La caída de Nikola Corporation se ha convertido en uno de los episodios más ilustrativos de los excesos, las expectativas desmedidas y los errores de gestión que han acompañado a parte del auge de las start-ups vinculadas al transporte sostenible. La empresa estadounidense, que llegó a presentarse como un futuro rival de Tesla en el ámbito del camión eléctrico y de hidrógeno, se encuentra hoy en una fase terminal de su proceso concursal, con un único empleado en plantilla y un volumen de deuda que supera los 251 millones de euros.
La compañía se declaró en bancarrota en febrero de 2025 y, desde entonces, su estructura se ha ido desmantelando de forma acelerada. Según la documentación presentada ante el Tribunal de Quiebras de Estados Unidos para el Distrito de Delaware, Nikola no registró ingresos ni ventas durante el mes de noviembre y cerró ese periodo con pérdidas cercanas a los 1,4 millones de euros. El único trabajador que permanece activo es Thomas Pitta, administrador responsable de la liquidación de activos.
Un desplome financiero sin precedentes
Las cifras del proceso concursal reflejan la magnitud del colapso. Desde su entrada en bancarrota, Nikola ha acumulado pérdidas superiores a los 472 millones de euros. El balance actual muestra un patrimonio neto negativo de aproximadamente 146 millones, con activos valorados en unos 105 millones frente a unas obligaciones totales que rondan los 251 millones de euros.
La mayor parte de esa deuda, cerca de 231 millones, corresponde a pasivos no garantizados generados antes de la declaración de quiebra, lo que complica seriamente cualquier posibilidad de recuperación para acreedores e inversores. En su momento de mayor expansión, Nikola llegó a contar con 874 empleados y una capitalización bursátil que superó, durante un breve periodo, la de fabricantes tradicionales con décadas de historia.
Venta acelerada de activos para obtener liquidez
Con el objetivo de generar caja, la empresa ha procedido a la venta de buena parte de los activos que aún conservaba. Estas operaciones han permitido ingresar alrededor de 33 millones de euros, una cifra claramente insuficiente para revertir la situación. Entre las transacciones más relevantes figuran la venta de créditos medioambientales a Mack Trucks, la cesión de determinados activos a Hyroad Energy y acuerdos con empresas como Wabash Valley Resources.
También se autorizó en abril de 2025 una operación con Lucid, mediante la cual Nikola se desprendió de activos considerados estratégicos en etapas anteriores del proyecto. Pese a todo, estas ventas apenas han servido para mitigar una insolvencia que ya se considera estructural.
El frente judicial con Trevor Milton
Uno de los últimos elementos pendientes en el proceso es un laudo arbitral por unos 85 millones de euros que Nikola mantiene contra su fundador y ex consejero delegado, Trevor Milton. Milton, figura clave tanto en el rápido ascenso como en la abrupta caída de la compañía, fue indultado recientemente, lo que reduce de forma significativa las posibilidades de que la empresa llegue a recuperar esa cantidad.
El exdirectivo estuvo en el centro de múltiples controversias relacionadas con acusaciones de fraude y exageración de las capacidades tecnológicas de Nikola, factores que terminaron minando la confianza de inversores, socios industriales y autoridades regulatorias.
Un caso aislado dentro del avance del transporte eléctrico
Pese al desenlace de Nikola, su quiebra no parece haber frenado el desarrollo del transporte pesado de cero emisiones. Fabricantes consolidados como Volvo Trucks, Renault Trucks o Tesla, junto a empresas especializadas como Motiv, continúan desplegando camiones eléctricos en operaciones reales, con flotas que ya suman millones de kilómetros.
Además, la expansión de las infraestructuras de carga rápida para vehículos industriales en Estados Unidos y otros mercados clave refuerza una transición que sigue avanzando, aunque con un enfoque más pragmático y menos dependiente de promesas disruptivas. El caso Nikola queda así como un recordatorio de los riesgos asociados a modelos de negocio basados más en expectativas que en realidades industriales consolidadas.



