Nacido en Madrid, en el Hospital de la Paz, el 31 de marzo de 1967 –a las 5:45 de la tarde-, Fernando Riesco es el director general de Dipart, un grupo de treinta recambistas al que ha hecho funcionar como una única empresa. Casado una primera vez -de aquella relación tiene un hijo de treinta años, “del que disfruto ahora como nunca”-, volvió a casarse de nuevo, con María Antonia Molina, compañera en Tenneco y también ahora. Del barrio madrileño de Aluche, donde nos acercamos para hacer las fotos de la entrevista, hijo de taxista y de ama de casa, responde al perfil de chico de barrio de Madrid: sin grandes sueños ni grandes aficiones, apegado a sus raíces, familiar, trabajador, que disfruta con su trabajo y también de las cosas pequeñas, un encuentro con amigos, una conversación, un paseo por la playa… Un tipo sencillo, con una mente eso sí matemática, que ha sabido alcanzar lo que desde muy joven buscaba: ganarse la vida con un buen trabajo
Cuenta que era “bastante cerrado, ocupado en hacer lo que tenía que hacer para salir adelante”. Reconoce “haber vivido obsesionado por ir cumpliendo etapas”: “Mi vida ha sido un correr hacia delante, primero por acabar el bachiller, luego la carrera, terminar de pagar la casa, jubilarme (sonríe)… Siempre queriendo acabar con lo que está en curso”. Pero también se define como “buena gente y amigo de sus amigos”, amigos que mantiene desde su infancia. Y de niño quería ser arquitecto, “sin ningún fundamento”, dice, aunque lo que realmente siempre quiso “fue tener un buen medio para ganarme la vida, era muy práctico”. De hecho, confiesa que aprender a disfrutar del trabajo “lo he aprendido con el tiempo”. Acabó siendo ingeniero, agrícola concretamente, aunque buena parte de su trayectoria profesional la haya hecho como comercial, como le anunció un profesor particular durante el bachillerato: ‘Estudies lo que estudies es muy posible que termines vendiendo lavadoras’. Y lavadoras, no, pero sí ha vendido un buen puñado de amortiguadores en su etapa de Monroe. Para terminar siendo, de alguna manera, lo que quería ser de niño, diseñando y construyendo lo que él considera su obra. Fernando Riesco, el arquitecto de Dipart.
“Mi padre me llevaba en su taxi”
“Mis padres son de origen asturiano, los dos, de la parte más occidental, aunque mi madre nació en Madrid, que fue donde se conocieron, y eso que sus aldeas en Asturias estaban a solo ocho kilómetros la una de la otra. Mi padre sí nació allí. Era hijo de un maestro leonés que ejerció como tal en Asturias. Tengo una hermana tres años mayor que yo, también maestra, como mi abuelo. Y mi padre, cuando se vino a Madrid, trabajó en la EMT (Empresa Municipal de Transporte) y después se compró un taxi. Mi padre ha sido taxista toda la vida, y mi madre, ‘sus labores’, como se decía. Y claro que me llevaba en el taxi, incluso a veces salía a trabajar con él cuando era pequeño, sentado en el asiento de delante…”.
“La familia es el núcleo fundamental de mi vida”
“Uno es como es por lo que ha vivido. Y los pilares de mi vida han sido mis padres. El valor de la familia es lo que me han transmitido, y para mí es lo más importante. Es verdad que la mía es limitada, no somos muchos, pero para mí es el núcleo fundamental de mi vida. Mis padres, mi hermana y sus hijas, mi hijo, mi mujer y sus hijos. Eso hace que por ejemplo sea un apasionado de la Navidad, para mí la mejor época del año, cuando mejor me lo paso, porque nos reunimos todos”.

LA CLAVE PARA ENTENDER A RIESCO
A veces no es fácil saber cuál está siendo su línea argumental, uno se pierde por momentos. Y la clave es saber cómo se estructura su mente, para asumir que puede ser como con ese matemático que clava el resultado final mientras realiza operaciones que no alcanzamos a entender: “La realidad siempre es un concepto matemático, es la base de todo razonamiento. La mejor argumentación es siempre numérica, lo demás puede ser humo, incertidumbre… Las matemáticas nunca mienten, los números no engañan: uno más uno es igual a dos. El resto es moverse en terrenos pantanosos y a mí nunca me ha gustado moverme en esos terrenos. Por eso cualquier análisis que haga se basa en las cifras. Cualquier hecho, cualquier noticia, se explican o se desmienten analizando los números”.
