Los neumáticos siguen siendo el talón de Aquiles del transporte pesado en Europa. Según datos difundidos por Euromaster, tres de cada diez averías en camiones están relacionadas con las cubiertas, y en el 90% de los casos la causa es la pérdida de presión. Un problema que no solo compromete la seguridad en carretera, sino que dispara los costes de operación de las flotas.
Desde julio de 2024, la normativa europea UN ECE R-141 obliga a que todos los vehículos industriales de nueva matriculación, incluidos los semirremolques, incorporen el TPMS (Tire Pressure Monitoring System o sistema de monitorización de la presión de los neumáticos). Este sistema de control y monitorización de presión alerta al conductor cuando alguna rueda pierde un 20% o más de la presión indicada por el fabricante. La medida busca anticipar riesgos y mejorar la eficiencia en un sector donde los neumáticos son críticos por su peso, tamaño y nivel de exigencia.
Seguridad y eficiencia bajo presión
La pérdida de presión en los neumáticos multiplica el riesgo de reventón, reduce la adherencia y aumenta las posibilidades de accidente. Se calcula que hasta el 80% de los pinchazos podría evitarse con una monitorización adecuada. El TPMS cumple aquí un papel fundamental: mediante sensores integrados en la cubierta, advierte de cualquier anomalía y permite que el conductor reaccione a tiempo, ya sea con una revisión preventiva o acudiendo a un taller.
Impacto económico en las flotas
Los neumáticos tienen un peso determinante en la estructura de costes de las empresas de transporte. De acuerdo con las estimaciones compartidas, influyen de forma directa e indirecta en el 40% del total de los gastos de una flota.
- Combustible: alrededor del 30% de los costes están vinculados al consumo. Una cubierta en mal estado o con presión insuficiente genera mayor resistencia a la rodadura y, por tanto, un gasto adicional.
- Sustitución de neumáticos: el reemplazo supone en torno al 5% de los costes. Un mal mantenimiento acelera el desgaste y acorta la vida útil.
A estos factores se suma otro aspecto relevante: las paradas no planificadas. Un fallo en un neumático no solo exige reparación, también implica retrasos en las entregas y penalizaciones contractuales para el transportista. Mantener operativo el TPMS y vigilar periódicamente la presión se traduce en menos averías imprevistas y mayor disponibilidad del camión.
Un cambio de mentalidad para talleres y transportistas
El nuevo escenario obliga a los operadores a integrar el TPMS en sus programas de mantenimiento. Talleres especializados ya están adaptando procesos y equipos para dar soporte a este sistema, que además requiere calibraciones periódicas. Para las flotas, el reto será organizar un calendario de revisiones que combine la seguridad con la optimización de costes.



