El reciclaje de neumáticos en España se consolida como una palanca climática de primer orden para la industria de la movilidad y la posventa, al evitar la emisión de aproximadamente 1,38 millones de toneladas de CO₂ al año, equivalentes a la capacidad de absorción de unos 55 millones de árboles. Cada ejercicio se gestionan más de 315.000 toneladas de neumáticos al final de su vida útil, en torno a 25 millones de unidades, cuya correcta valorización permite además ahorrar energía, agua y materias primas en toda la cadena de suministro. Estos ahorros se producen tanto en los procesos industriales asociados al neumático como en las etapas previas de extracción y transformación de recursos, reduciendo la presión sobre los ecosistemas y fortaleciendo la economía circular en el ámbito de la movilidad.
Reciclaje de neumáticos, una herramienta clave de descarbonización
Para fabricantes, distribuidores y redes de talleres, el reciclaje de neumáticos se ha convertido en una de las herramientas más eficaces ya disponibles para reducir emisiones sin esperar a nuevas tecnologías. La gestión organizada de los neumáticos al final de su vida útil (NFVU) permite canalizar un flujo masivo de residuo hacia soluciones de reutilización, recauchutado y reciclaje material o energético, con retornos medibles en CO₂ y costes. TNU, como sistema colectivo de responsabilidad ampliada del productor, articula esta gestión en todo el territorio nacional, garantizando trazabilidad, cumplimiento normativo y un tratamiento alineado con los objetivos climáticos.
Reutilización y recauchutado
Entre las distintas opciones de gestión, la reutilización y el recauchutado de neumáticos destacan por su elevada eficiencia ambiental y económica, tanto en turismo como en vehículo industrial. Estudios de la Universidad Miguel Hernández sitúan el recauchutado de neumáticos de turismo como una solución capaz de evitar entre un 50% y un 60% de las emisiones de CO₂ asociadas a la fabricación de un neumático nuevo, lo que supone un ahorro medio de entre 25 y 30 kg de CO₂ por unidad, junto con un ahorro energético cercano al 70% y una reducción de hasta el 75% en el consumo de materias primas.
En el segmento de autobuses, el impacto climático positivo es aún mayor: el recauchutado puede evitar hasta un 75% de las emisiones de CO₂ vinculadas a la fabricación de un neumático nuevo, con un ahorro aproximado de entre 120 y 150 kg de CO₂ por neumático y significativas reducciones en energía, agua y materiales. Para las flotas intensivas en kilometraje, estos márgenes convierten al recauchutado en un aliado estratégico para la descarbonización operativa y la contención de costes de explotación.
La integración del reciclaje de neumáticos y, en particular, del recauchutado en la compra pública verde emerge como un vector decisivo para escalar estos beneficios. En España, las administraciones y empresas públicas gestionan más de 1,2 millones de vehículos, con un peso relevante de las grandes flotas de transporte y, muy especialmente, de los autobuses urbanos e interurbanos, que concentran un consumo elevado de neumáticos.
El ejemplo de EMT València ilustra el potencial de esta política: con una flota de unos 480 autobuses, el recauchutado de un juego de neumáticos por vehículo permitiría evitar hasta un 75% de las emisiones de CO₂ asociadas a la fabricación de esos neumáticos, lo que se traduce en un ahorro estimado de entre 360 y 450 toneladas de CO₂ en una sola renovación. A este impacto se suma un ahorro económico directo de entre el 30% y el 40% respecto a la compra de neumáticos nuevos, un argumento de peso para los responsables de contratación y gestión de flotas.



