La presión de los componentes chinos sobre la cadena de suministro europea empieza a tener un efecto directo en el negocio de los proveedores alemanes y del resto del continente. Un impacto que, como no puede ser de otra forma, también alcanza al mercado de la posventa. Y es que la entrada masiva de piezas a bajo coste procedentes de China -potenciada a raíz de los aranceles impuestos en Estados Unidos a los productos de aquel país- está cambiando la estructura de precios y empujando a los fabricantes europeos a revisar sus estrategias y, en consecuencia, a erosionar sus márgenes.
Según recoge Bloomberg, compañías como Bosch, Mahle o PWO han alzado la voz ante la dificultad de hacer frente a la competencia asiática. Y es que, mientras se tensionan los costes productivos en nuestro continente -tanto por los costes laborales como por los de la energía o las regulaciones de seguridad y sostenibilidad-, los fabricantes chinos son capaces de ofrecer precios que pueden situarse entre un 20% y un 30% por debajo de los europeos. En algunos casos, según representantes laborales citados por el medio, incluso por debajo de los propios costes de producción locales. Esto está obligando a ajustar turnos, recortar fabricación y revisar contratos.
El detalle que aporta Andreas Bonnert, responsable del comité laboral de PWO -fabricante de columnas de dirección y otras piezas metálicas- ilustra bien el cambio de escenario. Explica que las piezas procedentes de China están llegando “a una velocidad increíble” y que la calidad, “bastante buena”, confirma que el salto tecnológico chino es ya una realidad.
El 70% de los proveedores europeos compiten con productos chinos
Bloomberg apunta que esta dinámica no es puntual. Un análisis reciente del Instituto Económico Alemán revela un aumento significativo de las importaciones chinas en distintas categorías, incluidas algunas vinculadas al vehículo de combustión, donde el volumen de entradas se ha llegado a triplicar -como en el caso de los productos para cajas de cambios-. Por lo tanto, China ya no es únicamente una amenaza en lo referente al coche eléctrico, sino también en el de combustión y en la posventa.
Lo decía esta misma semana Jorge Sala (MANN) en el encuentro organizado por la Comisión de Recambios de Sernauto: “Lo chino no es solo el vehículo, sino también el recambio alternativo que está llegando. Y no todo lo chino es malo porque también hay empresas invirtiendo y haciendo muy bien las cosas, pero está llegando producto con cero I+D, con cero desarrollo y cero innovación, y hemos dicho demasiado de refilón que uno de los aliados que nos va a ayudar en esta encrucijada es la innovación, y eso cuesta dinero a toda la cadena de valor. Hay una corresponsabilidad del sector porque los proveedores podremos invertir si tenemos capacidad económica para hacerlo”.
Y una encuesta de Clepa, la patronal europea de los fabricantes de componentes, confirma que casi el 70% de los fabricantes europeos ya compite directamente con producto chino, doce puntos más que en marzo -el acelerón en los últimos meses, aranceles mediante, es evidente-. Para la posventa, que depende de una cadena de suministro estable, este tipo de desplazamientos tiene consecuencias: cambios de proveedor, variaciones de calidad percibida, presión añadida sobre los precios finales y un margen cada vez más estrecho para la industria.
La rentabilidad, en riesgo
La advertencia de Clepa es explícita. Según su secretario general, Benjamin Krieger, una mayoría de fabricantes prevé caer por debajo del 5% de margen este año, el mínimo considerado necesario para sostener inversiones. Esto abre la puerta a decisiones complicadas: deslocalizaciones, especialización más profunda o incluso cierres -la propia patronal llamaba hace unos días a la acción a la UE para evitar 350.000 despidos de aquí a 2030-.
Los testimonios recogidos por Bloomberg también apuntan a una tendencia que afecta directamente al suministro de recambios. En Mahle -que recortará más de 500 empleos en sus fábricas españolas-, su comité de empresa reconoce que los competidores chinos están entrando en segmentos que históricamente dominaban los fabricantes alemanes. En Bosch -que recientemente anunciaba el recorte de 13.000 empleos en Alemania-, el representante laboral Frank Zell menciona que Europa quizá tenga que plantearse exigir producción local a los fabricantes extranjeros en ciertas categorías estratégicas, y confirma que Volkswagen, BMW o Mercedes ya están comprando piezas en China para primeros equipos.




A muchos les interesaba que China siguiera cerrada en un bucle para seguir engañando con falsas calidades de plástico bajo marcas potentes.
Ahora este mercado se abre sin tapujos para ofrecer la libertad de que cada uno escoja la calidad según el precio.
Y de esto se quejan estos monstruos del recambio, de no poder seguir cosechando triunfos a costa de otros: De adoptar la postura del victimismo cuando ya no le beneficia este nuevo escenario. Ahora a ver si la legislación es capaz de defender intereses económicos y ecología transición y empalago,… vaya patraña!
El mercado libre es así y es el momento de que el alumno supere al maestro.
¡Bienvenidos a un mundo global!
Seguiré wipeando que con tanta lluvia no veo el camino.