Tras 28 años en el área comercial de IADA, Mireia Muntané asumió hace un año la dirección comercial del fabricante de productos químicos. Un paso significativo en su trayectoria profesional, en el que tomó el relevo de su mentor, Javier Sargatal, quien se jubiló tras una larga carrera en la empresa. Un cambio que ha sido la culminación de un camino para el que, de alguna manera, llevaba preparándose toda la vida.
Una historia que valía la pena conocer. Mireia Muntané, la protagonista de nuestra última entrega de ‘Mujeres de posventa’.
«Nací en Barcelona en 1972. Tengo 52 años y no me lamento para nada de mi edad; mis arrugas son la prueba de la vida que he vivido». Así se presenta Mireia, quien llegó a IADA mientras estudiaba Relaciones Públicas. «Me llamaron para una entrevista para trabajar como recepcionista y secretaria de Emilio Brustenga, propietario de la empresa en esa época. Tenía otra oferta que me interesaba más, pero él insistió en que hiciera otra entrevista. Fue curioso, porque había algo especial entre nosotros, como si nos conociéramos de siempre. Al final, acepté». Así, en 1996, con tan solo 24 años, comenzó su historia en IADA.
“Fue un gesto que siempre he valorado muchísimo”
Durante sus primeros siete años, Mireia desempeñó múltiples funciones como secretaria y recepcionista, involucrándose en tareas de contabilidad y comerciales. Sin embargo, en 2003, con el traslado de la empresa a Vilobí, su trayectoria cambió drásticamente. «Javier (Sargatal) me enredó pasándome a su departamento (era el director comercial). Fue un primer año muy duro, en el que pasaba las noches estudiando el catálogo y pidiéndole a mi marido que me preguntara las referencias».
El cambio no solo implicaba aprender sobre productos y clientes, sino asumir una gran responsabilidad dentro de la empresa. «A veces le decía a Javier: ‘si yo estaba tan feliz trabajando con Emilio, ¿por qué me enredaste?’. Porque claro, ya no era solo aprenderse las referencias, sino gestionar todo lo que venía detrás…». Sin embargo, lo que podría haber sido un obstáculo, se convirtió en una muestra de confianza por parte de sus superiores. «Me quedé embarazada, y en vez de reducirme responsabilidades, como suele suceder, Javier y Emilio apostaron por mí y me dieron la responsabilidad del departamento. Fue un gesto que siempre he valorado muchísimo».
“Soy muy exigente conmigo misma y llevo todo al límite. Mi marido y Daniel (López, su jefe) siempre dicen que soy una ‘workaholic’ de manual, porque cuando me implico lo hago al cien por cien. Para mí IADA es más que una simple responsabilidad, es una pasión”.
“Soy una ‘workaholic’ de manual”
Ese voto de confianza lo respondió con dedicación absoluta. «Sabía perfectamente con quién estaba tratando y lo que me estaban ofreciendo. Antes del parto estuve trabajando hasta el último momento, después del nacimiento dejé a mi hija en la guardería con solo 14 semanas porque se nos venía el cierre de año, y la reunión de ventas a principio de año. Había tantas cosas que no me podía perder… ¡pero es que tampoco quería perdérmelas!».
Su entrega y compromiso han marcado toda su trayectoria en IADA. «¿Qué me motivó a aceptar un reto tan grande? Definitivamente mi pasión. Soy muy exigente conmigo misma y llevo todo al límite. Mi marido y Daniel (López, su jefe) siempre dicen que soy una ‘workaholic’ de manual, porque cuando me implico lo hago al cien por cien».
Sin embargo, su conexión con IADA va más allá de la responsabilidad laboral. «Para mí, IADA es más que un trabajo. Siempre he dicho y sigo diciendo que en el momento en que deje de disfrutar y de venir a trabajar con ilusión, alegría y ganas, lo dejo. Algunos dirán, y con razón, que no es tan divertido cuando ya llevas años en el mismo puesto, pero la realidad es que, después de 28 años aquí, sigo viniendo con esa ilusión gracias a la empresa, al equipo y a la gente que me rodea«.

«Lo que más valoro es la gente»
Si hay algo que define la trayectoria de Mireia Muntané en IADA es la importancia que otorga a las personas. Para ella, el éxito de la empresa está directamente vinculado a su equipo humano: “Lo que más valoro es la gente. Tenemos una red comercial increíble y no los cambiaría por nada del mundo. Son diecinueve representantes comerciales que son el alma de la empresa, y si estoy donde estoy es porque sé que puedo contar con ellos. Son mis alas, mis motores, son quienes pisan la calle, nuestros ojos. Acepté el puesto porque sabía que ellos estarían ahí”.
Su relación con la red comercial va más allá del ámbito laboral. El vínculo construido a lo largo de los años ha generado una confianza mutua que traspasa los límites profesionales: “Muchos de ellos me conocen tan bien que cuando hablamos por teléfono saben de inmediato si estoy bien o si tengo algún problema. Nos conocemos a fondo”.
