No se la juegues

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Francisco Ureta, presidente de Aesleme (Asociación de lesionados medulares) en Aragón, es el protagonista de un reportaje que publicamos en el número 58 de Autopos, la revista. Tras sufrir un accidente que le provocó graves secuelas físicas se convirtió en formador de seguridad vial y asumió la tarea de hacer conscientes tanto a los fabricantes y distribuidores de recambios, como a los propios talleres, de la importante función social que deben asumir. Una historia y un mensaje que merece la pena recuperar.

En el sector de la posventa del automóvil está cada vez más de moda señalar la importante función social que tiene el taller en la prevención de accidentes. Pero que el mantenimiento de un vehículo le haga más seguro no solo implica a los talleres, sino a todo el canal, fabricantes y distribuidores de recambios incluidos. Sin embargo, a veces se olvida cuáles pueden ser las consecuencias de no asumir esa responsabilidad que tiene cada eslabón de la cadena. Y cuando se habla de coches lo que está en juego es nada menos que la vida. De la mano de Denso, consciente de su responsabilidad como fabricante de componentes, Autopos se ha acercado a conocer la realidad de quienes han sido víctimas de un grave accidente de tráfico, a través de Aesleme, asociación de lesionados medulares, para conocer de primera mano lo que se pone en riesgo cuando no se hacen las cosas como debieran.

Se llama Francisco Ureta, preside Aesleme (asociación de lesionados medulares) en Aragón y un accidente de tráfico le dejó sin movilidad en las piernas y seriamente afectados un brazo y las cervicales. Pero desde que fue capaz de asumir su nueva vida no ha dejado de poner todo de su parte para que otros no pasen por lo que pasó él. Formador de seguridad vial, su actividad no se limita a enseñar a “malos” conductores por qué conviene tener un mejor comportamiento al volante o concienciar a niños en los colegios sobre los peligros de la carretera, sino que se apunta a lo que haga falta para hacer llegar su mensaje hasta donde sus posibilidades se lo permitan. Y va de circuito en circuito implicando a los pilotos en su causa, les da la lata a los políticos, escribe siempre que le dejan en los periódicos, sale en la tele… Tan activo es, que en 2011 la Universidad de Zaragoza, a través de su Facultad de Educación, le premió por su labor educativa, “introduciendo en las aulas la educación vial, educando en valores, en el respeto a la vida…”. Ha cogido esa bandera y desde su silla de ruedas la pasea con ejemplar energía.

Miguel Portolés, director de Denso en España, le había conocido y se había quedado realmente impactado con su testimonio. Y creyó que podía ser interesante aportar su experiencia al sector de la posventa del automóvil, tan relacionado con la seguridad vial pero, por otra parte, tan alejado de la realidad social que entraña. Además entendiendo que el propio sector, en todos sus niveles, debería compartir un compromiso social que no le es ajeno.

El mantenimiento del vehículo, factor humano
Nosotros analizamos muchos accidentes, y es normal encontrar frenos en mal estado, lámparas tan quemadas que apenas proyectaban luz, los amortiguadores originales del vehículo siendo muy antiguo, neumáticos gastados… pero la falta de mantenimiento de un vehículo no es que sea ya trascendental en sí misma o que solo afecte a los componentes de mayor seguridad, sino que cualquier avería que pare el coche en carretera supone un peligro potencial muy alto, como demuestra la cantidad de accidentes ocurridos en esas circunstancias con consecuencias siempre muy graves, como los muchos atropellos que se producen cuando los conductores deben abandonar el vehículo para avisar de la avería o señalizar correctamente la zona. Averías ocasionadas en gran medida por las carencias de calidad y prestaciones en cuanto a los componentes montados en esos vehículos”.

Siguiendo esa línea argumental, la preocupación de Francisco Ureta respecto a la incidencia del mantenimiento de los vehículos, especialmente ahora, era muy clara: “En esta época de crisis ha aumentado el número de conductores que no cuidan el mantenimiento de su vehículo o lo hacen empleando componentes de dudosa o muy baja calidad, poniendo en peligro realmente su vida. Y de la misma manera que no merece la pena quedarse en silla de ruedas por coger el coche y no pagar 30 euros de taxi después de salir a cenar y tomarte unas copas, tampoco lo merece por ahorrarlos en poner en tu coche una pieza que no te ofrezca garantía”.

El problema es que la gente eso no lo quiere ver: “Yo lo explico de una manera que todo el mundo lo entiende”, cuenta Francisco, “y es que si uno tiene un billete de 500 euros y sabe que lo tiene, lo normal es que lo guarde y lo tenga a buen recaudo, pero si se tiene y no se sabe, a lo mejor lo acaba perdiendo o se lo quitan”.

