Intensidad, creatividad y sonrisa. Así se define Paula Aldea, directora de Comunicación y Márketing de Ancera desde 2021. Lo dice sin dudarlo, una señal de que tiene claro quién es cuando se mira al espejo. Quienes han trabajado con ella coinciden en que es intensidad en estado puro, que no entiende de medias tintas y que cuando se entrega a un proyecto, da siempre el ciento diez por ciento. A golpe de creatividad, le da la vuelta a todo y aporta un toque muy personal.
Peculiar, con gustos que parecen de otra época pero encajan en su manera de ser, colecciona cámaras analógicas, escucha vinilos y tiene lo que llama ‘melancolía auditiva’, esa capacidad de asociar personas y recuerdos a canciones concretas. Guns N’ Roses, The Beatles y David Bowie son su banda sonora habitual, junto a los grandes clásicos del piano. Así es quien hoy pone música -metafóricamente- a la patronal de los recambistas.
De naturaleza serrana
Nació el 7 de marzo de 1986 en Madrid y se crió entre Villalba y La Granja de San Ildefonso, su refugio emocional. “He vivido entre la cara sur y la cara norte de la sierra de Madrid”, explica. La conexión con ese entorno es tan profunda que considera La Granja su pueblo y es allí donde vuelve cuando siente que ha perdido el norte: “Para mí, es como volver a casa”. Tras seis años en la capital, decidió regresar a la sierra con su marido para criar allí a sus hijas, rodeadas de naturaleza, como ella creció.
En los recuerdos de esa niña feliz nacieron sus dos grandes pasiones: el piano y el periodismo. Empezó a tocar a los ocho años con un pequeño teclado que había llegado a casa en una tómbola. La primera pieza que interpretó fue una versión básica del ‘Para Elisa’ de Beethoven, y ese fue el inicio de una relación que todavía conserva. Más adelante llegó a sus manos un piano Gaveau de 1918 gracias a su abuelo, una reliquia que guarda una placa con su nombre y fecha como homenaje. Aun así, supo pronto que su vida tomaría otro rumbo: “El piano me gustaba, pero no quería dedicar mi vida a ser pianista. Yo quería ser periodista”.
“No podía hacer otra cosa que no fuera periodismo”
Asegura que lo llevaba de nacimiento: “Hablaba por los codos. No podía hacer otra cosa que no fuera periodismo. Estaba como en mi genética”. Sus primeros pasos fueron en Radio Villalba, donde con trece años participó en un programa infantil gestionado por niños. Fue directora, técnica de sonido, locutora y editora, entrevistó al alcalde y cubrió la Lotería de Navidad. Lo dejó para preparar Selectividad, pero con la idea fija de estudiar Periodismo.
“El piano me gustaba, pero no quería dedicar mi vida a ser pianista. Yo quería ser periodista”.
Al sector de automoción llegó por casualidad en 2011. Tras un parón laboral por la fusión entre La Sexta y Atresmedia, entró a trabajar temporalmente en Roauto, un concesionario Opel y Chevrolet. Lo que iba a ser un empleo de paso terminó convirtiéndose en su puerta de entrada al sector, donde la contrataron como responsable de Comunicación y Márketing. De esa etapa se llevó algo fundamental: la obsesión por medir. Entendió que “midiendo podía saber si lo que hacía era acertado o debía enfocarlo de otra forma”, y aquello la llevó a sentarse junto a los directivos y a descubrir que la posventa era el lugar donde quería quedarse.



“Con mi creatividad por bandera”
Ese camino la condujo a Cars Marobe, donde asumió comunicación, márketing y ventas en la posventa independiente. Llegaba “con mi creatividad por bandera”, dispuesta a aplicar todo lo aprendido, pero se dio de bruces con la realidad de un rol más comercial. Lo transformó en un reto: “Cuando tienes un buen producto o servicio, la comercialización sale por sí sola”. Y así pudo reconectar con el periodismo a través de una revista, blog, newsletter y una web renovada.
Siete años después, la pandemia puso fin a aquella etapa, pero lo que parecía un golpe se convirtió en una oportunidad inesperada. Explica que “me di cuenta de que el sector no solo había observado mi trabajo mientras estuve en Cars Marobe, sino que lo había valorado, porque me llegaron llamadas y mensajes de apoyo que me desbordaron el teléfono… y en una semana recibí cuatro ofertas de trabajo”. Una de ellas, de José Luis Bravo, entonces presidente de Ancera, quien le ofreció la coordinación de Comunicación de la patronal, un rol que supuso “un salto cualitativo” y la oportunidad de liderar un eje estratégico.
“Empecé a amar mucho más el sector”
Llegó en 2021, integrada en el equipo liderado por Carlos Martín, con quien asegura haber encajado de manera natural. “Somos un equipo muy cohesionado y familiar, y son grandes profesionales”, afirma. Desde entonces trabajan con una meta clara: “Queremos estar en el día a día del recambista y que éste valore a la asociación no sólo por su espectacular labor institucional, sino también por su aportación tangible, la que afecta directamente a sus negocios”. Es obsesiva con medir y analizar porque cree que eso ha sido clave para que la asociación haya evolucionado: “Creo que hemos conseguido que el mensaje se entienda mejor”, y está convencida de que la patronal que hoy representa es distinta: “La Ancera de hoy es una Ancera muy cercana”.
“Ancera no solo me abrió las puertas de la distribución, sino también otras que jamás imaginé cruzar”
El salto profesional llegó acompañado también de un crecimiento personal. “Ancera no solo me abrió las puertas de la distribución, sino también otras que jamás imaginé cruzar”, explica, con una visión panorámica de la posventa que hoy abarca redes de talleres, industrial, neumáticos y proveedores. Y destaca, sobre todo, el vínculo con Carlos Martín: “Carlos (Martín) es un gran profesional, que vive y respira distribución, y el mejor guía que Ancera podía tener. Pero también -y lo digo con orgullo- un amigo”. Confiesa que habla con él a diario, que comparten proyectos personales y profesionales, y que han alcanzado un nivel de confianza “muy bonito”. Por eso concluye sin titubear: “Honestamente, siento que estoy viviendo un sueño, tanto en lo personal como en lo profesional”.


