La industria europea (entiéndase los fabricantes de vehículos y de componentes asociados a ACEA y Clepa, respectivamente) llevan años alertando de la pérdida de competitividad de Europa en la era de la movilidad eléctrica, pero nuestros políticos han preferido mirar para otro lado. Hasta que los datos les están dando la razón (a los primeros, lógicamente): según el lobby europeo Transport & Environment (T&E), a finales de este año, el 25% de los coches eléctricos vendidos en Europa serán de fabricación china. Y van a más.
De momento, y según los datos de la federación, todavía es mayor la presencia en Europa de fabricantes no chinos que fabrican en ese país que de marcas 100% chinas, pero se espera que estas últimas sigan ganando cuota de manera importante en los dos próximos años y no sólo en el mercado de eléctricos (sólo hay que ver el crecimiento experimentado en los últimos ejercicios por marcas como MG o BYD). De hecho, España es uno de los países europeos donde la presencia de marcas chinas es mayor, con una cuota de mercado nada despreciable del 10,6%.
Las marcas chinas, en auge
En el caso de los eléctricos, la producción de vehículos en China crece de manera paralela al control que el gigante asiático ejerce sobre las tecnologías y los materiales necesarios para la fabricación de baterías y otros componentes clave para el desarrollo de estos modelos. Algo que la industria europea lleva años alertando. Transport & Environment estima que Europa importó desde China un total de 290.000 vehículos eléctricos en 2023, el 19,5% de todas las ventas del año. Un porcentaje que seguirá creciendo hasta alcanzar el 25% a finales de este mismo ejercicio. Y la cuota seguirá creciendo tanto en 2025 como en 2026 y 2027.
De momento, las importaciones de vehículos eléctricos procedentes de China están dominadas por marcas internacionales que fabrican allí (con Tesla, Dacia y BMW a la cabeza), pero las propias marcas chinas también están ganando cuota de mercado a pasos agigantados: T&E proyecta que las marcas chinas alcancen alredor del 11% del mercado europeo de vehículos eléctricos en 2024 y el 20% en 2027. Una estimación que el lobby califica de «conservadora», ya que sólo BYD apunta a controlar el 5% del mercado europeo de vehículos eléctricos en 2025.
La UE estudia la imposición de aranceles
Estas previsiones han abierto los ojos de las autoridades comunitarias, que estudian en estos momentos la imposición de aranceles a los vehículos procedentes de China para proteger a la industria europea. Para Julia Poliscanova, directora de Vehículos y Cadenas de Suministro de Movilidad Eléctrica de T&E, los aranceles pueden ser una buena medida a corto plazo, pero harán falta más acciones que no se limiten a reducir el atractivo de los productos chinos, sino que también mejoren la competitividad de los fabricantes europeos: «Los aranceles obligarán a los fabricantes de automóviles a localizar la producción de vehículos eléctricos en Europa, y eso es bueno porque queremos estos empleos y habilidades. Pero los aranceles no protegerán a los fabricantes de automóviles tradicionales por mucho tiempo. Las empresas chinas construirán fábricas en Europa y, cuando eso suceda, nuestra industria automovilística deberá estar preparada”.
Según el lobby, aumentar los aranceles sobre las importaciones de vehículos procedentes de China al 25% haría que los sedanes y los SUV de tamaño medio fabricados en China se igualen en precio a sus equivalentes europeos, lo que «justificaría la fabricación en la UE», señalan. Sin embargo, los SUV compactos y los grandes vehículos importados de China seguirán siendo más baratos a pesar de los aranceles.
Medidas de estímulo
Para T&E, este intento de proteger la industria local mediante aranceles debe complementarse con un «impulso regulatorio» que aumente la producción de vehículos en nuestro continente, sobre todo eléctricos, ya que de lo contrario se «limitaría la oferta de automóviles eléctricos asequibles para los europeos». Proteger, sí, pero también incentivar.
Dentro de estas medidas, el lobby considera clave aumentar los subsidios para atraer inversiones en fábricas de baterías, en línea con lo que está haciendo Estados Unidos, ya que de lo contrario Europa quedaría fuera: «Las celdas fabricadas en China son al menos un 20% más baratas que en Europa y los fabricantes chinos de baterías están a la vanguardia en tecnología y cadenas de suministro. Estados Unidos también está atrayendo inversiones en baterías a través de generosos subsidios».
Es decir, China es más competitiva en precio y en tecnología, mientras que Estados Unidos está atrayendo las inversiones extranjeras (como analizamos en este otro artículo) a base de subvenciones, por lo que nuestra industria (y nuestros políticos) deben mover ficha más pronto que tarde. Lo explica la propia Poliscanova: “Las baterías son la nueva energía solar. China está por delante y sus empresas respaldadas por el Estado tienen un enorme exceso de capacidad. Si nos tomamos en serio una cadena de suministro de baterías diversa y resiliente en Europa, debemos poner nuestro dinero en lo que decimos ahora mismo. No vamos a tener una segunda oportunidad”.


