En su tradicional almuerzo de Navidad con la prensa, la presidenta de Faconauto, Marta Blázquez, definía este 2025 como un año “crítico”. Señalaba a las millonarias sanciones que deberán pagar aquellas marcas -puedes leer la noticia pinchando aquí- que incumplan los límites de emisiones marcados por la UE, destacando que el modo de evitarlas pasa por matricular nada menos que 230.000 eléctricos puros durante el ejercicio… Con los datos de matriculaciones publicados, se entiende a la perfección el enorme reto que afronta la industria.
Porque en 2024 se vendieron 58.675 eléctricos puros, una cifra muy lejana a la establecida como objetivo por la presidenta de la patronal de concesionarios para este año.

Habría que prácticamente cuadruplicar estas matriculaciones, pasando del 5,8% actual a representar cerca del 25% del total de ventas de vehículos en España en 2025. Un hecho harto improbable que plantea como nunca antes un dilema que la industria debe analizar…
Porque lo decía muy a las claras Blázquez en su discurso en diciembre: “Si no se venden más eléctricos, la única forma de sortear las multas es dejar de vender coches de combustión. Nosotros calculamos que la caída puede ser de 175.000 vehículos en España”, detallaba, con toda la intención: “2025 nos genera mucha incertidumbre: puede ser un año extraordinario o un riesgo enorme para el mercado”.
Y en esa disyuntiva está el mercado, a falta de una respuesta por parte de las Administraciones que parece inevitable… Esperemos. Lo contrario significaría poner en jaque a una de las industrias más importantes de la economía no sólo española, sino también europea.
“Centrémonos en ir a esa transición justa y ordenada, pero mientras tanto quitemos las multas porque van a penalizar al sector, a la industria, y esas sanciones irán aguas abajo, llegando a los concesionarios y al cliente final”, finalizaba en aquella comida de Navidad Blázquez.
Seguiremos informando.




Las imposiciones gubernamentales, ese es el problema. Europa es la «salvadora verde» del mundo, cunado China, la India y Estados Unidos, lo mayores países contaminantes del mundo, no toman medidas de ningún tipo. De verdad, que los europeos somos los que pagamos el pato de una mala gestión de la transformación eléctrica. Sin infraestructuras suficientes e ineficientes, además de caras (sólo cargar el coche en casa es rentable), pero… ¿Y si viajamos? Ya es más caro que un gasolina o diésel (si funcionan los cargadores).