Clepa ha elevado el tono en las últimas semanas ante la situación de erosión que atraviesa el sector europeo de componentes. Según la patronal europea -homóloga de Sernauto a nivel continental-, la competitividad europea está en mínimos, lo que compromete, aseguran, su capacidad de inversión, su futuro industrial y, en última instancia, su papel en la transición tecnológica del automóvil. El mensaje, lanzado en su último barómetro, elaborado con McKinsey, es más contundente que en ediciones anteriores y refleja un clima que ya no se explica por la volatilidad del mercado, sino por un cambio de ciclo en la propia estructura de costes y demanda en Europa.
Los datos son incómodos. Siete de cada diez proveedores esperan cerrar el año con márgenes por debajo del 5%, el umbral que la patronal considera mínimo para sostener inversiones en tecnología, cualificación y capacidad productiva. Lo más inquietante, según la asociación, es que estas perspectivas no mejorarán en 2026. Clepa advierte de que esta situación está provocando retrasos en inversiones críticas y desplazamientos productivos hacia regiones más competitivas, un proceso que amenaza tanto al empleo como a la actividad de I+D que sustenta a la cadena de valor del automóvil en Europa.
La competitividad es lo que más preocupa
Ese desplazamiento no es una mera especulación, sino que ya está en marcha. La mitad de los proveedores europeos prevé reducir capacidad productiva en Europa occidental en los próximos cinco años, una señal que pone en entredicho el atractivo de la región para la industria. El contraste con los planes de expansión en Norteamérica, China o Asia es notable y apunta a un reequilibrio geográfico que no favorece al continente. La combinación de costes estructuralmente altos, un mercado europeo menos dinámico y mayor previsibilidad regulatoria en otras regiones está acelerando la toma de decisiones.
Esta es la consecuencia de que la competitividad se haya convertido, por primera vez, en el principal problema mencionado por los proveedores. En primavera ocupaba el segundo lugar; hoy es la prioridad para el 86% de las empresas encuestadas. Lo que describe Clepa es un entorno en el que la demanda se contrae, la transición tecnológica avanza a ritmos distintos según el mercado y la presión de nuevos actores globales se intensifica. El resultado es una base industrial “cada vez más frágil”, en palabras de su secretario general, Benjamin Krieger.
El avance de los proveedores chinos es, precisamente, uno de los factores que más aceleran ese deterioro, como acabamos de analizar en profundidad en otro artículo publicado en AUTOPOS. Según la patronal, el 69% de los fabricantes europeos de componentes ya compite de manera directa con importaciones procedentes de China, doce puntos más que en la primavera. La organización observa un fenómeno que va más allá del precio: la combinación de costes más bajos, economías de escala muy superiores y un despliegue industrial fuertemente respaldado por políticas públicas está reconfigurando el mercado europeo con rapidez. Tres de cada cuatro proveedores esperan que esta presión aumente aún más a corto plazo.
Clepa pide medidas urgentes
Frente a este escenario, la patronal reclama medidas urgentes que reduzcan el coste energético, simplifiquen la carga burocrática y mejoren el acceso a financiación. Clepa insiste, además, en la necesidad de políticas de contenido local que eviten la salida de conocimiento crítico y en un enfoque regulatorio más flexible y tecnológicamente neutro que no limite la innovación ni la velocidad de adaptación industrial. Solo con un entorno más competitivo, sostiene, Europa podrá seguir fabricando componentes y mantener su peso en la cadena de valor global: «La rentabilidad persistentemente baja está llevando al sector por un camino peligroso. Sin medidas decisivas, la fabricación de componentes en Europa corre el riesgo de desaparecer, ya que las empresas se ven obligadas a trasladarse o cerrar, lo que pone en peligro el empleo y la experiencia», señala Krieger.
«La UE tiene puntos fuertes como lugar de inversión y fabricación, pero es necesario actuar con urgencia para impulsar la competitividad mediante la reducción del coste de la electricidad, la simplificación de los trámites burocráticos y la mejora de las condiciones de financiación. Un marco flexible y tecnológicamente neutro estimulará la innovación y acelerará la descarbonización del transporte por carretera. En conjunto, estas medidas pueden garantizar la transición y volver a situar al sector automovilístico europeo en la senda del crecimiento sostenible», concluye.



