Las autoridades comunitarias se han propuesto endurecer los límites de emisiones de los motores diésel para los próximos años, tanto para turismos y furgonetas como para camiones y autobuses. Un endurecimiento que llegaría en forma de normativa de emisiones Euro 7 (Euro VII en el caso del vehículo industrial) cuando todas las compañías están realizando grandes inversiones en electrificación debido a la prohibición de vender motores de combustión a partir de 2035.
Por este motivo, la Asociación Europea de Fabricantes de Automóviles (ACEA) ha escrito recientemente a Frans Timmermans, vicepresidente ejecutivo de la Comisión Europea, para advertirle de que las normas Euro VII y los límites de CO2 impuestos para los vehículos pesados, que podrían entrar en vigor en 2027, no pueden considerarse de forma aislada, sino teniendo en cuenta la transformación que está afrontando el sector por las propias presiones gubernamentales.
La preocupación de los fabricantes se entiende si tenemos en cuenta la fecha de caducidad impuesta a los motores de combustión interna, lo que obligaría al sector a realizar nuevas inversiones en motores diésel sin tiempo suficiente para su amortización. Ahí es precisamente donde apunta ACEA cuando dice que los fabricantes europeos de vehículos industriales «están firmemente comprometidos a proporcionar los vehículos adecuados para que la industria europea del transporte por carretera pase rápidamente a soluciones libres de combustibles fósiles de aquí a 2040, centrándose en los vehículos impulsados por baterías eléctricas e hidrógeno».
La transición tecnológica, en riesgo
ACEA ha advertido a Timmermans de que la reciente propuesta de normativa Euro VII para vehículos pesados conlleva «grandes riesgos de ralentizar la transición hacia la neutralidad climática». De hecho, según la patronal, la propuesta «ignora por completo» el cambio acelerado hacia los vehículos de emisiones cero que, en combinación con los últimos vehículos Euro VI, «supondrán reducciones sustanciales de las emisiones de escape del parque de vehículos pesados».
Para los fabricantes, la atención debería centrarse en los verdaderos motores y cuellos de botella de la descarbonización, incluidas las medidas que permitan a los clientes acelerar la renovación de la flota y dar prioridad a las inversiones en soluciones libres de combustibles fósiles. «Por lo tanto, Europa debe aspirar a un enfoque pragmático, progresivo y tecnológicamente neutro que garantice que las soluciones escalables puedan servir de guía mundial, sin desvíos como la propuesta Euro VII», concluyen.


