La electromovilidad en España enfrenta un reto significativo: el país no alcanzará los objetivos establecidos para 2025 en materia de infraestructura de recarga eléctrica. Según datos recientes, hasta septiembre de 2025 se ha instalado la misma cantidad de puntos de recarga que durante todo 2024, pero esta cifra representa apenas el 25% de los objetivos previstos para este año.
El retraso en la infraestructura de electromovilidad
La red de puntos de recarga de acceso público en España continúa expandiéndose, pero a un ritmo insuficiente para cumplir con las metas comprometidas. Este incumplimiento plantea serias dudas sobre la viabilidad de los planes de transición hacia la electromovilidad y genera incertidumbre en el sector de la automoción, especialmente entre las empresas de la cadena de valor de la posventa que deben adaptarse a esta nueva realidad.
El despliegue de infraestructura para la electromovilidad se consolida como uno de los principales cuellos de botella en la adopción masiva de vehículos eléctricos. Los profesionales del sector observan con preocupación cómo las inversiones realizadas no se traducen en los resultados esperados, lo que impacta directamente en la confianza de los consumidores y en las estrategias de negocio de talleres y concesionarios.
El desafío actual en datos
Hasta septiembre de 2025, España ha instalado aproximadamente el mismo número de puntos de recarga que en todo 2024. Sin embargo, este avance representa únicamente una cuarta parte de los objetivos fijados para el año en curso. Esta brecha entre lo planificado y lo ejecutado evidencia las dificultades estructurales que enfrenta el despliegue de electromovilidad en el territorio nacional.
Aún más preocupante resulta que el 22% de los puntos de recarga instalados permanecen inoperativos. Esta cifra, que se mantiene estable desde el año anterior, señala problemas de mantenimiento y gestión que van más allá de la simple instalación de infraestructura. Para los talleres especializados en electromovilidad, esto representa tanto un desafío como una oportunidad de negocio en servicios de mantenimiento y reparación de estaciones de carga.
Diversos factores explican por qué España no alcanza sus objetivos en electromovilidad. Entre las causas principales se encuentran la complejidad de los trámites administrativos, la falta de coordinación entre administraciones públicas, las dificultades en la conexión a la red eléctrica y los elevados costes de instalación que disuaden a inversores privados.
La burocracia excesiva retrasa significativamente los proyectos de instalación de puntos de recarga. Los plazos para obtener permisos y licencias se extienden durante meses, frenando el ritmo de despliegue necesario para alcanzar los objetivos. Además, la saturación de la red eléctrica en determinadas zonas urbanas complica la conexión de nuevos puntos de alta potencia, esenciales para la recarga rápida que demandan los usuarios de electromovilidad.
Impacto en la posventa
La situación actual genera consecuencias directas para los profesionales del sector de automoción. Los talleres que han apostado por la electromovilidad se encuentran con un mercado que crece más lentamente de lo previsto, lo que afecta a sus planes de inversión en formación y equipamiento especializado.
Los concesionarios enfrentan la difícil tarea de comercializar vehículos eléctricos en un contexto donde la infraestructura de recarga resulta insuficiente. Esta realidad genera objeciones por parte de los clientes potenciales, que temen quedarse sin posibilidades de recargar sus vehículos durante desplazamientos largos. La llamada «ansiedad de autonomía» sigue siendo una barrera significativa para la adopción de la electromovilidad.
Para las empresas del sector que ya han apostado por esta tecnología, el escenario plantea la necesidad de diversificar servicios. Aquellas que ofrecen instalación y mantenimiento de puntos de recarga privados encuentran oportunidades de negocio, mientras que el mantenimiento de vehículos eléctricos requiere especialización y certificaciones específicas que no todos los talleres han desarrollado.
Los profesionales demandan claridad
Los profesionales reclaman a la Administración claridad en las medidas y mayor agilidad burocrática. La falta de una red de recarga sólida complica que talleres y concesionarios inviertan en formar a sus equipos y actualizar sus instalaciones, mientras crecen las dudas sobre la seguridad y las garantías que pueden ofrecer al cliente.
La colaboración entre el sector público y el privado se alza como urgencia inmediata, tal como han señalado desde diversas patronales del sector de automoción, e insisten en que sin una coordinación real entre administraciones, operadores de recarga, fabricantes y profesionales, cuesta imaginar un despliegue ágil de la infraestructura y su mantenimiento óptimo.



