Había una época en la que las marcas europeas hacían las maletas rumbo a China para conquistar el creciente mercado asiático mediante la instalación de fábricas que, en algunos casos, también servían para abastecer a otros rincones del mundo gracias a los bajos costes -tanto de mano de obra como de materias primas-. La situación, sin embargo, parece haberse invertido.
Las compañías chinas han sido capaces de darle la vuelta a la tortilla debido, principalmente, a la pérdida de competitividad de la industria europea por motivos muy diversos, como las presiones normativas en materia medioambiental procedentes de Bruselas, los altos costes productivos derivados del encarecimiento de la energía o el tímido avance del mercado de vehículos eléctricos, como señalaba ayer mismo Clepa en su último informe sobre la situación del sector y el empleo.
En este contexto, las marcas europeas están viendo cómo sus cifras de negocio siguen cayendo, no sólo en Europa, sino también en la propia China, lo que a la postre está provocando reestructuraciones, caídas de producción e incluso el cierre de fábricas en Europa, arrastrando en su caída a los proveedores de componentes con mayor presencia en primer equipo. Ante esta debilidad, los fabricantes chinos de automóviles han comenzado a mirar con interés hacia Alemania como una puerta de entrada para consolidar su crecimiento en Europa. Es decir, ya no son las marcas alemanas las que van a China, sino las chinas las que ponen sus ojos en la primera economía europea…
Y es que, según fuentes cercanas al gobierno chino citadas por Reuters, algunos actores del país asiático han puesto el foco en fábricas alemanas que están a punto de cerrar, como algunas de las instalaciones de Volkswagen -la idea sería replicar lo que ha hecho Chery en España con la antigua fábrica de Nissan en Barcelona, donde ensamblará modelos de las marcas Omoda y Jaecco para el continente europeo-.
La compra de alguna de estas plantas permitiría a China ganar influencia en la industria europea y también evitar el pago de aranceles a los coches eléctricos importados desde el gigante asiático. Este movimiento, que algunos analistas califican de “estratégico”, podría incrementar la presión sobre los fabricantes europeos por parte de la competencia asiática, que poco a poco está ganando cuota de mercado en Europa -en España ya poseen casi un 5% de cuota, como analizamos recientemente-.
Volkswagen, en el punto de mira
Volkswagen, el mayor fabricante de automóviles de Europa, atraviesa una de las crisis más importantes de su historia. En 2024, sin ir más lejos, sus ventas globales se redujeron un 2,3%, con caídas significativas en mercados como China (-9,4%) y Europa (-0,4%). Además, las entregas de vehículos eléctricos también cayeron un 3%, alcanzando las 745.000 unidades.
La compañía está explorando alternativas para sus plantas en Dresden y Osnabrück como parte de sus esfuerzos por reducir costes. A finales de año, la compañía alcanzó un acuerdo con los sindicatos para finalizar la producción en Dresden en 2025 y en Osnabrück en 2027. Esta última planta, que emplea a 2.300 personas y fabrica el T-Roc Cabrio, podría ser vendida a un comprador chino: “Estamos comprometidos a encontrar un uso continuado para la planta. El objetivo debe ser una solución viable que tenga en cuenta los intereses de la compañía y los empleados”, ha afirmado un portavoz de Volkswagen citado por Reuters.
Aunque China ya ha invertido en sectores clave de la economía alemana, como las telecomunicaciones y la robótica, entrar en una industria tan estratégica como la de automoción supondría una decisión particularmente sensible desde el punto de vista político. Los partidos lo saben, y posiblemente por ello todos los candidatos están desplegando programas en favor del vehículo privado de cara a las elecciones de febrero.
Cualquier inversión china en Alemania enfrenta el obstáculo de los fuertes sindicatos alemanes, que tienen un papel crucial en las decisiones de las empresas. Stephan Soldanski, representante sindical de la fábrica de Osnabrück, se ha mostrado abierto a colaborar con las empresas chinas siempre que la producción se mantenga “bajo el logo y los estándares de Volkswagen. Esa es la condición clave”. Y es que el hecho de fabricar coches chinos en una antigua fábrica de Volkswagen sería en sí mismo un duro golpe para el orgullo industrial alemán…
Por su parte, un portavoz del Ministerio de Exteriores chino ha destacado que “China ha introducido una serie de medidas de apertura para crear nuevas oportunidades de negocio para empresas extranjeras… Se espera que la parte alemana también mantenga una mentalidad abierta y proporcione un entorno empresarial justo y no discriminatorio para las firmas chinas”.
Otras fábricas en el punto de mira
Varios fabricantes chinos están buscando ubicaciones en Europa para evitar los aranceles impuestos por la Comisión Europea a los vehículos eléctricos importados desde aquel país. Hasta ahora, la mayoría ha optado por construir plantas en países de menor coste y con sindicatos menos influyentes, como Hungría, Turquía o Polonia.
Sin embargo, algunas empresas han comenzado a evaluar plantas ya existentes en Europa occidental, incluidas las instalaciones de Ford en Saarlouis (Alemania) y de Audi en Bruselas (Bélgica), una forma de agilizar la producción en menor tiempo, con menores inversiones y aprovechando una mano de obra cualificada y ya formada bajo los estándares europeos.