“No querían que trabajáramos antes de terminar la carrera”
“Mis padres siempre nos dijeron lo mismo: ‘Primero acabad la carrera que ya tendréis tiempo de trabajar toda vuestra vida; los estudios es lo único que vais a heredar’. Podíamos como mucho dar clases particulares, pero nada que implicara una responsabilidad laboral. De hecho, entre que acabé la carrera y me fui a la mili fue la primera vez que trabajé… ¡de taxista! Quería contar con un dinerillo para pasar el año de servicio militar y me saqué la cartilla del taxi en Madrid. Estuve seis meses, de ocho de la tarde hasta las doce… y me lo pasé como un enano”.
“Ser zurdo me ha condicionado la vida”
“De mi infancia tengo recuerdos contradictorios. Por un lado la recuerdo feliz, siendo un niño tranquilo, con amigos que han sido para toda la vida con los que me juntaba en una plazoleta de nuestra urbanización en Aluche. Pero también tengo sensaciones raras, porque soy zurdo, y en párvulos ya tuve mucha presión para que escribiera con la derecha. Tuvo que intervenir mi padre para que me dejaran en paz. Eso me afectaba. Pero es que ser zurdo me ha condicionado la vida. Porque en bachillerato suspendía mucho, fue muy duro, y eso que yo estudiaba como un campeón. No lo entendía. Hasta que comprendí que mi letra era imposible de descifrar. Luego terminaba aprobando en junio, pero lo pasaba muy mal durante el curso, teniendo que estudiar muchísimo. Yo creo que fue otra de las cosas por las que a mí me empezó a gustar más la parte más analítica, las matemáticas, los números en fin, de los que soy un apasionado. Hasta me condicionó para estudiar la carrera que estudié. Porque en tercero de bachiller había que elegir entre dibujo y biología. Y yo la biología la he odiado toda mi santa vida, pero hacer dibujo lineal siendo zurdo… vas pasando la mano por encima de lo que acabas de dibujar y acabas emborronándolo todo. Un desastre. Así que si estudié ingeniería agrícola fue por descarte. Porque una de las asignaturas era biología y tenías que aprobar al menos una para que no te echaran. Y esa la había estudiado y sabía que esforzándome podía aprobarla”.
“Fue una época muy chula”
“En la mili fui infante de Marina, de los de verdad. De los que bajan por las cuerdas de los barcos, descienden en rápel desde un helicóptero, corren con doce kilos a la espalda… era un máquina. Cuando volví mi primer trabajo fue unos meses en una empresa de sembradoras en Alcalá de Henares, que algo tenía que ver con mi condición de ingeniero agrícola. Y de ahí pasé a Ebro Kubota, al lado de mi casa, en la que casi se entraba del tirón cuando terminabas la carrera, porque en el último curso igual éramos veintidós en clase y aprobábamos cinco. Fabricaban tractores, que también tenían que ver con lo que había estudiado, pero me dedicaba a la venta. Entonces tenía veintitrés años, todavía me tomaba cervezas sentado en un banco con mis amigos debajo de casa, y ya llevaba distintos concesionarios del norte de España, mandando mucho, porque dependían absolutamente de la marca. Fue una época muy chula”.


“Empecé a disfrutar con mi trabajo”
“Yo he tenido mucha suerte. Primero entré en una empresa que era la segunda en ventas de España detrás de John Deere. Y llegaba a los concesionarios siendo un chaval y me trataban de usted, que yo flipaba, que hasta me iban a buscar al aeropuerto, además de que me pagaban muy bien para aquella época. Por la fuerza de la marca. Aprendí mucho y conocí muchos sitios y mucha gente, gente influyente. Y cuando cerró Ebro Kubota, que yo tenía veintisiete años, entro en Monroe, con Eric de Poortere de jefe, el mejor. Y aunque a los seis meses pensé que aquello no era lo mío, que yo estaba acostumbrado a que los clientes me trataran a cuerpo de rey y eso de ir de tienda en tienda, esperando en el mostrador a que te recibieran, como que no (y eso que Monroe era la empresa a la que mejor recibían)…, pedí que me dejaran llevar los grandes distribuidores de Madrid, los almacenistas, hasta llevaba las negociaciones con Midas. Empezaron a dejarme hacer y llegó el proyecto para desarrollar los puntos Monroe. Ahí empecé a crear, a sentirlo como propio y a disfrutar por primera vez de mi trabajo”.