“Tenemos una red comercial increíble y no los cambiaría por nada del mundo. Son diecinueve representantes comerciales que son el alma de la empresa, y si estoy donde estoy es porque sé que puedo contar con ellos”.
‘No me he equivocado contigo’
Ese respaldo inquebrantable fue clave en uno de los momentos más difíciles de su carrera: la salida de Javier Sargatal, su jefe, mentor y amigo. Durante años, Mireia había compartido con él una visión común de la empresa, por lo que asumir su reemplazo fue una decisión compleja: “Sabíamos que ese día llegaría, pero yo no quería verlo. Siempre le decía a Javier: ‘cuando tú te jubiles yo me jubilo contigo’. Tenía clarísimo lo duro que iba a ser para mí ese día, pero no alcanzé a imaginar cuánto. Cuando Daniel (López, director general) me ofreció reemplazarlo, no voy a mentir, fue una decisión muy complicada”.
El reto fue inmenso. Aunque conocía IADA a la perfección, nunca había tenido un rol tan expuesto en la relación con clientes, negociaciones o proveedores. Fue entonces cuando su equipo le recordó su capacidad: “Fue la red comercial y mis compañeras de toda la vida quienes me tranquilizaron: ‘¡pero si llevas haciendo esto toda tu vida!’. Intentaban darme la seguridad que necesitaba. También el jefe: ‘No me he equivocado contigo’ es lo que me dice Daniel (López, director general)”.
«Javier era Javier y yo soy yo»
Mireia necesitó un mes para sentirse cómoda en su nuevo despacho. La transición fue un proceso simbólico de cierre y apertura: “Javier se fue un 31 de octubre, y yo estuve un mes en mi antiguo escritorio sin atreverme a entrar en su despacho. Cuando tenía que hablar con algún cliente o hacer un cierre importante entraba, pero me sentaba en la silla que solía ocupar yo, no en la suya. Al final mis compañeras de equipo me ayudaron a dar el paso, hicimos una limpieza general, cambiamos la distribución, acomodamos mis cosas y empezamos desde cero”.
Pero empezar desde cero no significaba olvidar lo aprendido. Muntané tenía claro que, aunque seguiría la filosofía de Sargatal, debía imprimir su sello personal: “Javier era Javier y yo soy yo. Parte del secreto es que cada uno de los dos ha puesto su granito para construir todo lo que tenemos, y, al final, yo tenía que dejar mi huella, con mi carácter y mi forma de hacer las cosas”.
“Aunque yo seguía su filosofía y todo lo que me había enseñado, al final tenía que hacer las cosas a mi manera. Javier era Javier y yo soy yo”.
El liderazgo de Mireia Muntané se caracteriza por su fuerte compromiso emocional y su transparencia: “Soy una persona muy exigente conmigo misma… y explosiva, pero también muy alegre, cariñosa y, sobre todo, emotiva. Todo me llega al corazón. Me preocupo mucho por esa parte más personal de quienes me rodean, y creo que eso se nota: la gente lo agradece y me ha ayudado a establecer buenas relaciones. Eso sí, soy muy transparente y directa, tanto profesional como personalmente. No tengo filtros y siempre digo lo que pienso, para bien o para mal”.
Su relación con sus superiores también ha estado marcada por esta sinceridad: “Ni siquiera con Emilio Brustenga podía callarme, al contrario, si tenía una crítica la hacía sin dudar. Con Javier ha sido igual, siempre hemos hablado claro, casi como en familia, y esa cercanía que he tenido con ellos y con todo el equipo ha sido lo que me ha permitido ir creciendo”.

«Estoy muy ilusionada con el reto»
Tras su primer año como directora comercial de IADA, Mireia se muestra reflexiva y consciente del desafío que supone estar a la altura del legado de su mentor. No obstante, afronta el futuro con entusiasmo y determinación: “Este primer año lo estoy tomando como un tiempo de observación. Dejo hacer y escucho muy atentamente para entender todo el sector en general. Ha sido un período muy duro y lleno de cambios, no sólo a nivel de empresa sino también personales. Ha habido momentos caóticos, pero los hemos resuelto, días en los que sientes que no puedes más, pero con el apoyo de todos, y mi pasión por lo que hago, salimos adelante. Y momentos de satisfacción, cómo no, especialmente cuando las cosas salen bien, demostrandote que puedes con todo”.
Para ella, no hay mayor recompensa que saber que está en el lugar adecuado: “Estoy muy ilusionada con el reto, aunque la sensación de vértigo viene y va. Entre mis clientes, que son fantásticos, y los representantes es donde estoy más cómoda. No puedo pedir más, estoy donde nunca hubiera imaginado cuando entré siendo secretaria de Emilio Brustenga. Con la poca experiencia que tenía, nunca hubiera dicho que llegaría a donde estoy ahora. Y estoy donde quiero estar. No tengo más retos que conquistar”.



