Luca de Meo, CEO del grupo Renault y presidente de la Asociación Europea de Fabricantes de Automóviles (ACEA), ha aprovechado su intervención telemática en el foro de Anfac para alertar del riesgo que corre la industria europea del automóvil en la nueva era de la movilidad eléctrica: «Los europeos están regulando como locos y no de forma coherente», subrayaba, lo que pone en peligro la propia competitividad de nuestro continente en el entorno internacional.
Y ponía sobre la mesa un dato cuanto menos preocupante: «Los europeos no controlarán más del 5% de la cadena de valor de la extracción y refinado de las materias primas del vehículo eléctrico de aquí a 2030», mientras que los productores asiáticos, principalmente chinos, serán los grandes beneficiados: «Durante décadas el motor de combustión interna funcionó como barrera de entrada para los europeos; ahora son los europeos son los que se encuentran relativamente vulnerables frente a los chinos».
Una posición de debilidad que es fruto, según De Meo, de la «volatilidad regulatoria» en el seno de la Unión Europea y de los Gobiernos comunitarios, que no sólo dictan normas «a lo loco», sino que también añaden cargas adicionales como «la Euro 7». Y mientras Europa se pega un tiro en el pie, el resto de nuestros competidores se frotan las manos: «Mientras Europa baila el chachachá, el resto del mundo, sobre todo Estados Unidos y China, no se anda con chiquitas».
Para el CEO de Renault, esta transformación industrial está configurando de manera paralela «una nueva geografía mundial para los fabricantes de automóviles» en la que Europa se está quedando fuera. «Se está invirtiendo el equilibrio geopolítico en términos de control de la cadena de valor. Está en juego nuestra capacidad de innovar, de inventar modelos de negocios adaptados al nuevo mercado», alertaba.
«La transición la tienen que pagar los ricos»
Pero una cosa es la industria propiamente dicha, y otra alcanzar los objetivos de descarbonización mediante una transición real y efectiva hacia la electrificación. Y De Meo volvía a ser claro: «La transición al eléctrico ahora la tiene que pagar la gente que tiene pasta, los ricos, porque estos coches estructuralmente cuestan más dinero».
Y no parece que esto vaya a cambiar a corto plazo: «Algún día bajarán los precios de los coches eléctricos, pero el 40% del coste está en las baterías y una buena parte de las baterías son materias primas que no se encuentran en todos sitios. Por lo tanto, hay riesgo de especulaciones». El litio es un buen ejemplo: «En dos años su precio se ha multiplicado por doce y después se ha dividido por dos».
De Meo hacía también referencia a la paradoja que traen consigo todas las regulaciones en materia medioambiental, ya que están provocando que aumente la antigüedad media del parque ante las dificultades de los usuarios de renovar su vehículo: «El coche europeo de media es un 60% más pesado que hace veinte años [por estas normativas], un 50% más caro, y el número de empresas fabricantes de automóviles ha caído un 40% en algunos países». ¿El resultado? Una menor renovación: «La gente alarga la vida de su coche y dejamos en la carretera los coches más contaminantes durante más tiempo”.



