Quiso ser diplomático, dedicarse a la política exterior y recorrer el mundo al servicio de España. Estudió para ello: Derecho, Ciencias Políticas y una especialidad en Relaciones Internacionales. Incluso trabajó en el Parlamento Europeo como becario. Pero no superó las oposiciones, y como tantas veces ocurre, acabó encontrando su destino donde menos lo esperaba: en Ganvam.
“Vine para un ratito y han pasado más de veinticinco años”, cuenta entre risas Jaime Barea. Hoy es director corporativo y responsable de su asesoría jurídica, un departamento que conoce al detalle desde que en 1998 se incorporó a la asociación, entonces presidida por Juan Antonio Sánchez Torres.
Del Derecho a la posventa… por amor
Nacido en Madrid en 1970, casado con la periodista Elena de Cea-Naharro y padre de cuatro hijos, Barea recuerda que fue precisamente ella quien envió su currículum a la oferta de Ganvam. “Ella me quería en España. Nos casábamos un año después”.
La suya es una trayectoria profesional atípica, pero también muy reveladora del compromiso con una organización en la que ha construido una carrera sólida, ganándose el respeto del sector. “Mi gran máster lo he hecho con las llamadas de nuestros asociados. Son ellos los que me han enseñado a buscar y conocer las respuestas”.
En plena transición
Ganvam, la patronal decana del sector de la automoción —fundada en 1957— vive, según Barea, uno de los momentos más trascendentales de su historia: un proceso de cambio comparable al de sus orígenes: “Estamos en un momento disruptivo, donde surgen nuevas formas de hacer las cosas. Por eso defendemos los intereses de nuestros asociados ante las administraciones, con una posición firme y a la vez constructiva”.
Con 7.400 empresas asociadas, Ganvam representa a concesionarios oficiales, distribuidores independientes, compraventas, talleres mecánicos, carroceros y también a empresas del ecosistema auxiliar: aseguradoras, tecnológicas, financieras y consultoras. Una transversalidad que le otorga una visión privilegiada del conjunto del sector.
Asesoramiento y visión de futuro
¿Qué piden los socios a Ganvam? Según Barea, tres cosas: “Información, conocimiento y herramientas para despejar la incertidumbre del mercado”.
Además, uno de sus servicios más valorados sigue siendo la asesoría jurídica. “Es uno de nuestros servicios estrella”. También lo son las estadísticas, especialmente las del mercado del vehículo de ocasión, que Ganvam lleva años liderando. “El Ganvam de ahora es el Ganvam del conocimiento. El que pisa el terreno y también el que mira a largo plazo. Y los asociados nos dicen lo que quieren… nosotros les damos respuestas”.
También trabajan para garantizar la rentabilidad del negocio. “Defendemos los contratos de concesionarios, las inversiones en sus instalaciones, y al taller de carrocería frente a las aseguradoras, donde muchas veces hay una posición de fuerza difícil de equilibrar”.



Ganvam, en todos los debates
La asociación participa activamente en los grandes debates del sector: digitalización, conectividad, nuevas formas de movilidad, transición energética, regulación del dato, etc. “Estamos implicados en todo. Eso nos permite ofrecer una visión global a largo plazo”, afirma.
Esa implicación se traduce también en su relación con otras organizaciones. “Tenemos buenas relaciones, también con Faconauto. Estamos condenados a entendernos. Son más las cosas que nos unen que las que nos separan”.
Barea defiende el diálogo permanente, sobre todo en un momento en que la unidad de mensaje puede ser decisiva para influir en las decisiones que marcarán el futuro del sector.
Hacer atractivo el sector
Una de las preocupaciones de Ganvam es la falta de atractivo del sector de la automoción para los jóvenes. “Quizá estuvimos callados demasiado tiempo. Pero ahora tenemos que prestigiar al sector”, reconoce.
Recuerda que entre venta y posventa suman 350.000 empleos directos. “Muchos perfiles actuales tendrán que readaptarse, y necesitaremos nuevos perfiles con los que hoy no contamos”.
Es en el taller independiente donde se hace más visible esa carencia de relevo generacional. “Algunos ya han decidido no continuar. Pero quienes quieran seguir tienen por delante retos importantísimos. Y ahí tenemos que estar. Es el momento de ayudarles a profesionalizar su gestión y de impulsar el talento”.
Conectividad, más que electrificación
“El parque español está muy envejecido. Hasta 2050 tendremos millones de vehículos que habrá que seguir manteniendo y reparando”, asegura Barea. Por eso, aunque el foco mediático y político esté en la electrificación, él ve una transformación aún más relevante en la conectividad del vehículo. “Cuando mis hijos se suben al coche no les importa cuántos caballos tiene. Quieren conectarse. Esa es la revolución. Y esa oportunidad no la puede aprovechar sólo quien venga de fuera”.
Afirma que ya hay modelos de negocio más rentables que los tradicionales, pero con una paradoja preocupante: “Sólo el 4% de la inversión en esos nuevos modelos proviene del propio sector. Es una pena que no seamos nosotros los que los aprovechemos, cuando tenemos la capilaridad, el conocimiento del cliente y el contacto con el territorio”.
Un solo mensaje para el taller
El sector del taller sigue sufriendo una fragmentación que, en opinión de Barea, juega en su contra. “Qué bien hubiera estado esa unión entre Conepa y Cetraa. Cuando vamos al Ministerio, lo sensato sería ir con una única voz o, al menos, con una hoja de ruta compartida”. Pese a todo, destaca iniciativas conjuntas como la Alianza por la Carrocería, “donde sí colaboramos, aunque no con la agilidad y contundencia que se necesitaría”.
Lanza un mensaje muy claro: “Yo regalo todas las medallas en beneficio del taller. Lo importante es el objetivo. No importa quién se cuelgue la medalla, lo que importa es que consigamos cosas para el taller”.



