La distribución de recambios ha cerrado 2025 con un crecimiento del 6,8%, un dato claramente superior a las previsiones iniciales -que se situaban en el 4%, después elevadas al 6% debido a los buenos resultados- y que confirma el buen momento del canal dentro de la posventa. No se trata de un rebote coyuntural ni de un efecto puntual, ya que el dato se apoya en una demanda sostenida durante todo el año, un parque envejecido que sigue pasando por el taller y una mayor capacidad de los distribuidores para gestionar la logística y sus operaciones en un entorno menos inflacionista.
El último trimestre del año ha sido clave. Con un crecimiento interanual del 8,5% -superior incluso al 6,7% del tercer trimestre- los últimos meses de 2025 han convertido a la segunda mitad del año en la más dinámica para el sector a pesar de la ligera ralentización prevista por los actores que participan en la encuesta. Y es que no solo se ha crecido, sino que se ha hecho muy por encima de lo previsto y además de manera generalizada, sin grandes distorsiones entre operadores.
Para Nines García de la Fuente, presidenta de la patronal, “el crecimiento registrado, apoyado en la estabilidad del parque circulante y en la capacidad de adaptación de la distribución a un contexto económico más normalizado tras el ciclo inflacionario, refleja la solidez del sector en un escenario cada vez más exigente”.
Una solidez que se trasladará a 2026, según estimaciones de Ancera, que prevé un crecimiento del 3,1% para el ejercicio recién comenzado. No se trata de una señal de alarma, sino de un ajuste de expectativas que apunta a un mercado más maduro, con menos viento de cola, pero igual de dinámico.
Preocupa la rentabilidad
En este contexto de crecimiento de la facturación, lo que no desaparecen son los problemas estructurales. Como señalan desde Ancera, la rentabilidad sigue presionada por unos costes operativos elevados y por la dificultad de trasladarlos al precio final. Además, el factor laboral se consolida como una de las principales preocupaciones. Y es que la falta de profesionales, el absentismo y la dificultad para atraer y retener talento empiezan a condicionar no solo el crecimiento de las empresas, sino su propia operativa diaria. A ello se suma -añaden- la incertidumbre normativa y geopolítica, que complica la planificación, y la adaptación progresiva a las exigencias de sostenibilidad marcadas por la Agenda 2030.
Para Carlos Martín, secretario general, el reto ya no está en crecer más rápido, sino en consolidar lo logrado: “El ejercicio 2025 ha cerrado con un comportamiento muy por encima de las previsiones iniciales, con especial fortaleza en el segundo semestre del año y un desempeño superior al de otros mercados europeos”, señala. A partir de ahí, añade, el foco pasa por “avanzar en eficiencia operativa, en la gestión del factor laboral y en la adaptación a un marco normativo cada vez más complejo”.



