El año 2025 ha sido desigual para LKQ. Por un lado, los resultados globales muestran una cierta debilidad: los ingresos alcanzaron 13.700 millones de dólares, un 1,3% menos que en 2024, con una caída orgánica del negocio de piezas y servicios -y aquí viene lo más importante- del 2,7%. El beneficio neto se redujo hasta 596 millones de dólares -fue de 666 millones un año antes-, mientras que las ganancias por acción bajaron un 8,7% hasta 2,31 dólares.
Aun así, el grupo estadounidense mantiene puntos positivos que no se pueden obviar. Y es que el flujo de caja operativo se situó en 1.100 millones de dólares y el flujo de caja libre en 847 millones, cifras que permiten sostener dividendos, recompras de acciones y capacidad de inversión.
Europa, el punto débil
Eso sí, Europa sigue siendo el talón de Aquiles del grupo. La compañía reconoce “vientos en contra” y ha reforzado la productividad y simplificación operativa para ajustar costes, aunque no desglosa oficialmente los datos europeos. La complejidad de operar más de 900 ubicaciones con distintos sistemas ERP ha lastrado los márgenes y el rendimiento global -como ya hemos explicado en otras ocasiones-, y es precisamente este contexto el que ha activado presiones de inversores activistas.
Una de las más visibles ha sido Ananym Capital, que desde octubre ha instado públicamente a LKQ a vender su negocio europeo. El fondo argumenta que la integración de Europa distrae de su negocio norteamericano, “la joya de la corona”, y estima que la rentabilidad para el accionista de LKQ está muy por debajo de sus competidores: un 33% inferior en el último año, un 113% a cinco años y un 253% a diez años.
En respuesta, LKQ ha abierto una revisión estratégica exhaustiva, por primera vez contemplando la posibilidad de una venta total de la compañía, aunque sin plazos ni garantía de que se materialice. El consejo trabaja con BofA Securities y Wachtell, Lipton, Rosen & Katz para “identificar el mejor camino” para maximizar el valor para los accionistas. La compañía continúa además con procesos de venta previamente anunciados, como el de su división de piezas de carrocería y posibles desinversiones en el segmento Specialty.
Más allá de la presión activista y las cifras europeas, LKQ ha impulsado un plan de racionalización global que prevé la venta de unidades no estratégicas, la revisión de referencias, la mejora de la productividad, con una reducción de costes estimada en más de 50 millones de dólares anuales, más de la mitad prevista ya para 2026.
Un 2026 continuista
De cara a 2026, LKQ espera que el crecimiento orgánico de su negocio de piezas y servicios se mantenga prácticamente plano, entre un ligero descenso del 0,5% y un aumento del 1,5%. La compañía prevé que la mejora será gradual a lo largo del año, con una demanda todavía incierta, especialmente en Europa, donde los ajustes operativos seguirán marcando la pauta.
En términos financieros, LKQ estima que las ganancias por acción se situarán entre 2,35 y 2,65 dólares, mientras que el dato ajustado -que excluye elementos extraordinarios- podría alcanzar entre 2,90 y 3,20 dólares. El flujo de caja operativo se proyecta entre 900 y 1.100 millones de dólares y el flujo de caja libre entre 700 y 850 millones, manteniendo así la capacidad de la compañía para financiar inversiones, recompras y dividendos mientras continúa evaluando sus alternativas estratégicas.




Luces y sombras..veremos qué se impone