España y Francia han lanzado un mensaje conjunto desde Bruselas: la meta de 2035 para que solo se vendan vehículos nuevos con emisiones cero no debe alterarse. Según publicó Bloomberg, ambos gobiernos remitieron una carta a la Comisión Europea en la que piden mantener “sin diluir su ambición ambiental” el reglamento comunitario que pone fin a los vehículos de combustión. O, para ser más precisos, aquellos que emiten CO2. También el medio especializado Electrive confirmó la existencia de la comunicación conjunta, en la que Madrid y París advierten de que modificar los plazos sería un error político y económico que afectaría a la credibilidad de la Unión Europea.
El mensaje llega en un momento de tensión entre la ambición climática y la realidad industrial. Alemania e Italia encabezan el bloque de países que reclaman una mayor flexibilidad, alegando que la transición hacia la electrificación avanza más despacio de lo que se había previsto y que los fabricantes necesitan más tiempo para adaptarse.
Impacto para fabricantes y talleres: una transición demasiado acelerada
El sector automovilístico europeo afronta una reconversión profunda que está generando incertidumbre. Los fabricantes de automóviles alertan de que el cambio de modelo está siendo demasiado rápido y de que la planificación política no siempre tiene en cuenta la madurez tecnológica ni la situación del mercado. La demanda de coches eléctricos sigue siendo limitada, los precios continúan por encima de las expectativas de muchos consumidores y la infraestructura de recarga aún presenta carencias en buena parte del territorio europeo.
Los talleres independientes, por su parte, temen perder volumen de negocio por la reducción progresiva de vehículos de combustión. Al mismo tiempo, se enfrentan al reto de invertir en formación y equipamiento para atender a los eléctricos, una adaptación costosa y sin un retorno inmediato. La industria reclama que la transición energética sea más gradual, para evitar que la presión regulatoria acabe penalizando a quienes todavía sostienen buena parte del empleo en el sector.
Liderar la electrificación europea: una estrategia en entredicho
La firmeza de España y Francia contrasta con un debate cada vez más amplio sobre la utilidad real de que Europa lidere la electrificación del parque automovilístico en solitario. Un análisis de Wired advierte de que “los fabricantes europeos no pueden seguir el ritmo, y el objetivo de 2035 para eliminar los motores de combustión está en entredicho”. Ya en
El artículo subraya que, mientras la UE impone plazos estrictos, otras regiones del mundo mantienen políticas mucho más permisivas con los combustibles fósiles. “Si Asia y América siguen produciendo y consumiendo vehículos de combustión en masa, el impacto climático global de la prohibición europea será marginal”, concluye el análisis. Esa reflexión ha calado en el discurso de numerosos expertos que alertan de un riesgo evidente: que Europa asuma el coste de la transición sin que el resto del planeta acompañe el esfuerzo.
Conclusión: firmeza política y dudas industriales
La Comisión Europea revisará antes de fin de año el reglamento de emisiones de turismos y furgonetas. Hay opiniones contrapuestas, tanto en la misma Comisión como entre los países miembros, pero mientras en Alemania -donde la eliminación de las ayudas para la compra de coches eléctricos desplomó sus ventas– quieren forzar que se llegue a un acuerdo para flexibilizar la entrada en vigor de la prohibición, en España y Francia han dejado claro que no aceptarán modificaciones que alteren el objetivo de 2035. Los dos gobiernos defienden que la fecha es esencial para ofrecer estabilidad a los inversores y consolidar la movilidad sostenible como eje de la economía europea.
Sin embargo, la industria sigue pidiendo realismo. Fabricantes y talleres reclaman una planificación más flexible que permita adaptar la transformación sin destruir tejido productivo ni empleo. La Unión Europea aspira a liderar la descarbonización del transporte, pero el desafío ahora es hacerlo sin perder competitividad en un mercado global que, fuera de Europa, sigue apostando por los motores de combustión.




Europa pegándose un tiro en el pie.
Pero ya han matado a sus propios fabricantes.