“Me parecía un salto muy arriesgado”
“En Tenneco llegué a ‘country manager’. Pero se habían marchado todos con los que crecí en la empresa, empezando por Eric de Poortere, y comencé a no entenderme con el italiano que era por entonces mi jefe… Y estuve dos años que no sabía ni cómo salir. Al final llego a un acuerdo con la empresa… y oportunidades tenía, que en ese tiempo tenía muy buen cartel. Era 2008, y había muchas posibilidades abiertas, muchas. Y entre ellas la de Dipart, que en principio me parecía un salto muy arriesgado… Y es que yo estaba en una compañía fabricante líder del mercado, y es verdad que en los últimos años lo pasé muy mal, sufriendo con dos productos a la baja, pero de eso a liarme la manta a la cabeza con ocho recambistas en un proyecto que todo el mundo daba por perdido… ¿Y si salía mal? ¿Podría volver a un proveedor? Luego se ha visto que no es tan complicado, pero… El caso es que tuve una primera reunión con ellos y su forma de ver las cosas no coincidía con lo que yo creía que había que hacer. Y dije que lo mejor era dejarlo, que seguro que tendrían grupos interesados en ellos. Ahí fue Jose ‘Posada’, de Repuestos Posada, el que me convenció, ejerciendo su liderazgo. Lo vi defender mi propuesta; aunque no creyera del todo en ella, confió en mí, se implicó, y fue arrastrando a los demás”.
“Hemos logrado un sentimiento de pertenencia bestial”
“Dipart de alguna manera lo siento como mi obra, porque he participado en su construcción desde el inicio y creo que como concepto es ejemplar. Hemos marcado un camino diferente de hacer las cosas y estoy muy orgulloso de que sea así. Hemos logrado que haya un sentimiento de pertenencia bestial, segundas generaciones con una tremenda capacidad de empuje, además. Y si ese es el sentimiento es porque hemos creado una estructura hecha por y para nuestros socios, que es muy beneficiosa para todos ellos, porque les permite ganar dinero. Porque está pensada para las necesidades del distribuidor y para adaptarse al mercado, al que tenemos y al que va a venir. Llevamos más de quince años trabajando para llegar a la situación que tenemos ahora, desde la que podemos mirar al futuro con confianza”.
“Somos únicos”
“Tenemos cosas que a todo el mundo le gustaría tener, y si es así es porque serán buenas. Por ejemplo, la facturación centralizada, de modo que los socios no son socios como tal sino clientes de Dipart. Y es un matiz importante, porque nos mostramos ante el mercado como uno, como una única organización. Fuimos los segundos en contar con nuestra propia asistencia técnica, entendiéndola además no como un negocio sino como un servicio. Los primeros en crear un departamento de Grandes Cuentas. En tener almacén propio, en tener una tienda propia, que hubieran sido más si no me da el segundo infarto… Y hemos desarrollado sistemas de información que nos permiten saber en todo momento y con total transparencia lo que hizo un socio ayer con un cliente a las cinco de la tarde. Eso no lo tiene nadie. Y es que el tratar a los socios como franquicias, que es el concepto, nos permite decir que no somos un grupo sino una empresa, con objetivos de facturación, de resultados, lo que nos hace independientes de quienes ponen el dinero. Y en eso creo que somos únicos”.
“Es un orgullo”
“Que te denominen el ‘pequeño AD Parts’ es un orgullo. Siempre he dicho que nunca vamos a ser el mayor grupo de este país, es imposible serlo, pero sí hemos querido convertirnos en uno de los grandes clientes de este país, aunque con la concentración se nos complica. Pero bueno, cuando nosotros compramos a un proveedor ya estoy comprando por un valor en ventas de doscientos ochenta millones de euros (cuarenta a través directamente de Dipart). Está bien como punto de partida”.
“PROCURO NO DARLE IMPORTANCIA, NO PENSAR EN ELLO”
“He sufrido dos infartos. El primero lo viví bajo la inconsciencia de no saber ni lo que era un infarto. Recuerdo unos dolores tremendos que me quitó una enfermera sentada a horcajadas sobre mí con un pinchazo. Y pasar mucho frío en el nuevo Hospital de la Fe de Valencia, que lo acababan de abrir. Pero vamos, que cuando me dejó de doler le dije al médico si podía volverme ya a casa porque ya estaba bien. Nadie me había dicho que me estaba dando un infarto. Y allí volvió a apretar y derecho al quirófano. No he pasado más frío en mi vida, hasta el punto de que le pedí al cirujano que me abrazara… y me abrazó. Yo tenía 43 años cuando me dio ese primero… Y siempre he sido una persona optimista, que piensa que todo va a salir bien. Y cuando ocho días después me mandaban a casa ya no pensaba que tuviera que condicionar mi vida. El único hábito que abandoné fue el de fumar… y acabé volviendo.
Y me vino el segundo infarto, diez años después. Fue mucho peor. Estuve cuatro días infartado sin hacer nada. Notaba una molestia en el pecho y mucho cansancio, no podía con mi alma. Y cuando finalmente fui al hospital lo que se encontraron no les gustó. Me dijeron que había menos de un cincuenta por ciento de que la operación saliera adelante. Entonces sí me pensé en qué tipo de vida iba a tener que llevar si salía de aquello. Y salí, con el tiempo empecé a mejorar, pero me costó dos veces más que con el primero. Cuatro meses. De eso hace tres años. Ahora procuro no darle importancia, no pensar en ello, hacer un poco de ejercicio, tomarme mi medicación, cuidarme un poco, vaya”.
