Europa ya no corre, resiste. Y cada vez con más esfuerzo. Mientras otras regiones del mundo apuestan por mantener e incluso ampliar su músculo industrial, el Viejo Continente comienza a mostrar señales de agotamiento. Y es la automoción, una de sus grandes fortalezas históricas, la que empieza a pagar el precio. Así lo refleja el último ‘Data Digest’ publicado por Clepa, la patronal europea de proveedores -homóloga de Sernauto en el continente-, que lleva por título un mensaje tan directo como preocupante: “Una industria bajo presión: el papel menguante de Europa en el mundo”.
El documento desgrana con datos una realidad que en muchos foros se intuía pero que ahora ya nadie puede negar: Europa está perdiendo terreno. Y rápido.
Costes energéticos: una losa para la industria
Desde 2022, los precios de la energía han bajado, sí, pero no lo suficiente. La electricidad industrial en Europa sigue siendo el doble de cara que en Estados Unidos y un 90% más cara que en China. El gas natural, aún más crítico para muchas plantas de componentes, presenta una brecha aún mayor: en 2025, el gas industrial cuesta en la UE cuatro veces más que en EE.UU. “Esto no es sostenible. No es que sea una desventaja: es un desincentivo a producir”, alertan desde Clepa.
Para los proveedores de componentes, incluidos muchos que operan también en el mercado de la posventa, estos costes lastran su capacidad para competir, invertir o simplemente mantener sus márgenes. Las consecuencias no son solo empresariales: están en juego empleos, capacidades productivas y soberanía industrial, como señala la patronal.
Una transición verde… con un solo carril
Uno de los aspectos que más preocupa al sector es el enfoque excesivamente restrictivo de Europa hacia la electrificación. Mientras China promueve una estrategia tecnológica amplia -que incluye tanto vehículos eléctricos puros como híbridos enchufables-, Europa ha optado por apostar casi exclusivamente por los primeros.
¿El resultado? Entre 2020 y 2023, China aumentó su producción de vehículos eléctricos en más de nueve millones de unidades. En el mismo periodo, Europa apenas logró un tercio de ese crecimiento. Y las previsiones no son mejores: en 2030, los híbridos enchufables representarán un tercio de la producción de vehículos eléctricos en China… pero solo un 10% en Europa.
“Nos estamos autoimponiendo límites que nuestros competidores no tienen”, resume Benjamin Krieger, secretario general de Clepa. “La apertura tecnológica es clave para una descarbonización realista y competitiva”.
La inversión huye
Con costes energéticos disparados y normativas cada vez más exigentes, la inversión también está virando de rumbo. Las cifras hablan por sí solas: la inversión extranjera directa en la UE ha pasado de 7.700 millones de euros en 2022 a solo 218 millones en 2025. Un desplome del 97%.
Pero lo más preocupante es que las propias empresas europeas también están recortando su presencia global. En el sector de componentes, las inversiones en el exterior han pasado de 11.000 millones en 2023 a apenas 341 millones en 2025. Es decir: Europa se encoge… incluso fuera de sus fronteras.
Mientras tanto, China ha triplicado su peso en la inversión global, alcanzando casi el 50% del total mundial en este periodo.
No es solo industria: es empleo, cohesión, futuro
Más allá de las cifras, lo que Clepa pone sobre la mesa es que esta pérdida de competitividad tiene un impacto real y tangible: en fábricas que bajan la persiana, en empleos cualificados que se pierden, en regiones que dependen de la automoción como motor económico.
“Estamos ante una situación límite. No es solo economía: es cohesión social. O tomamos medidas, o pagaremos el precio en forma de pobreza industrial y desempleo”, advierte el informe.
Aunque el estudio se centra en el sector industrial, la posventa no queda al margen. Al contrario. Muchos proveedores del aftermarket son también fabricantes para primer equipo o están directamente afectados por estas dinámicas. La presión sobre precios, la necesidad de inversiones en nuevas tecnologías, las dificultades logísticas… todo forma parte del mismo tablero.
Además, un ecosistema industrial debilitado repercute también en la posventa: menos I+D, menos diversidad de proveedores, menos innovación. Y una cadena de suministro menos sólida.
Europa aún está a tiempo
El informe concluye con una advertencia, pero también con una llamada a la acción: la ventana para actuar aún está abierta. Para ello, Clepa pide políticas industriales coherentes, apertura tecnológica real, y medidas urgentes para recuperar la competitividad energética.
“Europa no puede liderar la movilidad del futuro con obstáculos tan grandes a su competitividad”, resume Archibald Poty, responsable de asuntos de mercado en Clepa. “Hay que restaurar las condiciones adecuadas. Y hay que hacerlo ya”.


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