido. Pero aquella atmósfera, con el estadio lleno, el público de Anfield, sus himnos, sus cánticos…”.

No sé cuántas veces me preguntaba antes de empezar el partido si yo iba a estar a la altura, porque hay que tenerlos bien puestos para recibir tanta idolatría. Es un chantaje moral, te matan con cariño. Yo llevaba el número 10, porque Ian Rush llevaba el 9. Y cuando me preguntó un periodista si siendo de niño aficionado al Liverpool sentía que me pesaba la camiseta, le dije ‘pues claro que me pesa la camiseta, cuando además yo estaba habituado a llevar un sólo número, el 9, y ahora llevaba dos, el uno y el cero’.

Nunca me acostumbré a jugar en Anfield. Y me consolaba que también mis compañeros disfrutaran más cuando jugábamos fuera de casa. Porque, como yo, sentían que nos querían demasiado, mientras que fuera de casa jugábamos como cirujanos: todas las decisiones las tomábamos con la cabeza fría, con mucha más facilidad.

Cuando te están amando tanto, tanto, tanto, a veces olvidas que eres futbolista profesional y te conviertes en alguien que lo que más quiere es complacer al público, y eso no es lo más idóneo para hacer bien tu trabajo.

A mí me mueve el romanticismo, por eso fui mucho más feliz cuando con un pequeño equipo como el Brighton jugamos la final de la Copa contra el Manchester United en Wembley. Había marcado yo en la semifinal el gol de la victoria a falta de catorce minutos, y cuenta en su autobiografía el árbitro, uno de los mejores de la historia de Inglaterra, que yo le pregunté cuánto faltaba cuando marqué el gol, y que hasta que acabó el partido se lo pregunté… ¡18 veces!

Cuando pitó el final lloré. Iba a jugar con mis amiguetes en Wembley, ese niño que quiso ser futbolista iba a jugar en Wembley con unos compañeros que nunca pensamos que tendríamos derecho de jugar allí. Ese día me sentí muy feliz, muy, muy feliz. Y recuerdo que íbamos empate a dos cuando al final de la prórroga me recorrí el campo, me fui de dos, me salió el portero, se la pasé a un compañero y desde la frontal del área falló. Y no sentí rabia, no, porque eso significaba… volver a jugar en Wembley. Sólo después, en verano, pensaba lo cerca que estuvimos de ganar aquella Copa.

Cádiz en el corazón

“No conozco otro lugar que con tan poco vivan tan bien”

Es una mirada lateral de la vida; y a diferencia de otros andaluces, un gaditano no quiere ser gracioso, no hace ningún esfuerzo por serlo, es gracioso y ya está. Y no pide mucho, sólo vivir y dejar vivir, y de alguna forma el club de fútbol es así también. Sí, quiero mucho a Cádiz y a los gaditanos.

¿Que de dónde viene ese cariño? Nada más llegar a España, el día de Reyes de 1987, el Cádiz estaba tan abajo en la clasificación que estaba casi en la otra página. Pero en aquella temporada se decidió prácticamente en abril aumentar los equipos en Primera y que sólo bajara uno. El Cádiz estaba descartado, pero su presidente don Manuel de Irigoyen propuso que se decidiera el descenso en un play-off con el criterio, que acabó comprando la Liga Profesional, de que si hubiesen sabido que solo descendía un club no hubieran arrojado la toalla tan pronto.

Ese play-off lo jugamos el Cádiz, el Racing de Santander y el Osasuna. Pues el primer partido fue en Santander, y el Cádiz, que no había ganado un solo partido fuera de casa en todo el campeonato, ganó. Finalmente bajó el Racing, y fue cuando descubrí que en Cádiz saben algo que no sabemos los demás. Durante siete años se salvó a partir del minuto 87 del último partido. Y le cogí un cariño terrible a ese equipo. Sentía devoción por el Cádiz.

