Desde finales de 2024, los fabricantes y proveedores de la industria europea del automóvil están alzando la voz para plantear una nueva estrategia que ponga fin a las sanciones por incumplimiento de la normativa de emisiones de CO₂ -conocida como CAFE-, cuyas consecuencias ya se están dejando notar en forma de despidos, cortes de producción y pérdida de competitividad. Una incertidumbre que se agrava ahora con las amenazas de aranceles lanzadas desde Estados Unidos por el presidente Donald Trump.
Ante este llamamiento, la Comisión Europea ha recogido el guante convocando para el 30 de enero un “diálogo estratégico” con la industria automovilística europea, los interlocutores sociales y otras partes interesadas “para comprender de forma colaborativa los retos, desarrollar soluciones y adoptar medidas concretas”, señala. Este diálogo estará encabezado por la propia presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen.
Un impacto real
“Ya no hay tiempo para informes: el diálogo estratégico debe ahora generar un impacto real basado en las recomendaciones de Draghi. Tenemos que pasar de un enfoque basado en sanciones a un enfoque basado en el mercado y la demanda para la transición”, valoraba Sigrid de Vries, directora general de ACEA, la patronal europea de fabricantes de vehículos, que mostraba su “satisfacción” por esta iniciativa.
Para De Vries, abordar las “agobiantes” multas por incumplimiento de las normas de CO₂ es una “acción esencial” para mantener la competitividad de la industria europea, abogando por un enfoque en la reindustrialización de nuestro continente para afrontar la transición ecológica y lograr una mayor autonomía estratégica. Su propuesta, basada en el Informe Draghi, priorizaría un aumento de la innovación, una mejora de la financiación empresarial, la promoción de tecnologías limpias o la reducción del coste energético y de la dependencia de recursos externos.
Los proveedores, bajo presión
Pero si los fabricantes de vehículos esperan el encuentro con esperanza, no es menor el interés entre los proveedores de componentes, integrados en Europa bajo el paraguas de Clepa. Y es que según Benjamin Krieger, secretario general de la patronal, solo en 2024 se han perdido 54.000 empleos en la cadena de suministro del automóvil, como analizamos hace unos días en mayor profundidad en esta otra noticia.
Krieger alertó de que “los proveedores de componentes son vitales no solo para la prosperidad de la UE, sino también para la estabilidad de las economías regionales y locales”, aunque estos cimientos, añade “se están erosionando”. Asimismo, insistió en la necesidad de adoptar políticas regulatorias a largo plazo que permitan la flexibilidad tecnológica.
Objetivos comunes
ACEA y Clepa han instado a que las reuniones del diálogo estratégico se centren en aliviar la carga asociada al cumplimiento de las metas de CO₂ para 2025. Esto incluye la revisión urgente de la normativa para vehículos ligeros y pesados, basada en un análisis de las condiciones del mercado y de la propia cadena de valor.
Ambas asociaciones también abogan por definir las prioridades del futuro Plan de Acción Industrial de Automoción. Entre sus propuestas, destacan la aprobación de incentivos a nivel europeo para estimular la compra de vehículos, especialmente cero emisiones, y la adopción de medidas específicas para reforzar la demanda de vehículos pesados ecológicos, como la promoción de su adquisición mediante contratos públicos.
Otro aspecto que pretenden poner sobre la mesa es el impacto de las tensiones comerciales con Estados Unidos y China con el objetivo de encontrar estrategias que minimicen sus efectos negativos sobre la industria europea -no olvidemos que las sanciones a los vehículos eléctricos fabricados en China también afectan a los fabricantes europeos instalados en el país asiático-.
Por último, ambas partes subrayan la importancia de establecer un sistema de seguimiento periódico que evalúe el avance de las medidas y genere condiciones favorables, especialmente en el caso de los vehículos pesados, para los cuales existe una evidente falta de información.
La presión alemana
Como ya adelantó Ursula von der Leyen ante el Parlamento Europeo el pasado mes de noviembre, este diálogo estratégico pretende reforzar el compromiso de la Comisión Europea con el futuro de la industria, aunque hay escepticismo en ciertos sectores sobre la posibilidad de que Bruselas relaje las medidas adoptadas hasta ahora.
Sin embargo, no todas las voces son negativas. Y es que las políticas comunitarias -aunque no solo- ya están provocando un tsunami dentro de la mayor economía europea, la alemana, que está viendo cómo fabricantes de vehículos y de componentes están cerrando fábricas y eliminando miles de puestos de trabajo. La presión interna es enorme y todos los partidos políticos han incorporado medidas para el impulso del vehículo convencional en sus programas electorales de cara a las elecciones de febrero. Se espera, por lo tanto, que Alemania empuje en ese sentido, y que lo haga además en un momento en el que varios fabricantes chinos están anunciando su intención de instalarse en las fábricas que Volkswagen cerrará en Alemania, lo que sería un revés sin precedentes para la industria automovilística alemana y, por extensión, europea.
La industria europea se juega mucho: lo sabe la Comisión Europea, lo saben las partes interesadas y también el resto del mundo, especialmente Estados Unidos y China, que estarán muy pendientes de las medidas que puedan salir de estos diálogos para afinar sus propias estrategias.



