El último estudio de Clepa -la asociación europea de fabricantes de componentes para automoción- sobre la creación de valor en Europa no puede dejarnos indiferentes. Y es que la patronal advierte que la transición hacia vehículos eléctricos de baterías (BEV) y la creciente dependencia de componentes electrónicos está erosionando el valor añadido que se genera en nuestro continente. Y el riesgo para la industria y el empleo es evidente…
Según el informe, la producción de piezas para vehículos de combustión interna (ICE) sigue siendo mayoritariamente europea: aproximadamente el 85% de las piezas se fabrica dentro de la UE, y un 76% del valor total de esos componentes se genera en territorio europeo, pero no ocurre lo mismo con los eléctricos. En el caso de los BEV, aunque la producción local de componentes alcanza cifras similares (83%), el valor añadido generado en Europa se reduce hasta un 70%. Esto se debe, señalan, a que gran parte de la cadena de suministro relacionada con la propulsión eléctrica depende de proveedores de otras regiones, lo que limita el beneficio que la producción local puede aportar.
El informe de Clepa señala que la creación de valor varía según la naturaleza del componente. Los sistemas de chasis, carrocería y los interiores de los vehículos presentan la mayor proporción de valor generado en Europa. Sin embargo, a medida que se avanza hacia la electrificación y la electrónica, el valor añadido europeo cae drásticamente, situándose alrededor del 50% tanto en ICE como en BEV.
La patronal advierte de que esta tendencia podría intensificarse en los próximos años, especialmente conforme aumente la electrificación del parque y la complejidad de los sistemas electrónicos, lo que refuerza la necesidad de medidas estratégicas que preserven la producción de valor en el continente.
Una desventaja de costes de hasta el 35%
El informe de Clepa también alerta de que la competitividad europea se ha debilitado de manera significativa frente a otras regiones, especialmente Asia, por la diferencia de costes. Según el estudio, la combinación de materiales más caros, energía más cara, costes laborales elevados y una regulación más estricta sobre emisiones y medio ambiente está generando una desventaja de costes que oscila entre el 15% y el 35%.
Además, la asociación europea de fabricantes señala que esta situación coloca a Europa en una posición menos favorable frente a regiones donde la cadena de suministro se beneficia de subsidios públicos sustanciales, menores costes de carbono y reglas medioambientales menos restrictivas. Esto implica que, incluso manteniendo niveles de eficiencia similares, los fabricantes europeos se enfrentan a un entorno de costes inherentemente más elevado.
Archibald Poty, responsable de Asuntos Comerciales y de Mercado de Clepa, le pone palabras a esta preocupación: «La base industrial europea está bajo presión a medida que la electrificación y la competencia global desplazan valor hacia Asia. En un entorno de negocio menos favorable, son necesarias políticas estratégicas para retener inversión, talento y segmentos de alto valor».
Hasta 350.000 empleos en riesgo
Con todo lo expuesto anteriormente, y si continúan las tendencias actuales, la creación de valor en Europa podría reducirse hasta un 23% en el sector de los componentes de aquí a 2030, según la patronal europea. Esta disminución refleja tanto la caída en los volúmenes de producción como la menor proporción de valor por componente, derivada de la transición hacia nuevas motorizaciones y del traslado de cadenas de suministro a otras regiones.
El impacto sobre el empleo podría ser significativo: el informe estima que hasta 350.000 puestos de trabajo podrían verse amenazados en la próxima década si no se adoptan medidas estratégicas. La pérdida de valor se concentra, según Clepa, en distintos ámbitos según la tecnología del vehículo. En los vehículos de combustión interna y los híbridos, los componentes más afectados serían la electrónica, los interiores y los sistemas de carrocería. Por su parte, en los vehículos eléctricos de batería (BEV), el área más vulnerable es el sistema de propulsión, que concentra gran parte del valor industrial del vehículo.
Benjamin Krieger, secretario general de Clepa, subraya que «es crucial que se incluyan medidas robustas, como requisitos de contenido local, para ayudar a retener valor en Europa. La inacción podría provocar pérdidas de empleo más profundas y una mayor erosión de la fuerza industrial europea».