Grande Mágico

El Cádiz tenía un futbolista maravilloso, Mágico González. Recuerdo que íbamos a jugar allí y parábamos en un hotel, ‘Caballo Blanco’, en El Puerto de Santamaría. Castañeda era nuestro central, que fumaba, y era el encargado de marcarle. Y allí estaba nuestro entrenador, señor Zabalza, haciendo hincapié en que había que estar encima del Mágico, que tenía que sentir su aliento en el cogote… mientras Javi Castañeda, fumando y parpadeando muy lentamente, daba la sensación de que no le prestaba atención alguna al míster: ‘¿Javi, me estás escuchando?’, le preguntó. Y Javi, que había secado a Maradona, que era un fantástico marcador, le dijo: ‘sí, sí, te he escuchado, pero primero no sabemos si el Mago va a aparecer o se quedará en la playa tocando la guitarra; segundo, puede que aparezca y no le apetezca, ahora, si aparece y le apetece, a mí no me mires… no tengo nada que hacer’. Era un extraordinario futbolista al que quiso fichar el Barça y cuando se enteró el propio Mágico fue a rogarle a su presidente que no le vendiera. Él no quería jugar en un equipo importante donde la gente esperara algo de él… con lo feliz que estaba en Cádiz, con su playa y su guitarra.

Jugador de Osasuna

“Cuando negociábamos en ningún momento entendí que Osasuna era Pamplona, de hecho buscamos Osasuna en el mapa…”.

El fútbol me había robado la universidad y yo era un futbolista con inquietudes intelectuales, y el fútbol podía compensarme jugando en otro país, conocer otro idioma, otra cultura… Tenía ofertas del Genoa y la Sampdoria, y el que peor me pagaba era el Osasuna, pero en las negociaciones, que llevaba yo directamente, supieron ser muy caballerosos conmigo, transmitirme que yo era importante para ellos, y si tenía que desplazarme con mi joven familia, con mi hijo de apenas unos meses, si tenía que salir de las Islas, quería que fuera a un lugar en donde se nos iba a cuidar, donde me iba a sentir apreciado; no era cuestión de dinero.

Y eso que cuando hablábamos en ningún momento entendí que Osasuna era Pamplona, de hecho buscamos Osasuna en el mapa… Era un reto, algo bonito. Era como ir a la Universidad, un Erasmus muy bien pagado. No se trataba de ganar o perder, sino de vivirlo como un viaje, como una aventura… Y me gustaba el romanticismo.

¿Periodista?

“Durante muchos años me he sentido más director de televisión. Pero es una buena pregunta que me he hecho muchas veces”.

Durante muchos años me he sentido más director de televisión. Pero es una buena pregunta que me he hecho muchas veces. Creo que con el paso de los años me voy sintiendo más periodista. Cuando un miembro de mi equipo viene con una grabación que yo considero incompleta y le empiezo a regañar por no preguntar esto o lo otro, por no ser curioso, es cuando creo que tal vez yo sea periodista, porque soy un tipo inquieto y constantemente curioso, por eso hoy sí me puedo considerar como tal. Lo sorprendente es que haya periodistas que no tienen curiosidad.

Soy de raíces humildes. No puedo decir que me faltaran cosas, pero mi destino era la fábrica o la mina, como aquellos hombres que cuando salía del colegio estaban tomando una cerveza a buen precio en uno de aquellos ‘club man’ donde acudían a la salida de sus trabajos. Eran sindicalistas, hablaban mucho de política, de lo que pensaban… ¿pero quién los escuchaba? Por eso cuando viene un chico a trabajar conmigo yo les señalo los salones de las casas, y les digo que esos salones los estamos invadiendo nosotros, que podemos comunicarnos desde con la abuela hasta con el nieto; que nos dejan entrar en sus casas y eso es un honor, que no olviden nunca que es un enorme privilegio que nos escuchen. Y puedo llegar a ser muy soberbio cuando se les falta al respeto, con esa televisión soez que me produce tanto asombro.

‘El día después’

Se trataba de mostrar la jornada desde un costado; y que Pepe pudiera comentarlo con María. Se llevó el disgusto profesional de su vida cuando finalizó la emisión de “El día después” para sustituirlo en otra cadena del grupo por ‘Maracaná’, un programa en el que sólo participó en su primera emisión: no quería ser cómplice de aquella “bacalá infame”.

Alfredo Relaño (vinculado de toda la vida como directivo a los deportes en el Grupo Prisa, hoy director del AS) contactó conmigo cuando yo hacía un magazine deportivo en el Reino Unido. Quería comprarlo, pero al poco tiempo me invitó a trabajar en Canal Plus ‘para hacer el programa que siempre has querido ver en la tele pero que nunca has visto’. Aunque al rato me llamó para decirme que el programa tenía un inconveniente: ‘Se emitiría los lunes, cuando todo el mundo sabe ya quién ha ganado y ha visto los goles’. Y le respondí, ‘vale, lo intentamos’.

Tuve que volverle a llamar para decirle que mi mujer me preguntaba que si volvíamos a España cuánto me iban a pagar, porque habíamos estado durante días hablando acerca del programa y yo había olvidado preguntarlo.

