Son muchas las voces que llevan tiempo alertando sobre la pérdida de competitividad de Europa en la industria de la nueva movilidad. Con China y Estados Unidos controlando buena parte de los recursos y las inversiones, la industria europea no sólo está quedando relegada a un segundo plano, sino que está viendo cómo los proyectos pasan de largo por nuestro continente buscando otros destinos. Ahora es la patronal europea de los proveedores de componentes (Clepa) la que alza la voz con un mensaje claro: las inversiones están disminuyendo y el empleo comienza a resentirse.
Según la asociación, en 2023 la Unión Europea atrajo inversiones relacionadas con la industria del automóvil por 10.000 millones de euros de empresas no europeas, impulsadas en gran medida por las inversiones en la cadena de suministro de baterías. Una cifra, sin embargo, insuficiente para equilibrar la balanza: las empresas europeas ya gastan más en el exterior de lo que recibimos de otros países.
Desde el segundo semestre de 2022, la Unión Europea ha perdido un 15,2% de cuota en la inversión extranjera directa mundial, mientras que Estados Unidos no para de crecer. Como ejemplo, desde el segundo semestre de 2021, en la UE han entrado 20.200 millones de euros, mientras que en Estados Unidos las inversiones extranjeras han alcanzado los 65.200 millones. Más del triple.
El resultado es que nuestro continente está en déficit en términos de inversión extranjera directa. O lo que es lo mismo: las empresas de la Unión Europea invierten mucho más fuera de nuestro territorio de lo llega procedente del extranjero. Volviendo a 2023, las compañías europeas invirtieron cerca de 20.000 millones de euros fuera de la UE, mientras que nuestra región atrajo alrededor de 10.000 millones. Un déficit de 10.000 millones. Pero esto no siempre ha sido así, ya que en 2020, aunque la industria estaba en plena transformación, la UE mantenía un superávit de más de 2.500 millones de euros.
Europa está realizando importantes inversiones en todo lo relacionado con la industria de las baterías en la zona Estados Unidos, Canadá y México. De hecho, cuatro de los diez mayores proyectos de plantas de baterías en Norteamérica llevan sello europeo, con unas inversiones cercanas a los 17.000 millones de euros.
Menos gastos de capital, menos empleo
Sin salir de nuestro continente, los proveedores europeos invirtieron más de 35.000 millones de euros en edificios, equipos de producción y otros activos de capital en 2023. Un volumen que crecerá hasta los 40.000 millones en 2029, pero que no esconde una reducción en las previsiones realizadas hace dos años. Así, entre 2022 y 2029 las inversiones de capital estarán 27.000 millones de euros por debajo de lo previsto, lo que supone una desviación a la baja de más de 3.000 millones de euros al año.
Esta pérdida de inversiones está teniendo un impacto directo en el empleo. En 2023, la industria de componentes de automoción perdió 14.429 puestos de trabajo y creó 10.500 empleos, y en 2024 la tendencia se mantiene a la baja. Sólo enero y febrero se han destruido 12.153 puestos de trabajo, principalmente debido reestructuraciones internas, mientras que solo se han creado cien. Si ampliamos la mirada al último lustro, vemos que desde 2019 se han perdido casi 118.000 puestos de trabajo y sólo se han generado unos 55.000 puestos nuevos.



