El fabricante de vehículos eléctricos Nikola ha anunciado este miércoles su acogida al Capítulo 11 de la Ley de Quiebras, con la intención de llevar a cabo un proceso de venta de sus activos. La compañía se suma así a la creciente lista de empresas del sector que han sucumbido a la débil demanda, el rápido consumo de liquidez y las dificultades de financiación.
Un caso que recuerda al vivido hace algo más de un año con el fabricante de camiones cero emisiones Volta Trucks, que se declaró en quiebra ante la imposibilidad de continuar con su actividad de producción de vehículos, aunque unos meses más tarde anunciaba su retorno a algunos mercados europeos bajo otra propiedad.
Una trayectoria marcada por la inestabilidad
La decisión de Nikola supone el cierre de un recorrido empresarial lleno de obstáculos, en el que ha experimentado múltiples cambios en su cúpula directiva, una drástica caída del valor de sus acciones y acusaciones relacionadas con la manipulación bursátil mediante ventas en corto.
Durante la pandemia, varias empresas emergentes de vehículos eléctricos lograron salir a bolsa con la promesa de transformar la industria. Sin embargo, firmas como Fisker, Proterra y Lordstown Motors han terminado por declararse en bancarrota al verse afectadas por la falta de financiación para sus operaciones intensivas en capital, derivada de los altos tipos de interés y la tibia respuesta del mercado.
«Al igual que otras empresas del sector de los vehículos eléctricos, nos hemos enfrentado a diversos factores macroeconómicos y de mercado que han afectado a nuestra capacidad operativa», ha explicado Steve Girsky en un comunicado oficial.
Tesla también sufre el impacto del mercado
En este contecto de inestabilidad, incluso un fabricante ya consolidado como Tesla ha sufrido una disminución en sus ventas anuales en 2024. La combinación de altos costes financieros y una gama de modelos que no ha experimentado grandes renovaciones ha frenado la demanda, a pesar de los descuentos y las iniciativas para incentivar las compras.
Nikola, que en sus inicios apostó por la fabricación de semirremolques eléctricos y posteriormente evolucionó hacia el desarrollo de camiones propulsados por hidrógeno, ha optado por la venta de sus activos con el objetivo de maximizar su valor y garantizar un proceso de liquidación ordenado.
Situación financiera
Según la documentación judicial presentada, la compañía declaró un rango de activos valorado entre 500 y 1.000 millones de dólares, mientras que su pasivo se sitúa entre 1.000 y 10.000 millones de dólares.
Fundada en Phoenix, Arizona, hace más de una década, Nikola debutó en el mercado bursátil en junio de 2020 y logró entregar su primer vehículo en diciembre de 2021. A lo largo de 2024, incrementó la producción de sus camiones propulsados por hidrógeno, aunque la rentabilidad seguía siendo esquiva debido a que cada unidad generaba pérdidas significativas, en un contexto donde los operadores de flotas mostraban cautela ante la adopción de nuevas tecnologías por los elevados costos de financiación.
Como reflejo del complejo panorama que atraviesa, las acciones de Nikola sufrían un desplome de casi el 45% en la jornada del miércoles antes de la apertura del mercado, situándose en torno a los 41 centavos por título.



