La adecuada gestión de residuos es uno de los temas que requiere especial atención por parte de los talleres, sobre todo aquellos definidos como «sustancias cuyo poseedor tiene la obligación de desechar».
Debido a la complejidad de su tratamiento y normativas, y considerando que el incumplimiento puede resultar en sanciones de hasta 45.000 euros para el taller, la asociación de talleres de Asturias (ASPA), en colaboración con el Gobierno del Principado, han desarrollado una guía destinada a asistir a los profesionales de la reparación en este ámbito.
En particular, la guía aborda aquellos residuos -más allá de los habituales como neumáticos, aceites, baterías o bombillas- que los talleres generan en el desarrollo de sus actividades diarias, y proporciona pautas sobre cómo gestionarlos adecuadamente, no solo para evitar sanciones, sino también para prevenir riesgos para la salud.
La guía hace hincapié en líquidos hidráulicos y refrigerantes que están compuestos por sustancias altamente contaminantes como disolventes, y, por ende, son considerados fluidos peligrosos que pueden ser perjudiciales para el medio ambiente y la salud. Otra de las sustancias presentes en las guía son las grasas lubricantes, sprays de aflojado y disolventes, todos ellos con riesgos específicos que van desde la inflamabilidad hasta la explosividad.
También por riesgo de inflamabilidad y explosividad, pero además por ser nocivas por vía inhalatoria y dérmica, se incluyen las gasolinas y los gasóleos como sustancias peligrosas en el taller. Al igual que las pinturas, cualquier producto inflamable y con elevada capacidad de formar atmósferas explosivas, así como los filtros de aceite y combustible y las mallas de filtro.
Otra de las advertencias hecha por la guía recae sobre las pastillas de freno que contienen amianto, una sustancia peligrosa para la salud que aunque está prohibida como materia prima desde 2002 aún puede encontrarse en productos fabricados anteriormente. Otros residuos peligrosos incluyen gases refrigerantes fluorados con efecto invernadero, trapos impregnados con aceites, recipientes vacíos o con restos de productos químicos.
Por último, se hace mención de los sedimentos provenientes de la cabina de pintura, generados mediante la separación húmeda del exceso de pulverización. Estos residuos contienen pequeñas cantidades de disolventes, partículas de pintura, agentes coagulantes y aceites. Asimismo, se abordan otros elementos como las imprimaciones y aparejos, adhesivos, colas y masillas, así como las piezas fuera de uso. Cabe destacar que, aunque estas últimas no son catalogadas como residuos peligrosos de forma inherente, su peligrosidad puede depender de las sustancias con las que hayan estado en contacto.
En cuanto a la gestión adecuada de los residuos, la guía recomienda la recolección de líquidos o elementos en depósitos designados, su debida etiquetación y almacenamiento hasta su eliminación. Además, subraya la importancia de contar con un sistema efectivo para recoger y detener posibles derrames. Aspa y el Gobierno del Principado enfatizan la recomendación de no reutilizar envases vacíos y sugieren evitar su manipulación hasta que sean entregados a un gestor autorizado para su tratamiento.