“Tenemos un equipo fantástico”
“Susana Doliwa ha sido un soporte fundamental para mí, me ha ayudado muchísimo. Como Ana Javato. Como Antonio Amores, ya jubilado, y su hijo Marc. Como Carlos Miranda, que no hay nadie más leal que él. Llevan conmigo prácticamente desde el principio y han sido los pilares sobre los que me he sostenido. Tenemos un equipo fantástico, muy, muy bueno”.
“María Antonia para mí es todo”
“La conocía desde mediados de los noventa, cuando Tenneco compra Fonos, en la que trabajaba. No estaba ni casada. Yo, sí. Me separé con 33 años, después de nueve casados, mi hijo apenas tenía cuatro (nació el 9 de junio de 1996). María Antonia (Molina) se casó después y tuvo dos hijos. Empezamos a salir en 2006, trabajaba conmigo, hablábamos mucho, era mi confidente… y eso que había estado a punto de casarme otra vez, que suspendí la boda mes y medio antes. Para mí María Antonia lo es todo, es la mujer con quien he sido muy feliz, que me ha cuidado… Nos terminamos casando en 2017, después de mi primer infarto, que tuvo algo que ver, porque nos hizo ver que no podíamos dejar las cosas así, aunque no fue la única razón. ¿Que si me costó mucho tomar la decisión de incorporarla a Dipart? También fue algo condicionado por el infarto. Por el segundo. Fuimos conscientes de que necesitábamos a alguien que me ayudara directamente, que asumiera parte de mis funciones. Lo primero fue ampliar plantilla… y pensar en alguien concreto que me quitara trabajo. María Antonia conocía muy bien lo que yo hacía, y ya nos ayudaba en la sombra. Y aquí me hablaban de ella… les parecía la persona ideal, aunque al principio yo no lo veía tan claro por eso de trabajar en el mismo espacio. Pero realmente era quien mejor me podía ayudar. Sin embargo, no era yo el que tenía que tomar la decisión. La responsabilidad la tenía que asumir el consejo, como así fue. Seguimos necesitando gente, cada vez hacemos más y más cosas, y pensar en alguien para prepararlo para que termine dirigiendo Dipart, porque María Antonia ya ha dicho que lo deja el mismo día que yo me jubile”.
“Quiero seguir disfrutando con lo que hago”
“A nivel profesional estoy muy satisfecho de lo conseguido. Decía Jose ‘Posada’ al principio que teníamos que ser ‘la alternativa’, ser referencia, y lo somos y podemos serlo más todavía. Queda mucho por hacer y lo que quiero es seguir disfrutando con lo que hago, porque me satisface mucho mi trabajo”.
“Sólo hay que hacer los números”
“¿Grandes cambios en el mercado? Depende de cuándo me jubile. Pero vendrán. La distribución tiene hoy la fuerza, pero mandan los proveedores. Y los que suministran al primer equipo están viviendo situaciones muy complicadas, sometidos a una gran presión económica, mirando al aftermarket como salvavidas, aunque poco les pueda solucionar. Y teniendo en cuenta que la distribución también se está concentrando es muy posible que los fabricantes dejen de hacer el papel de mayoristas que hacen ahora. Supone un coste muy importante del producto y dejarán de hacerlo porque, si no, no van a poder competir. Eso puede cambiar las cosas. Y no te digo nada si además eres monoproducto. No compensa económicamente. El número de distribuidores va a seguir siendo similar, también el de talleres, por lo que la capilaridad seguirá siendo muy importante, pero puede cambiar quién maneja el mercado. Quién va a acceder al proveedor y cómo se distribuye la pieza. Aunque factures cuarenta o cincuenta millones de euros igual no estás listo para comprar directamente al proveedor. Sólo hay que hacer números. ¿Cuánto puedes comprar a un fabricante de filtros, si además trabajas con más de una marca? ¿Crees realmente que vas a ser atractivo para ese proveedor? Tendrán que buscar una solución. Y ahí nosotros creo que lo hemos hecho bien desarrollando el concepto franquicias, consolidando las compras. Eso nos hace mucho más interesantes para el proveedor, y permite a nuestros ‘franquiciados’ competir en muy buenas condiciones. Estratégicamente somos de los que mejor hemos hecho nuestro trabajo”.




¿Dos infartos? Vaya… como yo. Con dos fechas de cumpleaños, jeje.
Fernando, tú vales mucho.
Un abrazo del jubilao
Gracias amigo Orlando!! Pronto lleguan las Navidades 😉!!! Un abrazo