La Unión Europea ha aprobado un nuevo marco regulatorio que puede tener consecuencias relevantes para la posventa. El Reglamento (UE) 2026/1738, relativo a los requisitos de circularidad aplicables al diseño de los vehículos y a la gestión de los vehículos al final de su vida útil, sustituye a las actuales normas europeas sobre vehículos fuera de uso y sobre reutilización, reciclabilidad y valorización.
El reglamento entró en vigor el pasado 13 de agosto, aunque sus principales obligaciones se aplicarán de forma progresiva. Para turismos y vehículos comerciales ligeros, algunas de las medidas más relevantes para la posventa comenzarán a aplicarse en 2029, mientras que otros requisitos, especialmente los relacionados con el diseño y el pasaporte digital de circularidad, llegarán a partir de 2032.
El cambio afecta a toda la cadena: desde el diseño del vehículo hasta la gestión de sus componentes cuando llega al final de su vida útil.
Más circularidad desde el diseño
Uno de los cambios de fondo es que la circularidad pasa a formar parte de los requisitos de homologación. Los nuevos tipos de vehículo homologados a partir de septiembre de 2032 deberán estar diseñados para que al menos el 85% de su peso pueda ser reutilizado o reciclado y el 95% pueda ser reutilizado o recuperado mediante valorización.
El reglamento también establece requisitos para facilitar la retirada y sustitución de determinados componentes. En los nuevos tipos de vehículo, baterías y motores eléctricos deberán poder retirarse y sustituirse de forma fácil y no destructiva.
La intención es que el diseño tenga en cuenta no solo la fabricación y utilización del vehículo, sino también la posibilidad de reparar, reutilizar, remanufacturar o reacondicionar sus componentes.
Información para talleres y reparadores
Uno de los puntos con mayor impacto potencial para la posventa independiente es el acceso a información. A partir de septiembre de 2029, los fabricantes deberán proporcionar a operadores de reparación y mantenimiento, editores de información técnica y gestores de residuos acceso sin restricciones, normalizado y no discriminatorio a determinada información necesaria para retirar y sustituir piezas y componentes.
La norma contempla también información sobre componentes codificados digitalmente cuando esa codificación pueda impedir su reparación, mantenimiento o sustitución en otro vehículo. En determinados casos deberán facilitarse los códigos y programas necesarios para activar piezas de recambio y componentes y, cuando proceda, desvincularlos del vehículo de origen.
No se trata de un acceso general a toda la información técnica del vehículo, pero sí de un nuevo conjunto de obligaciones para los fabricantes que puede tener relevancia para el mercado independiente.

«Nuestro objetivo ha sido que la circularidad se traduzca en posibilidades reales de reparar»
«Desde ANCERA llevamos años trabajando en esta normativa, también junto con CETRAA y CONEPA y en interlocución con la Comisión Europea, para trasladar las necesidades de los talleres, la distribución y los servicios de posventa.
Una de nuestras prioridades ha sido defender que los criterios de reparabilidad técnica y económica no lleven a retirar prematuramente vehículos que pueden seguir circulando con seguridad tras una reparación. También hemos trabajado para reforzar el papel de la remanufacturación y el reacondicionamiento de piezas, y para que el acceso a la información técnica necesaria contemple a los talleres y a los operadores independientes de la posventa, además de a los centros autorizados de tratamiento.
Nuestro objetivo ha sido que la circularidad se traduzca en posibilidades reales de reparar y prolongar la vida útil de los vehículos, contando con toda la cadena de valor de la posventa».
Carlos Martín, secretario general de Ancera
Más espacio para la pieza reutilizada
El reglamento también pretende impulsar el mercado de piezas procedentes de vehículos fuera de uso. Desde 2029, determinadas piezas deberán retirarse antes de la fragmentación del vehículo y evaluarse para determinar si pueden reutilizarse, remanufacturarse o reacondicionarse. Entre ellas figuran, bajo las condiciones establecidas por la norma, baterías, motores eléctricos, baterías de arranque, cajas de cambios, catalizadores, llantas y neumáticos.
Las piezas consideradas aptas para estas operaciones deberán identificarse y mantenerse trazables. Además, el reglamento establece requisitos para el comercio de componentes usados, remanufacturados o reacondicionados, también cuando se comercialicen online.
Una de las novedades es que las piezas procedentes de vehículos fuera de uso que hayan sido evaluadas como aptas para reutilización, remanufacturación o reacondicionamiento dejan de considerarse residuos, lo que facilita su circulación entre operadores económicos.
La norma introduce además un sistema de responsabilidad ampliada del productor. Desde 2029, los fabricantes deberán asumir la organización y financiación de la recogida y tratamiento de los vehículos que hayan puesto en el mercado cuando lleguen al final de su vida útil.
Las contribuciones económicas podrán tener en cuenta factores como el peso del vehículo, su capacidad de reciclaje y reutilización, el tiempo necesario para desmontarlo o los materiales que dificulten un reciclado de calidad.
Un cambio progresivo para la posventa
El Reglamento 2026/1738 no obligará mañana a los talleres a utilizar piezas reutilizadas ni modifica de golpe el mercado del recambio. Su aplicación es progresiva y muchas de sus consecuencias dependerán de su desarrollo técnico y de cómo los Estados miembros concreten los incentivos previstos.
Pero el marco ya está definido: diseño del vehículo, información técnica, reparación, reutilización de componentes, remanufacturación, mercado de piezas usadas y gestión del vehículo fuera de uso quedan conectados dentro de una misma regulación europea.
Para la posventa independiente, el alcance real del cambio dependerá ahora de cuestiones como el acceso efectivo a la información de las piezas codificadas, la trazabilidad de los componentes reutilizados y el desarrollo de un mercado de piezas de segunda vida con garantías y criterios homogéneos.



