El descenso de la demanda de vehículos, el aumento de los costes de producción y el retraso de las inversiones en nuevas tecnologías están poniendo en riesgo miles de puestos de trabajo en el sector de los proveedores europeos de componentes para automoción. Así lo alerta la Asociación Europea de Proveedores de Automoción (Clepa), homóloga de Sernauto en el continente, que pide a la Unión Europea un cambio de rumbo para salvaguardar el empleo y la propia competitividad de la industria comunitaria.
Los motivos para la preocupación son evidentes: la rentabilidad sigue a la baja, las entradas de capital en Europa siguen cayendo y la industria de automoción tampoco despega (la producción de vehículos se mantiene a la baja en países clave como Alemania, Francia o Italia, mientras que España está en plano, con una ligera tendencia negativa). Y no parece que el futuro a corto plazo vaya a mejorar de manera significativa si tenemos en cuenta la contracción de la demanda de vehículos electrificados y la amenaza que suponen las sanciones a las emisiones de CO2 que la UE comenzará a imponer a los fabricantes de vehículos a partir de 2025.
57.000 empleos menos
Los números son muy explícitos: según un informe interno elaborado por Clepa, el sector de componentes ha perdido en torno a 86.000 puestos de trabajo en Europa desde 2020 (Alemania ha sido el país más afectado en este periodo, con un 60% del total de puestos de trabajo perdidos, con una previsión de casi 52.000 empleos menos entre 2020 y la actualidad.). A pesar de que las administraciones hablaban de la creación de 100.000 nuevos puestos de trabajo en el periodo 2020-2025 gracias a la electrificación, la realidad es que sólo se han generado 29.000 empleos en este periodo, de los cuales aproximadamente 19.000 están relacionados con las tecnologías de los vehículos eléctricos. En consecuencia, la pérdida neta de empleo ha alcanzado a las 57.000 personas en este periodo.
Y 2024 no detiene la sangría, sino que la acrecienta: en el primer semestre se han contabilizado 2.945 nuevos empleos… frente a la destrucción de 32.000. Una cifra peor que en plena pandemia, ya que en la segunda mitad de 2020, justo después de los confinamientos, se anunciaron 29.000 recortes de empleo: «La salud estructural de la industria está en peligro y exige atención inmediata», alerta la patronal, que teme que «el mayor impacto sobre el empleo probablemente esté aún por llegar».
«Europa corre el riesgo de perder su liderazgo»
«Los últimos datos son una clara llamada de atención. La industria del automóvil, piedra angular de la economía europea, se enfrenta a un punto de inflexión», señala Benjamin Krieger, secretario general de Clepa. «Para salvaguardar el empleo, acelerar la doble transición y recuperar nuestra competitividad global, necesitamos una recalibración normativa. Esto significa adoptar la apertura tecnológica en las normas de CO2, garantizar un acceso justo a los datos de los vehículos y, en general, impulsar la economía y la competitividad de la UE. Sin una actuación decisiva, Europa corre el riesgo de perder su liderazgo en el sector del automóvil».
Una recalibración normativa que debe reducir la «inmensa presión» a la que está sometida toda la cadena de valor para «cumplir ambiciosos objetivos ecológicos y digitales». Porque ni el mercado está aceptando estas tecnologías ni Europa cuenta con el liderazgo necesario en el segmento de las baterías, semiconductores, tierras raras y otros componentes necesarios para la fabricación de coches eléctricos. Y eso se nota en el flujo global del dinero: las inversiones extranjeras directas en la Unión Europea llevan desde 2022 siendo inferiores a los flujos de salida, sobre todo hacia regiones como China y Estados Unidos.
Por no hablar del volumen de ventas y la rentabilidad. De hecho, el primer semestre de 2024 terminó a la baja en lo que a volumen de negocio se refiere: las ventas cayeron de los 195.600 millones de euros del semetre anterior a 187.300 millones, un 4,6% menos. Además, Clepa recuerda que en una gran parte de la industria la rentabilidad sigue estando por debajo del umbral del 5% necesario para sostener la inversión: «No se trata simplemente de un problema financiero, sino de una amenaza estratégica que podría dejar a la industria europea atrás en la carrera global por la movilidad futura».
«La salud de la cadena de suministro del automóvil es crucial no solo para la industria automovilística, sino también para la competitividad industrial de Europa. Esta apremiante situación exige la atención urgente de los responsables políticos para salvaguardar el futuro de la automoción europea y evitar una mayor erosión de la competitividad de la industria», concluye la patronal.



