Lo que empezó como una publicación de Ursula von der Leyen en X (la red social conocida como Twitter), paso a paso se está convirtiendo en realidad. La Unión Europea ya ha anunciado oficialmente que está trabajando en un cambio significativo en su política climática respecto al sector del automóvil, al reconsiderar la prohibición de venta de vehículos nuevos con motor de combustión a partir de 2035, tras la presión de varios gobiernos europeos -entre los que no se encuentra España, cuyo gobierno ya ha manifestado que no quiere dar un solo paso atrás en este sentido- pero, sobre todo, de la industria del automóvil.
Cambio de rumbo en la normativa europea sobre emisiones
La normativa vigente dentro del paquete climático conocido como “Fit for 55” establecía que a partir de 2035 todos los coches nuevos vendidos en los 27 Estados miembros tendrían que ser cero emisiones de CO₂, lo que en la práctica equivalía a una prohibición de los motores de combustión tradicionales en coches nuevos. Este objetivo fue acordado en 2023 como parte de la intención de la UE para alcanzar la neutralidad climática en 2050.
Sin embargo, la realidad de las dificultades técnicas, económicas y geopolíticas ha acabado imponiéndose y, ahora ya sí, la Comisión Europea ha propuesto sustituir ese objetivo de 100 % de reducción por uno de 90 % de reducción de emisiones de CO₂ para 2035, manteniendo ciertas vías para que motores térmicos y tecnologías híbridas sigan comercializándose bajo condiciones de compensación de emisiones, como el uso de combustibles sintéticos o biocombustibles, además de la obligación de usar una mayor proporción de acero de bajo carbono en sus procesos de producción.
Este cambio se produce tras presión política de países como Alemania e Italia y de fabricantes europeos, que argumentan que una transición demasiado rápida hacia vehículos eléctricos puros podría afectar la competitividad industrial ante rivales chinos y estadounidenses.
Mayor margen para el sector del automóvil
Para los fabricantes, la propuesta representa un respiro que podría permitir la continuidad de plataformas híbridas enchufables, motores térmicos con combustibles alternativos y soluciones con autonomía extendida más allá de 2035, siempre que contribuyan de forma significativa a la reducción de emisiones globales.
La propuesta de la Comisión Europea aún no es definitiva: debe ser debatida y aprobada por el Parlamento Europeo y los gobiernos de los estados miembros antes de incorporarse en la legislación vinculante. Durante este proceso, varios gobiernos nacionales han manifestado posturas contrapuestas, con algunos apoyando mantener metas estrictas de electrificación y otros abogando por mayor flexibilidad.
En España, por ejemplo, el presidente del Gobierno ha instado a la Comisión a mantener la prohibición de venta de coches de combustión para 2035, subrayando la importancia de la electrificación en la estrategia industrial europea, lo que evidencia el debate político interno que esta revisión ha provocado.



