La automoción europea ha entrado en una fase de presión coordinada sobre Bruselas para redefinir el concepto del coche “Made in Europe”. El debate se centra en la posibilidad de establecer un porcentaje mínimo de componentes fabricados en la Unión Europea que, según las posiciones que están trasladando los diferentes fabricantes, podría situarse en torno al 70% del contenido del vehículo.
Dentro del seno de ACEA -la patronal de los fabricantes de vehículos-, Stellantis, Renault y Volkswagen han reclamado a la Comisión Europea y a los Estados miembros una definición más clara y exigente del “Made in Europe”, enmarcada en la futura Ley de Aceleración Industrial. Su propuesta busca que el contenido europeo tenga un impacto real en la localización de la producción y no se limite a un criterio nominal. Según su planteamiento, una regulación más estricta permitiría impulsar la inversión industrial en Europa y reforzar la competitividad frente a fabricantes extracomunitarios, en un contexto en el que los productores chinos están ganando presencia en el mercado europeo.
CLEPA alerta del riesgo de diluir el valor industrial europeo
En paralelo a la posición de los fabricantes, el secretario general de la CLEPA, Benjamin Krieger, advierte de que el diseño del nuevo marco regulatorio será determinante para no debilitar la base industrial ya existente en Europa. La organización que reúne a los proveedores europeos de automoción recuerda que la cadena de suministro mantiene un peso estructural relevante dentro del sector, con alrededor del 75% de los componentes de los vehículos fabricados en Europa producidos dentro del propio continente, lo que, en su opinión, debería servir como punto de partida y no como argumento para rebajar exigencias.
En ese sentido, CLEPA advierte de que algunas propuestas podrían generar un efecto contrario al esperado si amplían el concepto de valor europeo sin elevar de forma proporcional los requisitos de contenido local. En ese escenario, según la patronal, se podría producir una situación en la que los productos mantengan la etiqueta de origen europeo sin que ello implique un refuerzo real de la producción industrial en el continente: “Algunos enfoques podrían debilitar el incentivo para producir componentes en Europa, permitiendo al mismo tiempo que los productos lleven la etiqueta ‘europeo’”, señala Krieger.
Krieger insiste en que el debate no es una cuestión semántica ni de simplificación regulatoria, sino de cómo se sostiene el tejido industrial europeo en el tiempo: “El verdadero debate es cómo definimos y medimos la creación de valor europeo”, subraya el secretario general de la patronal, que recuerda que el automóvil en Europa funciona como un ecosistema integrado en el que los proveedores desempeñan un papel central en el desarrollo tecnológico, la producción de componentes y la inversión en innovación.
En esta línea, CLEPA advierte de que cualquier marco sobre el “Made in Europe” debe partir del reconocimiento del valor real generado dentro de la cadena de suministro y no debilitarlo mediante definiciones excesivamente amplias: “Si el ‘Made in Europe’ quiere ser una herramienta industrial real, debe recompensar la creación de valor genuino en Europa y no debilitar el ecosistema que lo hace posible”, señala Krieger, que insiste en que el objetivo debe ser reforzar la base productiva europea y no erosionarla en un momento de transformación del sector.
Un ecosistema industrial en tensión
El debate se produce en un momento en el que la cadena de suministro europea ya acusa la menor actividad del mercado de primer equipo, en línea con la desaceleración de la producción de vehículos y la presión sobre los márgenes, como acabamos de ver hoy mismo en los datos ofrecidos por Sernauto sobre la actividad de los proveedores españoles en 2025. Este contexto ha reabierto la discusión sobre la necesidad de reforzar la base industrial europea en un momento de transformación del sector.
La discusión sobre el “Made in Europe” se enmarca en iniciativas como la futura Ley de Aceleración Industrial, con la que Bruselas pretende reforzar la competitividad industrial de la Unión Europea en plena transición tecnológica y energética. Tanto fabricantes como proveedores coinciden en que la clave no es solo la descarbonización, sino garantizar que Europa mantenga capacidad de producción, inversión y empleo en su cadena de valor del automóvil.
El consenso emergente en el sector apunta a que el “Made in Europe” puede convertirse en una herramienta central de política industrial, siempre que se utilice para reforzar la creación de valor real en el continente y no como un mero sello formal sin impacto sobre la estructura productiva.