Después tuve que volverle a llamar para decirle que mi mujer me preguntaba que si volvíamos a España cuánto me iban a pagar, porque habíamos estado durante días hablando acerca del programa y yo había olvidado preguntarlo. Iba a ser poco: el Plus se pensaba entonces que no tenía porvenir, porque había nacido tarde, después de Antena 3 y Tele 5, y encima pidiendo pasta.

El lunes lo que importaba saber ya se sabía, la jornada había acabado, y nosotros llegábamos ‘el día después’ para contar… ¿el qué? Necesitábamos un gran programa, mostrar la jornada desde un costado; y que fuera unisex, que Pepe pudiera comentarlo con María. Un programa que no hubiera que saber la ley del fuera de juego para verlo, que los aficionados fueran también los protagonistas. Un programa que contara cuentos. Hicimos casi una radiografía social utilizando el fútbol como una excusa.

Después de 16 años, Cuatro, cadena también de Prisa, quiso inexplicablemente hacer un programa deportivo en prime time que era una mezcolanza infumable, ‘Maracaná’ se llamó. Nada me ha dolido tanto profesionalmente en mi vida como la pérdida de ‘El día después’.

“Informe Robinson”

“Yo no pregunto a nadie lo que quiere ver en la tele, yo tengo que amar lo que hago”.

Al cabo de un tiempo Canal Plus quiere convencerme para volver a hacer un programa, pero yo no quería saber nada. Durante dieciocho meses me estuve lamiendo mis cicatrices, estaba triste por el final de ‘El día después’. Mi jefe me enseñó un programa que se llamaba Real Sports, que había ganado ocho premios Emmy, y no le hice ni caso. Un mes después me preguntó si lo había visto. ‘Míralo joder’, me dijo. Y lo miré. Le dije que mi pantalla no era suficientemente grande para que saliera el primer plano de un periodista estorbándome… demasiado protagonista. Y según iba poniendo a parir el programa empezó a sonreír: ‘Ja, ya te ha picado. Pues si puedes hacerlo mejor, hazlo’. Yo no pregunto a nadie lo que quiere ver en la tele, yo tengo que amar lo que hago, como me pasó con ‘El día después’. Cuando nos dieron el premio ‘Ondas’ con ‘Informe Robinson’, por su formato innovador y vanguardista, me sorprendió, porque es la manera más antigua de conectar con la gente: sólo utilizo la pantalla para contar historias. No hay nada novedoso, aunque ahora la gente piense que la tele es para blasfemar, enseñar las tetas o decirle a otro que es un mentiroso.

Mi jefe me enseñó un programa que se llamaba Real Sports, que había ganado ocho premios Emmy, y no le hice ni caso. Un mes después me preguntó si lo había visto. ‘Míralo joder’, me dijo. Y lo miré. Le dije que mi pantalla no era sufi cientemente grande para que saliera el primer plano de un periodista estorbándome… demasiado protagonista. Y según iba poniendo a parir el programa empezó a sonreír: ‘Ja, ya te ha picado. Pues si puedes hacerlo mejor, hazlo’.

El ‘Informe Robinson’ en el que más nervioso me he sentido previamente fue cuando fuimos campeones del mundo porque no sabíamos qué podíamos aportar de novedoso. Todo el mundo recordaba cómo lo vivió y tenía su versión sentimental para que unos meses más tarde un puñetero inglés les viniera a decir cómo fue el mejor momento de sus vidas. Pero encontramos el hilo conductor a través de Iniesta, que unos meses antes me confesaba sentirse acabado, que no se reconocía. Luego se lesionó y llegó muy justo al Mundial. Pero el acabado marcó el gol que nos hizo campeones del mundo. Nadie se esperaba que fuéramos por ahí y me quedé satisfecho.

Son muchos los ‘Informe Robinson’, pero el más duro fue el segundo que hice con Seve Ballesteros. Ya le había sido diagnosticado el cáncer. Y para mí era como un hermano. Yo era prácticamente un miembro de la familia Ballesteros. Ver con qué elegancia afrontaba aquello y tener que hacerle yo las preguntas necesarias a mi ‘tronco’, a mi ‘hermano’, era terrible. Yo lloraba, pero no podía hacerlo delante de él, y cuando me empezaba a emocionar me excusaba. Fueron varios días grabando porque yo no podía permitir que Seve me viera así. Él pensaba que iba a salir de la enfermedad; yo sabía que no… Fue muy difícil hacer aquel programa.

