La escalada de tensiones en el Mar Rojo, resultado de los ataques perpetrados por los rebeldes hutíes de Yemen a barcos cargueros -a los que han respondido Estados Unidos y Reino Unido con ataques masivos en la región-, ha desencadenado una serie de consecuencias que amenazan con perturbar el flujo del comercio internacional. La posventa podría enfrentarse a una nueva escasez de suministro y a una subida de precios, sobre todo en aquellos productos procedentes de Asia. Así están las cosas…
Este conflicto, agravado tras el comienzo del enfrentamiento armado entre Israel y Hamás, ha puesto en peligro las cadenas de suministro en una región que abarca aproximadamente el 12% del tráfico marítimo mundial de mercancías. El impacto se refleja ya en el aumento de los precios de los productos y los fletes marítimos, que amenaza con poner en jaque el crecimiento económico en Europa, especialmente en un momento crítico en el que la eurozona enfrenta la posibilidad de entrar en recesión técnica en la segunda mitad del año, como indican muchos analistas.
Aunque los expertos indican que el efecto será menor que el sufrido durante la crisis del coronavirus, la práctica paralización de esta ruta comercial tendrá consecuencias importantes a corto y medio plazo en el suministro de productos al continente europeo procedentes de Asia. Esto obligará a los importadores a anticipar compras para garantizar la disponibilidad y, al mismo tiempo, prever plazos de entregas más largos -se estima que las mercancías podrían tardar hasta dos meses en llegar de China a Europa-.
Desvíos y aumentos de costes
Las grandes navieras, ante la creciente inestabilidad en el Mar Rojo, han tomado medidas para asegurar la seguridad de sus envíos, modificando las rutas habituales y desviando los buques hacia el cabo de Buena Esperanza, en Sudáfrica. Esta decisión no sólo está incrementando significativamente los plazos de entrega, sino que también ha provocado una escalada de precios en los fletes de contenedores provenientes de Asia.
Además, las navieras están imponiendo un recargo de riesgo durante el tránsito, cuyo coste se estima en unos 2.000 dólares de media. A esto tenemos que sumar que los retrasos en las entregas se han convertido en la norma. Un trayecto que solía tomar entre 38 y 42 días desde Asia hasta Europa ahora se ve prolongado en aproximadamente diez jornadas más. Muchos grandes buques, además, están evitando la entrada en el mar Mediterráneo, por lo que están dejando los contenedores en puntos de intercambio para que otros buques más pequeños los deriven a los puertos de destino. Esto incrementaría los tiempos de entrega en otros diez días más debido a la escasez de estos barcos pequeños en Europa, por lo que el tiempo total de entrega podría situarse en el entorno de los 60 días.
El resultado es un aumento sustancial en los costes de transporte: si antes la ruta cubría 18.000 kilómetros ahora los barcos tienen que afrontar trayectos de 25.000 kilómetros. Este incremento de distancia implica un aumento en los costes de entre el 40% y el 60%, principalmente debido al aumento en el consumo de combustible y a los seguros, según expertos del Club de Exportadores e Inversores Españoles. Así, un contenedor que hace pocas semanas se situaba en 1.500 dólares, esta semana comienza por encima de los 5.000.
Primeras consecuencias
La crisis en el Mar Rojo no sólo afecta a los costes de transporte, sino que también amenaza al suministro de productos en Europa. De hecho, importantes empresas industriales ya han anunciado una paralización de la actividad debido a la escasez de componentes y materias primas. Así, el fabricante de neumáticos Michelin ha anunciado paradas en sus plantas de Valladolid y Aranda de Duero debido a la escasez de caucho, provocada por las interrupciones en las cadenas de suministro.
Por su parte, Tesla ha anunciado la suspensión de la producción en su planta alemana durante dos semanas, citando la prolongación significativa de los tiempos de transporte y las interrupciones en las cadenas de suministro como principales factores. Algo similar ha anunciado Volvo, que dejará de producir durante varios días en su fábrica de Bélgica debido a la escasez de componentes.
La crisis en el Mar Rojo está generando desafíos significativos para el transporte marítimo y, por extensión, para el mercado internacional. El desvío de rutas, los aumentos en los costes de fletes y los problemas en las cadenas de suministro han llevado a la paralización de la producción en importantes empresas, afectando no sólo a la región directamente involucrada, sino también a empresas globalmente interconectadas.
Seguiremos muy atentos a estas derivadas para conocer el impacto de esta crisis en la cadena de suministro de componentes y sus implicaciones en la posventa.



Volvemos a lo mismo de siempre. Especulación. Un trayecto de 10 días más en barco de 30 a 40 días no cuadruplica costes por contenedor…Que digan lo que quieran pero es la verdad.