Fernando López, director general de la consultora GiPA en España, tomaba la palabra en el Congreso de Posventa Iberia de Cesvimap para hacer un análisis de la evolución del taller en las últimas décadas. Al término de su ponencia, una mesa redonda participada por Elisa Gil -Grupo Gil Automoción-, Juan Martínez -Martech Corporation- y Fernando Sotelo -Automoción Ímola y delegado en Galicia de Aprotalleres- cerraría el espacio destinado para hablar de la evolución ‘de taller familiar a negocio escalable’.
Más allá de cómo se trabaja en los propios talleres y de las complejidades que han ido entrando en su día a día, cada vez además con mayor velocidad, destacaba un dato en la ponencia de López. Y es que el número de taller sigue reduciéndose: han pasado de ser más de 50.000 en 2011 a 38.568 en la actualidad, una caída cercana al 25% en quince años.
Una caída que ha sido aún más drástica en los talleres de carrocería, con un 35% de descenso en el volumen de negocios desde 2011; así como en los concesionarios y servicios oficiales, con un 33% de actores menos en el mismo periodo.
Los cierres, según explicó el consultor, se producen de una manera mucho más acusada entre los negocios de reparación que no están integrados en red: «Hay un crecimiento acelerado de talleres que se unen a redes organizadas para ganar competitividad. El índice de mortandad entre no abanderados es mucho mayor». Y aún hay un crecimiento potencial importante en nuestro mercado para estas enseñas: el 37% de los talleres se encuentra integrado en una, a diferencia de Alemania donde ya forman parte de alguna red el 71% de los negocios de reparación; o Alemania, donde la cifra es el 58%.
Una gran evolución
Fernando López (GiPA) exponía la evolución a la que se han visto expuestos los talleres durante los últimos años. Una ‘carrera’ que no todos han podido soportar.
Los cambios en la gestión y la dirección del negocio han sido enormes… Y es que han pasado de trabajar prácticamente todos los documentos en papel a contar con sistemas integrados que gestionan citas, presupuestos, facturación, stock de recambios y trazabilidad de cada vehículo; pasando además a medir productividad, márgenes por operario y rentabilidad por servicio. Del taller todoterreno, el famoso ‘mecánica en general’, a tener que subcontratar calibraciones ADAS, electricidad de alta tensión, diagnósticos avanzados…
El cliente de toda la vida ahora reserva por web o app, permitiendo al taller planificar su carga de trabajo de una forma mucho más ordenada y eficiente; y la confianza de siempre ahora se mezcla con las reseñas de Google y la presencia en redes sociales.
La experiencia de cliente es el eje del negocio: de reparar bien, rápido y económico a la necesidad de generar confianza y transparencia en los presupuestos, comunicación vía mail o whatsapp, con servicios de recogida y entrega a domicilio, tratando cada vez más con grandes clientes como flotas, aseguradoras o réntings que de algún modo cambian las reglas del juego.
Antes, además, existía escasez de mano de obra pero contaban con la figura de los aprendices para dar entrada a nuevos profesionales en el sector; hoy, sin embargo, la cosa se ha puesto algo más complicada, teniendo además que lidiar con requerimientos en términos de sostenibilidad y competir en un mercado cada vez más integrado: «Del taller de Manolo o Paco, a un mundo concentrado donde el modelo franquicia, que en España por ahora ha tenido poco desarrollo, irá ganando algo de terreno, y en el que los grandes capitales que entran en el mercado a través de las adquisiciones -sobre todo de grandes distribuidores- darán como resultado una nueva forma de gestionar y orientar los talleres».
Un mundo complejo, que avanza a gran velocidad, y al que no todos han podido adaptarse, era la conclusión.