“Depender de una silla de ruedas no es el mayor problema”
Es una cuestión de educación, de formación, de valores: “Si partimos de que las personas no saben que el coche es la máquina más mortífera, la primera causa de mortalidad… Nuestras carencias de formación en seguridad vial son similares a las que tenemos con los idiomas. Vamos retrasadísimos. Y lo demuestra que dejemos a nuestro padre coger el coche después de una boda sabiendo que ha bebido, cuando tendríamos que llamar a la Guardia Civil si hiciera falta para impedírselo; o que no hacemos nada cuando nuestro amigo, visiblemente afectado por el consumo de drogas o alcohol, te dice que va a llevar a su novia a su casa, cuando lo que tendrías que hacer es quitarle las llaves del coche. Nadie debería subirse al coche de alguien que ha bebido. Eso es educación en valores, de la que no andamos sobrados precisamente”.

Pero las carencias educativas van mucho más allá: “Por ejemplo, a pesar de que todos somos peatones y no todos conductores, en los pasos de cebra no somos conscientes de que los niños hasta los siete años no tienen la misma capacidad auditiva que un adulto ni tampoco reconocen correctamente ver con ser visto, o que la movilidad de las personas mayores ya no es la misma. Por eso, cuando las velocidades están limitadas a 50 kilómetros por hora o incluso a 30 es por algo, porque un peatón atropellado a 50 km/h tiene al menos el 50% de posibilidades de vivir”.

La forma en que gestionamos el tiempo es para Francisco Ureta otra demostración evidente de la falta de educación en ese sentido: “Salimos de casa con el tiempo justo, tenemos siempre prisa por llegar, cruzamos las calles en diagonal, no esperamos a que el semáforo se ponga verde, pasamos por delante del autobús en lugar de dar la vuelta y pasar por detrás… Un modo de ir por la vida que es causa de muchos accidentes que serían muy fáciles de evitar”. Cuando además el precio que se paga puede ser muy alto: “Todos los que pasamos a este lado del muro pensamos que no hay nada en la vida por lo que pueda merecer la pena verte en esta situación. Y nos preguntamos cómo nos hemos podido quedar así por una cerveza de más, por hablar por el móvil, por aguantar un poco más sin ir al taller o por ir a más velocidad de la debida. Pero si uno no es honesto consigo mismo para reconocer qué hace mal no se va a proteger”.

Afrontar la vida desde esa nueva perspectiva puede resultar dramático: “Muchos jóvenes creen que una lesión medular significa quedarte el resto de tus días en una silla de ruedas, pero cuando consigues quitarte la silla de la cabeza y llevarla solo en el culo no es tanto problema. Los problemas son otros. Porque lo normal es que te queden secuelas físicas de muy diferente tipo, muchas veces para siempre, que te limitan tu vida mucho más que tener que moverte en silla de ruedas. Cuando tienes un accidente tan grave todo se ve afectado, tu estado emocional, tus relaciones familiares y afectivas, tu situación económica… necesitas superar un gran cúmulo de cosas para salir adelante, y si te atascas en una de las etapas no pasas a la siguiente. Y a ver cómo superas estar durante ocho meses en una cama que se te come el cuerpo, en posición fetal, sin poder controlar los esfínteres, sin ninguna intimidad, sin ninguna capacidad ni física ni emocional para tirar de ti. O lo infrahumana que puede ser la rehabilitación. Lo normal es que quieras que te quiten la vida, porque te das cuenta de que vas a ser siempre dependiente, de que tus hijos se van a convertir en tus esclavos, de que tu mujer no podrá soportarlo y te acabará dejando… Después llegas a tu casa, sin los medios del hospital, y empieza otra cuesta arriba, y llega el juicio, los seguros que no te responden como esperas, los amigos que comienzan a no contar contigo… Un verdadero drama humano al que resulta muy complicado sobreponerse”.

Por eso Francisco Ureta, que dice haber nacido el 8 de febrero de 2008, aunque su carné de identidad diga que tiene 51 años, es ejemplar. Por plantarle cara a ese drama humano, sin duda, pero también por dedicar su vida a ayudar a los que se ven en una situación similar y sobre todo a evitar que muchos otros se puedan ver en la misma situación.

El granito de arena de Denso
Con la pretensión de aportar su granito de arena a no aumentar el drama que ya de por sí se vive después de un grave accidente, Denso ha comprometido una aportación para  proporcionar sillas de ruedas a las personas con menos recursos y que más las necesitan. Personas con las que la asociación Aesleme trabaja y que, en muchos casos, no las consiguen fácilmente por diferentes circunstancias. Además, Denso persigue que esta iniciativa no quede como una acción aislada y que sean más los fabricantes dispuestos a ayudar, tanto en la parte de prevención de accidentes como en la de después, cuando la persona debe tratar de rehacer su vida y seguir para adelante con una realidad muy diferente.

Elring

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