¿Por qué las “tierras raras” tienen en jaque a Europa?

El 'oro tecnológico'

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El mayor depósito de tierras raras de Europa acaba de ser descubierto en Suecia. Son más de un millón de toneladas, su explotación podrá comenzar en una década y su producción quitaría peso al papel de China en el escenario de la transición ecológica europea.

LKAB, empresa minera con sede en Suecia anunció que ha logrado identificar recursos que superan el millón de toneladas de óxidos de tierras raras, lo que lo posiciona como el mayor yacimiento de Europa. Este descubrimiento puede ser decisivo para reducir la dependencia de las importaciones chinas que en la actualidad tienen los fabricantes de automoción europeos. Sin embargo, no todo son buenas noticias, el abastecimiento de tierras raras procedentes del país nórdico tendrá que esperar al menos una década, mientras que la demanda de estos minerales crecer alrededor de mundo y Europa continúa estrechando sus lazos de dependencia con el gigante asiático, exponiendo a la cadena de suministro de su industria a la tensión geopolítica procedente del régimen de Pyongyang.

Qué son y por qué son importantes

Las llamadas tierras raras son diecisiete elementos químicos presentes en la corteza terrestre, sin embargo, son difíciles de encontrar en estado puro y por eso su proceso de extracción es bastante complejo y costoso -de ahí el nombre de tierras raras-.

Sus propiedades magnéticas les hacen fundamentales para la producción de, entre otros, motores eléctricos e híbridos, así como turbinas eólicas, lo que hace de las tierras raras elementos claves para la transición ecológica de Europa. De hecho la Comisión Europea ha estimado que la demanda de estos se multiplicará por más de cinco en el 2030, lo que abre otro de los debates que más preocupa a la industria de la automoción europea: la dependencia de China en la cadena de suministro.

El eslabón chino

En territorio chino no sólo se encuentran los mayores depósitos de estas tierras, sino además casi todas las plantas de separación de estos elementos. Según el servicio geológico de los Estados Unidos, en 2019 China controlaba el 61,97% de la producción de tierras raras y, según otras fuentes, hasta el 95% de su procesamiento.

Esta realidad pone en una delicada cuerda floja a la industria automotriz europea, qué ve cómo su cadena de suministro para la producción de vehículos electrificados depende de un único e inestable eslabón, China.

Aunque el yacimiento sueco es pequeño en comparación con los chinos (el mayor depósito de China es cuarenta veces más grande), sí que abre una puerta para que Europa sea menos dependiente de las importaciones procedentes desde el gigante asiático.

El reto europeo

También en Finlandia y Portugal se han identificado depósitos de tierras raras, así como en España, donde hay al menos cuatro áreas con presencia del mineral. Se trata de Campo de Montiel (Ciudad Real), la sierra Galiñeiro (Pontevedra), La Rambla de las Granatillas (Almería) y el complejo basal de Fuerteventura (Canarias). Estos podrían aportar veinte años de suministro.

Sin embargo, el reto al que se enfrenta Europa para la extracción y producción de este material, pasa por la legislación de la propia Unión Europea en términos mineros y también ambientales, no sólo porque su extracción se hace a través de minería a cielo abierto, sino por la ingentes cantidades de agua necesaria para procesarlo y la cantidad de desechos que produce, se ha llegado a estimar que procesar una tonelada de tierras raras puedes producir hasta dos mil toneladas de desechos tóxicos.

Esa legislación así como la férrea oposición de asociaciones ambientalistas es lo que ha frenado el inicio de la explotación de la zona de Matamulas en el Campo de Montiel, Ciudad Real, proyecto que estaba listo para arrancar y fue frenado por el informe de impacto ambiental desfavorable que emitieron los técnicos regionales. Si bien el de Matamulas no es un yacimiento grande, como afirma Enrique Burkhalter, director de Proyectos de Quantum, su producción “cubriría toda la demanda de toda la industria española y exportaría al resto de Europa. Podríamos competir con los chinos, pero ¿cuánto está dispuesta a pagar la industria europea por un suministro garantizado?“.

Ese es precisamente la paradoja ecológica de limpiar Europa a costa de ensuciar otras zonas. Porque mientras Bruselas continúa legislando para descarbonizar su parque basándose en la electrificación, mira hacia otro lado cuando los números revelan que el 90% de las tierras raras que consumimos en este lado del mundo, provienen de países con escaza o nula legislación ambiental.



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