La fecha tope ha llegado. Desde el pasado 21 de agosto, todos los camiones y autobuses que realicen transporte internacional deben estar equipados con el tacógrafo inteligente de segunda generación, independientemente de su fecha de matriculación, bajo sanciones que pueden alcanzar los 30.000 euros y la inmovilización del vehículo en el caso de cruzar a Francia, o de 6.000 euros si se dirige a Portugal. La obligación se extenderá a las furgonetas de transporte ligero de entre 2,5 y 3,5 toneladas de MMA a partir de julio de 2026.
Esta medida forma parte del Paquete de Movilidad aprobado por la Unión Europea en 2020, que contempla la instalación obligatoria del tacógrafo inteligente de segunda generación en todos los vehículos de transporte que realicen trayectos internacionales. La entrada en vigor se ha realizado en dos fases: la primera, en febrero de este año, afectó a los vehículos equipados con tacógrafo analógico o digital no inteligente, mientras que la segunda, correspondiente a los vehículos matriculados desde junio de 2019 con tacógrafo inteligente de primera generación, debía completarse antes del 20 de agosto. Según datos de Fenadismer, más de 30.000 vehículos han pasado por los talleres para realizar el “retrofit” en los últimos meses.
La normativa europea prevé sanciones diferentes según el país. En Francia, los incumplimientos pueden implicar multas de hasta 30.000 euros, inmovilización del vehículo y, en casos extremos, prisión de hasta un año para el conductor. En Portugal, Alemania, Italia y Holanda, las multas oscilan entre 3.600 y 6.000 euros.
Sin embargo, los vehículos que realicen transporte exclusivamente local o nacional no están obligados a sustituir sus tacógrafos actuales, salvo que estos queden inutilizados.
Con esta normativa, la UE busca reforzar la seguridad vial y el control de tiempos de conducción en el transporte internacional, mientras que los talleres se enfrentan a un aumento de la demanda para la instalación del nuevo tacógrafo inteligente.



