Este lunes, 3 de noviembre, nos dejaba a los 92 años de edad Eduardo Huarte Berástegui, fundador de Lizarte y todo un pionero en el sector de la reconstrucción. Lo hacía en su Pamplona natal, donde ponía hace más de cincuenta años las bases de la actual compañía. Pero sus inicios como empresario hay que buscarlos mucho más lejos, en Venezuela, donde emigró con su familia a finales de los años 50. Allí fundaría Auto América, taller oficial Renault que se terminaría convirtiendo en el más grande de Caracas.
Volvería a Pamplona en 1970 y allí se asociaría, poco después, con el empresario Jesús Lizárraga, su proveedor de transmisiones nuevas y reconstruidas, con quien montaría, en 1973, la empresa que hoy conocemos. Un profesional hecho a sí mismo, un referente, que fue capaz de ver negocio donde no lo había y apostar cuando nadie lo hacía -desde Pamplona fue capaz de convertir su negocio venezolano en uno de los principales mayoristas del país y se lanzó a la reparación de direcciones cuando nadie en España se dedicaba a ello… al menos con ese nivel de calidad-.
Y de esa visión surgió un proyecto pionero, no solo en España, sino también en Europa: «Nadie creía en Lizarte como empresa dedicada a la refabricación de direcciones, era algo impensable en aquellos tiempos», nos comentaba recientemente su hijo Óscar Huarte, actual CEO. Fue una apuesta valiente, como la que había hecho años antes cruzando el charco con su familia en busca de un futuro mejor.
Pero Eduardo Huarte no sólo fue un hombre valiente, también fue un visionario. Desarrolló innovaciones como la esfera de suspensión para vehículos Citroën -«que se convirtió en referencia del mercado», señala la compañía-, así como procedimientos de reconstrucción que convirtieron a los productos Lizarte en todo un referente: «Los recambistas les pedían más», nos decía su hijo. Y así vieron que había negocio…
Su legado es el de un gran profesional, pero también -y sobre todo- el de una gran persona, como lo recuerda la compañía que fundó hace ahora 52 años: «Quienes trabajaron con él recuerdan a un hombre íntegro, generoso y profundamente creyente en las personas. Construyó su empresa sobre valores sólidos: trabajo bien hecho, confianza y honestidad».
Esa herencia fue la que asumió su hijo, Óscar Huarte, CEO de la empresa, y la que se filtra ya en la tercera generación, representada en su nieta Raquel Huarte, directora de Administración y Finanzas. Un apellido ligado a un sector, el de la reconstrucción, que despide a uno de los grandes referentes de la posventa patria.
Descanse en paz.