Comentarista ¿y del Barça?

El fútbol del Barça de Guardiola es el mayor avance en la historia del balompié. Desde
entonces ningún entrenador le dice a un niño que es demasiado pequeño para ser futbolista.

Yo soy un observador del fútbol, y he logrado un curioso estatus: en Madrid soy culé, y en Barcelona, merengue. Pero yo soy del Liverpool. Y he de decir que cuando era crío mi equipo extranjero preferido era el Real Madrid. De hecho les mandaba cartas pidiendo información y me respondían en inglés, que era todo un detalle en aquella época. El Madrid es el club más laureado del mundo y quien no lo respeta es un idiota. Pero desde que yo empecé a comentar los partidos en Canal Plus, en el 92, era la época del ‘dream team’, luego su prolongación con Rijkaard y por último llegó Guardiola para reinventar el fútbol. El mejor equipo contra el que yo había jugado en mi vida fue el Madrid de la Quinta del Buitre. Eran maravillosos, nunca me había encontrado un equipo tan bueno, pero en los últimos 25 años, en todos mis años de comentarista, reina el Barça. Y su fútbol, que yo jamás imaginaría que llegara a ver, es el mayor avance en la historia del balompié. Cuando yo jugaba éramos atletas, y eran muchos los que tenían que oír que eran demasiado bajitos para ser futbolistas. Pero un año el podio del Balón de Oro eran tres llaveros: Messi, Xavi e Iniesta. A partir de ahí ningún entrenador le va a decir a un niño que es demasiado pequeño para jugar al fútbol. Y también acabó con un mito, el de jugamos como nunca y perdimos como siempre, refiriéndose a que ganar jugando bonito era una falacia. Porque ese fútbol es la raíz de dos Eurocopas y un Mundial para la Selección Española. Y esas victorias españolas han hecho del fútbol un deporte más inclusivo que exclusivo, como es el baloncesto. Porque no hay nadie más grande que el que toca bien la pelota.

El mejor equipo contra el que yo había jugado en mi vida fue el Madrid de la Quinta del Buitre. Eran maravillosos, nunca me había encontrado un equipo tan bueno, pero en los últimos 25 años, en todos mis años de comentarista, reina el Barça. Eso no significa que sea de un equipo u otro.

Es el mayor avance que se ha dado en el fútbol desde que al menos yo empecé a jugar. Y se lo debemos al fútbol del Barça de Guardiola y su prolongación a la Selección Española.

Disfruté mucho con los galácticos. Eran como los Harlem Glober Troters, siempre veías genialidades de Zidane, de Roberto Carlos, de Figo. Pero era un sistema más convencional, no inventaban la rueda, aunque nunca salías del Bernabéu huérfano de espectáculo.

El Madrid no sabe qué juega, hablo en general. Cuando estás fichando entrenadores de todos los estilos, y vas de Capello a Del Bosque, de Pellegrini a Mourinho, es muy difícil. Si me das diez niños de siete años, cinco de la cantera del Madrid y cinco de la cantera del Barça, en diez minutos sé quiénes son los cinco del Barça. Porque un niño lo primero que hace es correr con el balón o golpearlo, pero si el niño juega en la cantera del Barça lo primero que hace cuando tiene el balón es, pum, dárselo a un compañero, como mucho dos toques. La Masía crea futbolistas con una identidad, con un sello. La cantera del Madrid es más prolífica, pero la del Barça le aporta más jugadores al primer equipo.

Yo tengo el privilegio de entrar en los hogares de la gente y lo que no voy a hacer nunca es mentirles. Pero eso no significa que sea de un equipo o de otro. Si el fútbol del Barça lo hubieran hecho otros equipos lo hubiera dicho igual.

1 Comentario

  1. Gran entrevista MAP. Se nos va un grande que amaba el fútbol. Buena persona, gran deportista y enorme comunicador. DEP.

Dejar respuesta

Introduce tu comentario!
Introduce tu nombre
Información sobre protección de datos
Responsable: Market Version Press.
Fin del tratamiento: Controlar el spam, gestión de comentarios.
Legitimación: Tu consentimiento.
Comunicación de los datos: No se comunicarán los datos a terceros salvo por obligación legal.
Derechos: Acceso, rectificación, portabilidad, olvido.
Destinatarios: Tus datos se alojarán en los servidores de CDMON 10DENCEHISPAHARD, S.L. (UE).
Contacto: prensa@autopos.es
Información adicional: Más información en nuestra política de privacidad.