Último día de feria. La emoción de estar a punto de conocer el nombre del ganador del MVP del Taller 2024 –concurso organizado por nuestro medio hermano, La Comunidad del Taller– había conseguido vencer el cansancio de ese último día. Ese, en el que hacemos acopio de las últimas reservas de energía para conseguir llegar al final de la jornada (los que habéis vivido un Motortec sabéis de lo que hablo). Y, de repente, David Moneo, que dirigía unas palabras a los asistentes de la final del concurso, llamó mi atención con una frase que sigue resonando en mi cabeza hasta hoy y que viene muy bien en estos días de apagón histórico: “Somos un sector que brilla con luz propia”. Y qué razón tiene.
No hay más que echar la vista atrás, a los días de feria (cuyos recuerdos aún tenemos frescos), para darnos cuenta de que la posventa es un sector que irradia luz. Una luz cálida que nace de las propias personas que forman parte de él. Una luz que atrae y deja sorprendidos a los de fuera. Me lo dijo un caballero con quien conversé en la puerta de nuestro bar, The Trócola, y que pasaba por Motortec –invitado por el propio Moneo– después de asistir a una feria del sector de la construcción que se celebraba esos mismos días en Ifema. No se podía creer lo que sus ojos veían y, con cara de incredulidad, me decía: “¡Cómo os lo pasáis, cómo os divertís!”. Y sí.
No hay duda de que en nuestro sector nos divertimos mucho. Porque somos un sector en el que cualquier encuentro de trabajo empieza con un abrazo o dos besos, y en el que no faltan las sonrisas amplias y sinceras. De esas que reflejan la auténtica alegría que genera el encuentro.







De esas me embriagué durante los cuatro días de feria. Y no dolía la cara al final del día porque no eran un ejercicio de simulación. Eran una expresión del ánimo que me producía estar allí, en mi segundo Motortec –el primero me tocó recién desembarcada en AUTOPOS y en el sector, apenas una semana para ser exactos–, con la misma emoción que en aquel debut, pero con la ilusión del reencuentro y la confianza de sentirme entre los míos, caminando de un stand a otro con ganas de ese saludo, poniéndome al día rápidamente con quienes me cruzaba, brindando, compartiendo, riendo. Vamos, ¡como en casa!
No pesaron los más de diez mil pasos diarios. Ni las varias manzanillas, cervezas y copas que alcé a lo largo de los cuatro días. El ayuno intermitente, ¡a la porra! Porque hubo muchos sitios en los que el esmero y el cariño se hacían notar en los platos que circulaban de un lado a otro; y como pasa en las reuniones familiares: no desprecias nada. Porque, como dicen por ahí, “Barriga llena, corazón contento”. Y así me iba yo todos los días a casa: contenta. Llena de abrazos y saludos, desbordada del cariño de nuestra gente.
Para terminar… En medio del famoso apagón que dejó a todo un país sin luz, en la redacción comentábamos: “¿Os imagináis que esto pasa la semana pasada, en medio de Motortec?”. Yo me lo he imaginado, y no me cabe duda de que, entre todos, habríamos sacado a relucir ese ánimo y ese espíritu solidario que nos caracteriza. Nos habríamos ayudado para garantizar que todos regresáramos bien a nuestras casas y hoteles. Eso sí, no sin antes improvisar una fiesta a la luz de las linternas en la calle de Autopos. Así, brillando con luz propia.





Gracias Claudia por este artículo de luz y esperanza
<3
🙂
Gracias Claudia por tener esa actitud tan positiva.
Bienvenida a un buen equipo.
Saludos.