Los fabricantes de componentes para automoción, que aportan hasta el 75% del valor de un vehículo fabricado en Europa, vuelven a lanzar un mensaje de advertencia: sin medidas urgentes por parte de Bruselas que garanticen la competitividad de la industria europea frente a la de países como Estados Unidos y China, el sector corre el riesgo de perder 350.000 puestos de trabajo de aquí a 2030.
El aviso llega de la mano de Clepa, la patronal europea de proveedores -la Sernauto del continente-, apoyada en un estudio de Roland Berger que dibuja un panorama preocupante. Según sus cálculos, la industria europea de componentes sufre una desventaja de costes del 15% al 35% respecto a competidores como China o Estados Unidos, donde las políticas de apoyo industrial y los mecanismos de protección ofrecen un terreno de juego más favorable. En Europa, en cambio, pesan los elevados costes energéticos y laborales, la carga regulatoria y la fragmentación normativa.
«Un terreno de juego desigual»
El resultado, advierte Clepa, puede ser devastador: la combinación del cambio de propulsiones y el trasvase de valor fuera de la UE amenaza con poner en riesgo hasta un 23% del valor añadido europeo en el sector, lo que repercutiría directamente en el empleo y en la capacidad de innovación.
“Europa está en una batalla decisiva por su soberanía industrial”, ha subrayado Benjamin Krieger, secretario general de Clepa. “Los proveedores están comprometidos con la inversión y la innovación, pero no pueden hacerlo en un terreno de juego desigual”.
La asociación recuerda que los proveedores europeos emplean a 1,7 millones de personas e invierten cada año 30.000 millones de euros en I+D, contribuyendo a sostener el tejido económico y social de la región. Por eso, reclaman medidas inmediatas que reduzcan costes estructurales, recorten burocracia y aseguren que los vehículos fabricados en Europa mantengan un nivel suficiente de contenido local.



