El 47% de los vehículos que circulan en España tiene ya más de 15 años. Estos vehículos concentran, además, el 43% de las emisiones del parque, según los datos recogidos por Solera en su informe La nostalgia y la posventa, presentado durante el congreso Posventa Iberia, organizado por Cesvimap.
El peso de los vehículos más antiguos no ha dejado de crecer durante la última década. En ese periodo, su presencia en el parque ha pasado del 26% al 47%, un incremento de 21 puntos porcentuales. España cuenta ya con más de 30 millones de turismos, todoterrenos y vehículos comerciales, y suma cada año unas 300.000 unidades netas, debido a que el ritmo de achatarramiento no compensa el crecimiento del parque.
En el contexto europeo, solo República Checa, Polonia, Rumanía y Grecia presentan un envejecimiento del parque superior al español.
Más vehículos viejos no significa más rentabilidad
El envejecimiento del parque podría hacer pensar en un aumento de la actividad de reparación y del consumo de recambios. Sin embargo, Solera introduce un matiz relevante: los vehículos de mayor edad no son necesariamente los que más valor aportan a la posventa. “Estos coches a pocos benefician. No desde luego a la posventa, porque se reparan lo mínimo, dejan escasa rentabilidad y tienen pólizas básicas”, explicó José Luis Gata, gerente de desarrollo de negocio de Solera, durante la presentación del informe.
El comportamiento de los propietarios de vehículos de más de 15 años condiciona así el potencial económico de este segmento. La prioridad suele ser mantener el vehículo en circulación con las intervenciones imprescindibles y recurrir a soluciones de menor coste. El resultado es que un aumento del volumen de vehículos antiguos no implica necesariamente un incremento equivalente del ticket medio ni de la rentabilidad por reparación.
Para el mercado independiente, este escenario favorece especialmente la demanda de recambios vinculados al mantenimiento y al desgaste, como frenos, filtros o componentes de suspensión, mientras que las intervenciones de mayor valor encuentran mayores dificultades para materializarse en este segmento del parque.
Un parque todavía dominado por la combustión
El informe de Solera también pone el foco en la composición tecnológica del parque. Según sus datos, el 56% de los vehículos es diésel, el 34% gasolina, el 9% híbrido y apenas el 1% eléctrico.
La fotografía del parque contrasta con la evolución de las matriculaciones, donde los vehículos electrificados tienen ya un peso muy superior. La diferencia entre ambas magnitudes refleja el ritmo lento al que se transforma el parque español: los vehículos nuevos incorporan progresivamente más tecnologías electrificadas, pero su incorporación al conjunto de vehículos en circulación requiere todavía años.
Para la posventa tradicional, esta situación prolonga la vigencia de buena parte del catálogo asociado a los motores de combustión. Filtros, frenos, componentes de motor y elementos de suspensión, entre otras familias, seguirán teniendo un amplio campo de actuación mientras los vehículos térmicos continúen representando la mayor parte del parque.
Al mismo tiempo, el crecimiento de los híbridos y eléctricos obliga al sector a prepararse para una composición tecnológica cada vez más diversa, aunque su peso actual en el parque sea todavía reducido frente al de las tecnologías convencionales.
Un parque que envejece mientras las matriculaciones cambian
Los datos presentados por Solera ponen de manifiesto una de las principales particularidades del mercado español: la distancia entre el vehículo que se matricula y el que circula.
Mientras las nuevas matriculaciones avanzan hacia tecnologías electrificadas, el parque acumula vehículos de mayor antigüedad y mantiene una elevada presencia de motores de combustión. La renovación del parque, por tanto, se produce a un ritmo considerablemente inferior al de la transformación tecnológica del mercado de vehículos nuevos.
Esta evolución plantea un doble escenario para la posventa: por un lado, mantiene durante años una amplia base instalada de vehículos susceptibles de mantenimiento y reparación convencional; por otro, aumenta la necesidad de adaptar capacidades, conocimiento y oferta a un parque progresivamente más heterogéneo.



